El Arte de la Caricia…muslos extraordinarios.


Es parte de la cura

el deseo de ser curado.

(Séneca)

   Llegamos a la casa casi al punto de la cena. Entre los cuatro preparamos rápidamente algoPequeño duende pulgar ligero para cenar, sin tiempo siquiera de cambiarnos de ropa, vestidos aún con nuestros bañadores y camisetas viejas, raídas por el sol y el salitre de la playa.   

   La noche se mostraba espléndida. Allí estaba recién estrenando su luna nueva, con un profundo e inquietante color negro de fondo que nos dejaba contemplar todas las estrellas posibles y sus reflejos en el mar, el mismo mar en el que esa misma tarde nos bañábamos todos juntos.

   Al finalizar la cena, estiramos las colchonetas en la amplia terraza del apartamento y nos tumbamos unos minutos para gozar de aquella noche, descifrando constelaciones, contando historias… recargando nuestros cuerpos de aquella nocturna energía.

   Ellas se colocaron en el centro con los pies hacia la cristalera, abierta de par en par para refrescar el salón y nosotros dos quedamos en los extremos, apuntando con nuestra mirada hacia el atlántico, extrañamente en calma aquel día.

   Sobra decir que el orden sobre aquellas mudas colchonetas fue el naturalmente previsto, unos y otras al lado de su pareja, aunque no fue así toda la noche. Mientras disertábamos sobre cangrejos, osas y nebulosas, mi mano recorría segura de si misma el tobillo, la rodilla… los muslos de seda de mi inseparable compañera.

 Pink Panzer manus bn  Con los ojos cerrados, iba identificando todos los accidentes orográficos de su torneada extremidad, sus comienzos, sus finales, sus muslos extraordinarios, hasta rozar con la punta de mis dedos el margen casi prohibido que su bañador me marcaba.

   Inmerso en estas lides, no era yo solo el único contrincante. Mi pierna derecha era el campo de guerra donde sus dedos libraban batallas de enervantes efectos, desatando risas cómplices en nuestra pareja de amigos que, al otro lado de las ya bulliciosas colchonetas se encontraban interpretando similares partituras.

   El intermedio en nuestra particular “sesión de noche” llegó de la mano de las chicas, levantándose para quitarse por fin el salitre del mar con una buena ducha de agua templada sobre sus preciosos cuerpos de serena madurez. Se fueron las dos juntas, como siempre, entre risas y secretos al oído, perdiéndose en el fondo del salón, sin ni siquiera encender la luz.

   Nosotros nos quedamos solos, esperando nuestro turno en silencio. Yo con los ojos cerrados disfrutando de la noche y él encendiendo un cigarrillo con su inconfundible mechero, dejando que el humo del tabaco invadiera aquel espacio que nos separaba.

   Sus risas nuevamente las delataron anunciando su llegada. Un intenso aroma a jabón de La Toja y a cabello mojado invadió por unos momentos casi mágicos la terraza. Ni siquiera me molesté en abrir los ojos cuando noté como ella regresaba a mi lado con sus pies desnudos hundiéndose en la colchoneta, como si fuera la misma arena húmeda de nuestra playa cercana.

   En el arte de la caricia, confieso que no me importa seguir siendo un alumno. Pocasyour touch dos manos enseñanzas tienen un periodo de “prácticas” tan gratificante como este y cada clase, cada sesión, es un regalo y ella, con aquel aroma que me hipnotizaba y su pierna rozando mi costado, nuevamente me llamaba a practicar, como un canto de sirena.

   Una descarga de eléctrica adrenalina recorrió mi mano y mi brazo en busca de respuestas dentro de mi cerebro. Como tantas veces, busqué su piel con el dorso de mi mano, pero, que diablos, ¡¡aquella no era la suya…!! Estaba seguro pero dudé por unos instantes y retiré mi mano. La extraña situación azuzaba mi mente que necesitaba de aquellas respuestas pero al mismo tiempo, la emoción por la aventura del momento me impedía abrir los ojos y salir directamente de dudas.

   Mi brazo deshizo el camino y regreso junto a aquella pantorrilla invasora que no rehuía mis caricias. Muy al contrario, otro pequeño grupo de dedos exploradores desconocidos para mi, avanzaban sigilosos por mi pierna, se detenían y bajaban de nuevo hasta mi pie, en perfecta ejecución de la primera lección de El Arte de la Caricia, Hacer lo breve ligeramente interminable.”… Esta lección la recordaba muy bien, pero eran otras manos, otra piel y estaba al otro lado de la colchoneta, ¿estaría ocurriendo lo mismo? Para resolver mi pregunta tanteaba el ambiente con la máxima atención posible, pero sin abrir mis ojos, que seguían cerrados como si tuvieran plomo en los párpados. Si los abría podría despertarme rompiendo la magia y si aquello era un sueño, estaba dispuesto a soñarlo hasta el final.

   La respuesta a mi pregunta llegaba con el silencio delatador que reinaba al otro lado. Ya no sentía el olor a tabaco y leves pero perceptibles suspiros y murmullos invadían el cercano espacio sonoro, justo en la frontera que ellas dos nos marcaban con sus cuerpos.

   De pronto, fui plenamente consciente de que los cuatro estábamos intercambiando nuestras primeras lecciones en El Arte de la Caricia y todo estaba bien. Nos sentíamos libres y unidos al mismo tiempo por nuestros propios lazos de amor y amistad, y todo ello entre un mar de caricias, tan ciegas como nuevas. Algo parecido nos dijo el maestro mientras nos entregaba el manual en su tienda, algo que caló muy hondo en nuestro subconsciente, eso estaba claro.

 Dos manos Blanco y negro  Mi mano siguió subiendo por aquella piel que ya no era tan desconocida, al mismo tiempo que la suya escalaba mis rincones más privados. Mis dedos se tensaron estirándose al máximo, examinando el pliegue de su ingle y un poco más allá, escalando el monte donde encontré su piel aún más suave, epidermis nunca por mi tocada y levemente oculta por el suave y sedoso encaje que ahora sustituía al bañador.

   Una inspiración profunda y agitada de inconfundible timbre varonil, delataba a mi amigo. Su agitación reflejaba los avances de otro ejército y otros dedos, aquellos hábiles y tan femeninos exploradores que yo de sobra conocía.

   Absorto por la complejidad del momento, mis abdominales me traen de regreso a la realidad y  me sorprenden tensándose fuertemente al sentir como las murallas que defienden mi polvorín ceden ante el ataque de la mano que escalaba por la cara interna de mi muslo. Ahora, el que inspira profundo y profundamente delatador, soy yo. Con el pulso acelerado, se curva mi espalda y tiembla sin control mi vientre, pulsando la sangre hasta casi estallar en su mano que me aprieta y es aquí cuando me digo que aquello no podía seguir así y… decido contraatacar. Mentalmente deslizo las páginas del manual de las caricias y busco desesperado como desarmarla y recuerdo: Lección 4 de El Arte de la Caricia, “El contacto debes evitar levitando con la yema de tus dedos”.

   Ya estoy en sus dominios y mientras mi cuerpo se retuerce bajo el influjo de sus caricias, Scooter motorista rosa intento mantener el control sobre mis temblorosos dedos. Flotando con ellos a medio milímetro de su piel, puedo sentir el calor que emana de cada uno de sus poros para lentamente llegar a su fuente que, sorprendida por mi audaz avance entre sus delicados pétalos, humedece las yemas de mis dedos con su inminente rendición.

   ¡Que locura de momento!. Allí estaba yo con la mente agitada por un encrespado mar de sensaciones propias, otras casi ajenas y un explosivo cóctel de ambas del cual, sabía ya a ciencia cierta, que los cuatro amigos bebíamos como posesos. Por otro lado, aquella misma mente atribulada seguía intentando averiguar, con la sola ayuda de mi trastornado sentido del oído, el significado de cada suspiro y cada roce que febrilmente se iban desatando entre mi adorable niña y mi buen amigo de cuyo nombre, hoy no debo de acordarme, como en cualquier relato inventado, fruto de la imaginación y la locura transitoria de un escritor enfermo de realidad torturada.

 

Piernas enlazadas

  Percibo claramente que nuestra amiga, con la que sostengo una encarnizada lucha y de la que tampoco recuerdo su nombre, se ha saltado descaradamente el orden de los capítulos del libro y se ha ido directamente al cinco. Así, ella se divierte poniéndome en apuros con un maquiavélico “Cuidarás la tierra antes de subir al árbol” que, si no lo neutralizo, conseguirá partirme la columna vertebral por la mitad… o un poco más abajo.

  

¿Y los chicos no se iban a duchar? Os estaréis preguntando los más atentos a la lectura.

   A punto de hacer saltar la banca, con cuatro volcanes en erupción y un libro lleno de caricias ardiendo en nuestras manos, alguien que no era yo dijo “chicos, os toca ducharos. Nosotras ya recogemos y os esperamos dentro…”

Extracto de “El Arte de la Caricia” by Pink Panzer Yorch.

“Ningún hombre es feliz sin fantasear, las fantasías son tan necesarias

para la felicidad como los hechos reales”

(Christian Nester Bové) Caricia ternura sufrimiento

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21 pensamientos en “El Arte de la Caricia…muslos extraordinarios.

  1. A ver por dónde empiezo. Después de la ducha de agua helada para mitigar los efectos de la lectura, intentaré comentar. En realidad después de la ducha yo tenía mas ganas de estar en una colchoneta en la terraza de un apartamento leyendo el manual del arte de hacer caricias que de escribir, pero eso es para otro capítulo.
    Sólo la frase de Séneca del principio ya dice mucho de lo que nos espera. . . y es parte del deseo, ser deseado añado yo si me permites.
    La imagen mental de mirar las estrellas sobre una colchoneta compartida con otras personas mientras se acarician muslos, contada tan extraordinariamente, despierta el deseo de que la noche no terminase nunca.
    La complicidad de ellas para hacer el “cambio” se me antoja una travesura excitante y deliciosa.
    Los pies desnudos, el olor a jabón, los olores tienen tal vital importancia….
    Los ojos cerrados, la piel extraña , el subidón de adrenalina, de qué me sonará a mi esta palabra… esto no se me había ocurrido a mi para subir adrenalina!
    Y hacer lo breve levemente interminable… madre mía, si es que yo no desearía que terminase nunca…
    Libres pero unidos en un mar de caricias tan ciegas como nuevas….es que no se con qué frase me quedo…
    Y absorta me quedé yo, esperando no, deseando el contraataque que a estás alturas ya esperaba que fuera con toda la artillería , pero como dice el manual que el contacto debe ser con la yema de los dedos, tu te paras y a mi ya me puede el deseo y casi me salto dos párrafos completos. No tengo nada de paciencia lo siento. Y claro temblorosos eran mis dedos que no podía ni escribir.
    Menos mal que me entra la risa con lo de “Cuidarás la tierra antes de subir al árbol” y me recompongo un poco porque tras humeder las yemas de tus dedos en inminente rendición yo estaba ya en el séptimo cielo.
    Y como no podía ser de otro modo, me quedo a medias y ya van dos…
    Esto no se hace!!
    Escribes que es una locura para los sentidos, para todos mis sentidos.
    Te toca la ducha
    Besos bajo las estrellas

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    • Anita, con este comentario me has dejado sin palabras y reflexionando un largo rato.
      La cita de Séneca con la que comienza mi relato condensa en sus pocas letras el alma de la historia. El modo en como lo comentas, ya dice mucho de ti.
      Estoy en deuda contigo. Esta historia dormitaba desde hace años en la dura memoria de mi portátil. Algo cambió y fue gracias al intercambio de comentarios contigo. De esta forma llegué a tu “Casa en la playa”, ese erótico paisaje hecho blog que me hizo perder completamente los recelos a publicar algo parecido y bueno, ya has leído el resultado.
      Tu análisis sigue siendo excepcional. Los aromas son la llave maestra que abre de par en par la imaginación… y la adrenalina, coincidiendo una vez más…
      Caricias tan ciegas como nuevas. Sin esta idea, no hay historia, así de simple y ya no me sorprende que te hayas dado cuenta y lo destaques en tu comentario.
      Gracias nuevamente. Te deseo una noche tan larga como aquella, llena de estrellas y caricias, con la complicidad y pasión suficientes para enloquecer nuevamente tus sentidos…
      Sophie tendrá su final, pero, las caricias ciegas creo que seguirán sin ver la luz, aunque su luz, con unas velas en el suelo, ya la intuyes, ¿verdad?.
      Nuestros blogs ya son parte de la cura… “Do ut des”, no hay otra manera de hacerlo.
      Me voy a la ducha. 🙂

      Le gusta a 2 personas

      • Es imposible dejarte sin palabras como demuestra una vez mas tu respuesta.
        El modo de comentarlo es muy yo, si, no sé hacerlo de otra manera. Pongo siempre el alma en todo lo que hago. No hay deudas pendientes, bueno si, el relato de Sophie,ese me lo has prometido. Hay historias que permanecen dormidas solo para que alguien las despierte y me viene a la mente ahora:
        Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veiase el arpa….seguro que sabes como termina.
        Y llegaste a mi casa de la playa y encontraste la tuya….el resultado es…simplemente delicioso.
        Y si, el resultado y las velas los intuyo, o mejor dicho el final ya lo he imaginado justo despues de leerte. Ha sido precioso. Otro dia te lo cuento aunque tu ya lo sepas.
        No hay otra manera de hacerlo… y ahora recuerdo la cita final
        Esa que dice algo de soñar…..que es parte del hombre….
        No dejemos de hacerlo. Soñar y escribir…
        GRACIAS

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  2. Bien, excitante, un relato conducido con inteligencia y creando la atmósfera adecuada; sólo que yo, un poco más guarro, no me preocupaba de la ducha, pero me inquité “por no recordar el nombre” de la generosa belleza del éxtasis… eso no puede olvidarse, ¡ay! Enhorabuena.
    Salud.

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    • Julio, muchas gracias por tu generoso comentario. He leído mucho de lo que escribes y tu visita me llena de literaria satisfacción.
      No te preocupes por mi pérdida de memoria… 🙂 Sabes que, en ocasiones, hay que mantener en el anonimato a esas fuentes de inspiración de las que, los que contamos historias, bebemos sorbos de realidad.
      Un fuerte abrazo.

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    • Tus palabras solo pueden brillar allí donde las dejes… Estoy de acuerdo en que Anita siempre libera un verdadero torbellino de comentarios y respuestas pero espero igualmente la llegada de tus palabras, como esperaría por un amigo de camino hacia mi casa. Esta vez, elijo tu mitad más amable y prefiero “amar la idea”… tus ideas, tus pensamientos. Mil abrazos sin armas.

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      • Gracias, Pink; es difícil competir con los sentimientos y manera de expresarlos de la dulce Anita.
        En cuanto a las armas… dice Gabriel Celaya que “la poesía es un arma cargada de futuro”, la palabra, la comprensión, el respeto, la solidaridad son armas para la paz, que debieran ser las únicas utilizadas, así que mi abrazo, a mala idea, cargado con esas armas.

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  3. Pingback: El Arte de las caricias… Ternura extraordinaria. | . . . PINK PANZER KORPS. . .

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