Días rotos… Peón blanco de Pink.


“Cuenta la leyenda que en el Reino de Korps, siete tablones de su embarcadero mutan en velero de mástil guerrero y cada cuarta noche del dios Marte, parten navegando en busca del azul horizonte de hielo… y vencidos por la distancia y el frío intenso, regresan al alba bajo mis pies, descalzos de culpas y miedo inmortal…”

(JMPA Pink Panzer Korps in Love)

Pinker Nube Tag

– Velero de Pink –

Días rotos, de luces superpuestas
y en el puerto, húmedos tablones
parten persiguiendo horizontes
en noches de mar sin respuestas.

No, no sin ti viviré en esta vida.
Mi alma no quiere otra salida
no envejece, nunca tiene prisa
atada al velero de tu sonrisa.

(JMPA Pink Panzer in Love)

Pink Panzer Korps distturbed

Me resulta curioso que no recuerde con claridad la primera partida de ajedrez que conseguí ganarle a mi padre. Sé que ese gran momento de mi aprendizaje llegó con olas de fuerza siete a mi pecho pero, trascurridos ya muchos años, se ha diluido entre un buen montón de páginas de mis recuerdos. Sin embargo, otra tarde de ajedrez permanece nítida, indeleble en mi memoria reteniendo incluso palabra por palabra aquella gran lección recibida para el resto de mi vida.

  • photo_2017-09-25_01-33-17 Mi mano golpeó la mano derecha de mi padre, allí donde se escondía el peón blanco con el que empezaría aquella imborrable partida. En algún momento de mis lúdicas tardes frente al tablero con mi padre, él dejó sutilmente de darme indicaciones y ocasionales correcciones. Ya me había dado las herramientas necesarias y consideró que mi evolución ya debía residir en mi voluntad de mejorar, practicando, leyendo libros sobre estrategia de grandes maestros, cuadernos de jugadas… Había una clara diferencia entre jugar para aprender y lo que más tarde fueron aquellas intensas partidas “en serio” en las que nunca me cansé de perder y perder… y perder.

Aquella tarde, los movimientos danzaban en mi cabeza cinco o seis pasos por delante del presente que movían mis manos y todo apuntaba a que, una vez más, acabaría ganando a mi padre pero, en un inesperado y abrupto movimiento ofensivo de su caballo entrando por la derecha de mi defensa, me fuerza a un intercambio de piezas que, a mi juicio, aceleraba aún más los tiempos de su derrota. Lleno de juvenil audacia y cierta dosis de inconsciente soberbia, tomé el caballo de mi padre con la intención de deshacer el movimiento y darle una segunda oportunidad para que recapacitara sobre su estrategia pero, de inmediato, su mano freno la mía con un claro y decidido “Non è questo il momento, Giorgio”.

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Giorgio, con aquella particular entonación tan italiana, era la forma cariñosa de dirigirse a mí cuando una explicación merecía de toda mi atención y reforzando su intención, solía adornarla con frases en italiano, idioma que bien conocía por sus muchos viajes al país del Bel Canto.

No, no era el momento. Era una partida de las nuestras, una partida en serio, y yo olvidé en aquel momento y por completo la seriedad de nuestras reglas no escritas. Perder ya formaba parte del juego. “No es el momento de enseñarme, Giorgio… déjame perder sin compasión, déjame equivocarme… si lo evitas, nunca sabrás como hubiera acabado, incluso podrías ser tú quien pierda… nunca enseñes tus cartas, nunca des a conocer todo lo que sabes, no des pistas innecesarias de tu fuerza… que el adversario siempre te aprecie más débil de lo que en realidad eres y ya tienes parte de la victoria en tus manos…”.

Lo que a mitad de partida me parecía una victoria aplastante para mi ejército blanco, se quedó en un brutal intercambio de piezas para acabar en una absoluta victoria moral y técnica de mi padre, arrancándome unas dolorosas y aleccionadoras tablas que estaban muy lejos de parecer el empate que su nombre entraña en el ajedrez.

La lección de aquel día, aún sigue vigente en cada paso, cada palabra que pronuncio o guerra en la que me veo envuelto. Personas, recuerdos, almas inmortales grabadas a fuego en los mejores rincones de mi mente.

“A todos aquellos a los que acogemos al calor de nuestros recuerdos, los convertimos en seres inmortales.”

(JMPA Pink Panzer Yorch… Giorgio in Love)

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9 pensamientos en “Días rotos… Peón blanco de Pink.

  1. Hay muchos días rotos que vamos recomponiendo con los recuerdos de las personas que queremos y no están con nosotros, unas porque se han ido definitivamente, otras porque se alejaron voluntariamente de nosotros.
    Y aprendemos a vivir sin ellos, sin los unos y sin los otros, aunque el dolor nos atenace por dentro y los días rotos cada vez lo estén más…
    bonito recuerdo de las partidas de ajedrez con tu padre, esos recuerdos son inmortales, como la canción, bonita canción.
    Un beso, Pink.

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  2. Recibo esos abrazos y esas rosas blancas, gracias Pink.
    En cierto modo estas palabras, casi siempre mucho más sinceras que las que decimos en el contacto del día a día, nos acercan mucho más que la presencia física.
    Abrazos también para ti.

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  3. Hoy quiero fijarme en una cosa
    En el Reino de Korps a veces se escribe color rosa y otras veces negro, a veces un texto a un color y otro texto muy similar pero distinto en oscuro. En el Reino de Korps hay varios en uno? No se sabe.
    La partida de ajedrez forma parte de una de mis novelas favoritas, La tabla de Flandes me ayudó a entender un poco mejor cómo funciona este complicado juego.
    Y luego está ese poema en el que habla de la presencia y que menciona algo así como que cuando te besan en la oscuridad no ves nada…..
    Seguimos dejando claves y llaves?

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    • La respuesta es que sí, en el Reino de Korps hay mas de uno que escribe… Dos son evidentes pero hay más. Tienes razón en decir que juego con los colores, y el negro, como ausencia de color, es la metáfora que uso para aquello que más oculto, como el dolor, la pena o la añoranza por quien ya no está… esa presencia que notas en ocasiones y te hace girarte en casa o en la calle, o cuando te besan en la oscura intimidad de tu habitación… Claro que dejo claves y llaves… ahí están para quien quiera saber un poco más de mí. El cuarto día del mes del dios Marte se acerca, el día en que mi padre dejó el peón blanco apretado en su mano.
      Gracias por venir y buscar como nadie lo hace, las llaves de este laberinto.
      Un gran abrazo desde este reino de korps.

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  4. Gracias a ti por la recompensa que me regalas cada vez que encuentro las claves o las llaves, o simplemente cuando las intuyo porque no nos lo pones nada fácil en ocasiones.
    Hay algunas pérdidas que jamás se superan. O se superan pero siguen tan presentes que parece que nunca se fueron.
    Un abrazo cálido desde mi reino congelado estos dias.

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