La máquina del tiempo… Pan con chocolate negro.


10 años cumplía en este verano de 1972.

   En esta vida, lo que por separado quizás no tenga un valor más allá de lo común, cobra un especial significado cuando, sin saber muy bien como ocurre, disparan resortes ocultos en lo más profundo de la memoria.

 

     Estábamos Pury y yo de compras en el “Mercacoña” (me divierte llamarlo así…) y una tableta de chocolate negro fue una de las cosas que llenaron nuestra cesta, justo a lado de una bolsa con una variedad de pan rústico que hace poco tiempo descubrimos y que, después de probarlo,  ya es el pan nuestro de cada día”.

 
  
    Por la tarde, en esa hora en la que el estómago me recuerda la teoría de los agujeros negros, me fui de expedición a la cocina y cuatro onzas de chocolate negro con un buen trozo de pan rústico fue mi botín.
 
   Dos o tres segundos fueron más que suficientes. Chocolate y pan se mezclaron en mi boca y la más extraordinaria máquina del tiempo que conozca el ser humano, se puso  en marcha aquel día.
La casa de mis abuelos… la casa de los Ardao.

   En segundos retrocedí con mis recuerdos cuarenta años atrás. Desde Tenerife me “teletransporté” como si fuera el Capitán Kirk a mi Pontevedra natal, al segundo piso de nuestra  casa familiar, una preciosidad construida en piedra gallega, donde mi madre, como todas las tardes, me daba la merienda… pan gallego con chocolate negro.
   Los recuerdos se mantienen vivos dentro de nosotros esperando su momento para emerger a la superficie, como el Octubre Rojo, saliendo a flote desde las aguas heladas del mar del norte. Después de días eternos de navegación, las escotillas se abren para dejar entrar aire puro en sus pulmones de acero.
   Somos fieles a la alianza con el pasado, quizás sea esa la reflexión de hoy… que llega desde el mi ayer más profundo. 

Octubre Negro

Octubre rojo y negro
Frío, vacío impar
sin nuestro reflejo
en su mueca de acero.
(JMPA Pink Panzer)
Placer del chocolate
Un cuadrado oscuro de chocolate
tiene para los dientes
el mismo efecto sensual
que el lodo en los pies traviesos de la niñez.

En la lengua, la densa materia oscura
suelta salivas en rojos cauces.
El chocolate se disuelve en dulce espeso fango
cuando lentamente se acarician los bordes
hasta que la tableta en la cavidad cálida
suelta aromas, recuerdos y flores
en las distendidas papilas.


Ríos de chocolate
atraviesan encías y resquicios dentales
y el placer – que uno sabe fugaz –
da sus vueltas atrapado en la boca.
Devoro chocolate ahora que no te tengo
para, lí­citamente y sin culpas,
abandonarme al erotismo.

Comiendo chocolate pienso en tu piel a mordiscos
pienso en tus piernas
tus pies
pienso en los manjares suculentos
de la vida.

El consumo del chocolate aumenta la libido, aleja la depresión y ayuda al corazón
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3 pensamientos en “La máquina del tiempo… Pan con chocolate negro.

  1. Esa máquina del tiempo no es otra cosa que la capacidad de nuestra memoria, tan extraordinaria e insondable, de transportarnos a través de los olores, tal como le sucedía a Proust, a eses momentos maravillosos de nuestra infancia.
    Por cierto, chocolate negro con pan de bolo era mi merienda favorita, manjar de dioses.
    Un abrazo.

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