La leyenda del Santo Prepucio… La verdad muerta.


   Eres libre de creer en un dios bueno y generoso que solo piensa en repartir amor y bienestar a sus polluelos terrestres… En serio, eres libre de creer, pero espero que comprendas que “tu verdad”, esa en la que hoy crees con fe ciega (nada aconsejable) posiblemente será motivo de saludables carcajadas en un futuro no muy lejano. Es cuestión de tiempo tu verdad morirá contigo y no podrás decírselo a nadie.

   Creer en un dios no salva a nadie… Lo que hoy es dogma incuestionable, mañana será otro absurdo tomo en la atiborrada enciclopedia de las estupideces humanas. Hoy os traigo un ejemplo, por si aún quedan entre vosotros, dudas existenciales sin satisfacer.
 

   El caso es que, si todo sucedió como cuenta la fábula, un tal Jesús, hijo de José (padre adoptivo) y de María, fué circuncidado como cualquier judío de la época. Dicha operación fue ejecutada ni mas ni menos que por don Juan Bautista, y es precisamente en este trocito de pellejo sobrante, donde reside el protagonismo de está curiosa historia, pues cuenta la leyenda que el dueño del prepucio resucitó… sin dejarse “nada” atrás.
 
   A finales del siglo XVII, el erudito y teólogo católico León Alacio, escribía su obra De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba (“discusión acerca del Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo”). En dicha obra, Alacio especulaba con la idea de que el Santo Prepucio pudo haber ascendido al “cielo” (parque temático cristiano) al mismo tiempo que Jesús (es cierto, no me estoy inventando nada) y se habría convertido en los anillos de Saturno…

  Dado que los cristianos ( y religiosos en general) eran, son y serán unos fanáticos de las reliquias, en cierto momento de la historia reciente de esta “civilización”, se podían contar unos CUARENTA “santos prepucios” localizados por todo el mundo y por supuesto, asegurando quienes los custodiaban, que el suyo era el auténtico… 
  Por si les parece poco, tambn circuló el “Santo Ombligo de Cristo” aparte de las más normalitas astillas de las cruces (la de cristo, la del ladrón bueno…), los clavos utilizados en la crucifixión… y una lista interminable de trozos, raciones y tapas variadas de santas y santos, repartidos por todo el orbe.
 
   Alguien dijo, “Las cosas cambian…” y ya nada fue igual. Acéptalo, tu religión es una mentira pasajera y con la misma fecha de caducidad que tu vida… no insistas ni pierdas el tiempo, nadie escucha tus oraciones.

(JMPA Pink Panzer)

 

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