Archivos

La promesa del beso… agonía en tu boca.

IMBORRABLE

Quise hacerte el amor aquel día

y tú me embriagaste de poesía,

imborrable, tan tuya, tan mía.

Malherida, mi nocturna agonía

transformada en blanca rebeldía

quiere, no abandona, abrir tu herida.

Quise hacerte el amor

renunciar a la rimas

olvidar las cadencias

dejando libre el verso

el verso de mi vida.

Pero no pude, amor,

tu luz ya me rompía

mutando mi amargor

en imborrable poesía.

(JMPA Pink Panzer Korps in love)

Pink Panzer Yorch

Sin Descanso, En Prosa Encadenada.

   Al fondo de la estancia, toco para ti el tibio blanco y ébano del piano, solo para ti y tanto es así que eres tú, tan solo tú quien percibe la fragancia que inunda con sus notas el cargado ambiente del billar, el billar del viejo bar donde brillantes planetas de blanco y rojo jazmín colisionan sobre su verde universo, ponen fin a su juego, inclinan la balanza y rompen con su fuego la pared de hielo donde, insolentes, cuelgan las apuestas de los que se ríen y de los que maldicen su suerte, pagando sus cuentas con lo poco que les queda en sus manos hambrientas.

   Y tú, entre todo aquel bullicio, con paso firme y resonante, con tus tacones sobre el gastado castaño de viejo bar anunciado el vértice afilado de tu silueta, avanzas hacia mí con la promesa de un beso en tus labios y la noche prendida, levemente encadenada en la llave 311, con vistas al puerto, al mar, y a tu cuerpo en llamas.

Pinker LaNegra

Escribir es fácil. Lo único que tienes que hacer es cruzar las palabras erróneas.

– Mark Twain –

Anuncios

Private investigations… Hirviendo la sangre.

“Es un misterio para mí, comienza el juego
Por el precio habitual, más gastos
Información confidencial, está en un diario
Esta es mi investigación, no es asunto público

Voy a examinar los informes, removiendo la suciedad
Encuentras de todo en este tipo de trabajo
Alevosía y traición, siempre hay una excusa
Y cuando hallo la causa todavía no puedo hacerme a la idea

Y ¿Qué has logrado al final del día?
¿Qué has conseguido llevarte?
Una botella de whisky y un nuevo montón de mentiras
Persianas en la ventana y un dolor detrás de los ojos

Pavor por la vida, sin compensación
Investigaciones privadas”

(Dire Straits – Private Investigations – Love over gold)

   Sobre la mesa de la cocina, tan solo vestida con la insolente desnudez de su belleza, la imagen perfecta de una diosa celta resaltaba en el mágico blanco y negro de la cocina, donde, con el fuego de la leña crepitando furiosa, ella me pedía con ojos de hechicera, “céname despacio”…  

Ella bonita como el arte

 De aquella cálida medianoche inmensamente cautivadora, de aquella noche eterna, recuerdo sus labios, húmedos y brillantes, sin necesidad de conservantes ni colorantes. Rojos, con una pizca de rosa natural y aroma de cayena también. Labios casi reventando por el fuerte relleno de pasión que siempre añadimos a nuestras recetas y con la sangre hirviendo, a punto de estallar arterias y nublar doce sentidos con los dedos enredados. Si a estas alturas aun no lo veis, os diré que labios eran seis, en mayor o menor medida, porque la naturaleza es así de caprichosa, cuando se ve por el amor sorprendida, no crea cualquier cosa. De aquella tórrida noche recuerdo que la sangre hervía y besaba sus labios, excitado como la primera noche del primer día. Labios que hablan, que besan, que acogen y abrazan mi carne torturada, tensa como un tambor de guerra ansioso de entrar batalla. De aquella noche, solo recuerdo que la sangre hervía… y me hacía sentir, como una piedra más de su muralla.

(By Pink Panzer Yorch)

El buen pastor… El buen francés…

Martin Niemöller (1892–1984), un cura protestante de la Alemania de Hittler, en uno de sus sermones en la Semana Santa de 1946, dijo lo siguiente ante sus atentos feligreses:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.”

   En su pequeño pueblo muy cerca de Cabrales y de cuyo nombre no debo acordarme, a Colás, el pastor, también lo conocían por sus apodos de “Colanas” (juego de palabras con la “lana” de sus ovejas) y por su no menos conocido “El Colas”, sobrenombre concedido por méritos propios, según atestiguaban los miembros de su pandilla que, aprovechando aquellos baños sin ropa ni vergüenza que les tapase, se dieron durante un par de largos veranos en las pozas de agua cristalina del río Casaño.Desfiladero del rio casano Puente Pompedru
Los ojos como platos por el asombro de aquellos jóvenes zagales y su juvenil incontinencia verbal, solo hicieron acrecentar la merecida leyenda de “El Colas” (sin acento, les aclaro) entre la población femenina del lugar.

   Colás se dedicaba al pastoreo de ovejas desde que a los trece años, su padre, marinero ocasional y pastor por amor, se muriese en medio del monte de un fulminante infarto de corazón. Stian, que así se llamaba su padre, lo encontraron una semana después de fallecer, gracias a que uno de sus perros llegó solo y hambriento al pueblo. Allí acabó la historia de “El Sebas” (otra vez los del pueblo… Stian se transformó en Sebastian… el Sebas), un rubio y fornido noruego de casi dos metros de altura que desde el puerto de Gijón, ascendió a la comarca de Cabrales detrás de las faldas de la hermosa Raquel, su esposa poco tiempo después y nueve meses más tarde, la madre de Colás, el protagonista de esta historia.

   Colás le sacaba más de una cabeza a los dos Guardias Civiles que le llevaban esposado camino del cuartelillo… El destino quiso que, en la lejana Noruega, una tía suya le dejara una más que importante suma de dinero y propiedades. Matías, el único cartero del pueblo y sobrino del alcalde, fue el encargado de acercarse con el aviso del Notario en la alforja, hasta los lejanos pastos donde Colás cuidaba de algo mas de novecientas ovejas. Tres días de viaje a pie o un día a caballo saliendo bien temprano, esa era la forma de medir las distancias en aquellos años y por aquellos páramos. Fue Fabián, el herrero, el que cedió a su yegua recién herrada, para que el cartero pudiera subir a las frías brañas, donde las ovejas pastan todos los años antes de la llegada del inverno.

Lago 2001 Mujer agua   Matías el cartero, no iría solo al encuentro. Compartiendo el lomo de la yegua del herrero, le acompañaba Yago, amigo y compañero de Colás en el cuidado del rebaño y que, por orden del patrón, se quedaría para sustituirle. A lomos de la dócil “Patucas” llegaron a los corrales de Breñas Altas rozando el anochecer. Los perros anunciaron con sus ladridos la llegada de los intrusos y Colás, escopeta en mano, salió del cobijo de la pequeña cabaña para recibirlos, contento y extrañado a partes iguales al reconocer a los integrantes de semejante pareja.

   Matías, acostumbrado durante largos años a la buena vida pegado a las faldas de su tío el alcalde, tenía una pronunciada y fofa barriga y menos aguante que un puente de tizas. Después de darle a leer la carta del Notario de Gijón y ponerle al corriente de los planes de regreso al pueblo, Matías se dedicó a pulirse el solito la sartén de migas con chorizo que tenía Colás para la cena. Entre cucharada y cucharada, no dejó de recordarle que su tío (el alcalde) se ocuparía de todo y le ayudaría en cualquier trámite o gestión relacionado con el cobro de su herencia.

   Goyu (Gregorio) y Feru o el Ferrubio (Ceferino el rubio), fueron siempre uña y carne. Amigos con todas sus letras. CompañerosCasaño baños inseparables de pandilla, escuela y aventuras, para acabar siendo la pareja de guardias civiles que, cabizbajos por la calle central del pueblo, acompañaban a Colás el pastor, ahora en su incómodo papel de detenido, muy incómodo para él pero aun más vergonzoso para sus dos amigos.

   Despachada la sartén de migas, Matías fue el primero en probar el jergón relleno de paja y echarse a dormir. Colás y Yago, después de ponerse al corriente de las últimas noticias del pueblo, acompañaron al flojo de Matías, que ya navegaba a toda vela entre sueños y ronquidos dignos del mejor de los rocinantes.

   Cuando a la mañana siguiente Matías recuperó la consciencia , se encontró solo en la cabaña… No tuvo que esforzarse en buscar mucho, pues en la trasera del establo adyacente, en el almacén y refugio para los corderos recién nacidos, se encontró a Yago de rodillas ejecutando un perfecto y madrugador francés, sobre la afamada herramienta de su buen amigo Colás… y Matías, el imprevisible Matías, retrocedió sin hacer ruido, mascullando la valiosa información obtenida, grabando la escena en su memoria, con la palabra “traición” taladrando su cerebro.

   Malos tiempos aquellos para estrenar en España la versión pastoril de  “Brokeback Mountain” . En el año 1954, la Ley de Vagos y Maleantes ya fue modificada para incluir a los homosexuales y cualquier pobre incauto que se les pareciera. Con o sin pruebas, bastaba solo la mera denuncia/sospecha para verte envuelto en una auténtica pesadilla.

   Matías, sentado sobre la yegua a la espalda de Colas, deshaciendo ya el camino de regreso al pueblo, no perdió el tiempo en poner precio a su silencio. Pero su silencio era de ida y vuelta y Colás lo sabía. Le contestó con un evasivo “ya hablamos en el pueblo” pero fue Matías quien habló primero. Su tío, el alcalde y cacique del lugar, no sopesó el alcance de su denuncia intentando presionar por no decir extorsionar al pobre Colas, y todo ello para que le cediera el control como administrador de su reciente y nórdica fortuna.

   Tras pasar tres días incomunicado en el cuartelillo de la Guardia Civil, las gestiones en secreto de Fabián (el herrero) con el Notario de Gijón dieron lugar al traslado de Colás a la capital. Un año después, tras la laboriosa intervención del más prestigioso e influyente bufete de abogados de la ciudad, con el apoyo de varios abogados del despacho de Garrigues en Madrid, Colás salió en libertad, absuelto, si, que no en paz y rico, muy muy rico.

Tom_of_Finland_07

   Colás nunca fue homosexual. A él le encantaban las chicas y algunas mozas del pueblo y de la capital jamás podrían olvidarlo. Esto no le impidió disfrutar con total normalidad de las atenciones de algún buen amigo como Yago, o ser “cortejado” por el traidor de Matías dando calabazas a muchas de sus insinuaciones.

   Diez años más tarde, Colás apareció por primera vez en el pueblo desde su salida de la cárcel. Por carta y teléfono mantuvo el contacto con muy poca gente. Con Fabián su salvador, el buen herrero que le ayudó en el peor momento de su vida. Con Yago, por supuesto, y con la bella Raquel, hija del panadero y ahora su mujer, con la que se veía en secreto en Gijón apenas dos o tres veces al mes, gracias a los estudios que él mismo financiaba para ella, de acuerdo claro está, con su padre, el panadero, un hombre que nunca dejó de confiar en Colás y que consiguió engañar durante años a casi todo el vecindario por su hija. ¿Ya se dieron cuenta de que la hija se llamaba Raquel, como la madre de Colás? Bueno, pues así fue y esa es otra historia que tendría que contar… el panadero.

   El pueblo entero estaba revolucionado. Muchos pasaban el día deshaciéndose en disculpas por su silencio, por no haber levantado la mano en su ayuda, por mirar hacia otro lado, por llevarle esposado por la calle… Seré breve. Matías se moría por abrazar a su viejo amigo recién llegado. Por eso aceptó sin vacilar la invitación de verse a solas con Colás en la trastienda de la herrería. Fue verlo y correr hacia él para casi fundirse en un desigual abrazo, por altura, por la barriga de Matías y por los continuos “perdóname” que salían de aquellos labios que aprovechaban la cercanía del abrazo para besar todo cuanto se ponía a su alcance.

   Y con Matías en pleno éxtasis expiatorio de culpas, Colás lo giró vigorosamente inclinándolo sobre una bala de paja. Sin decir palabra, le bajó los pantalones, se enfundó la herramienta y de un solo empujón dejó al todavía cartero del pueblo, con el buzón a punto de reventar con tanto “correo”.

Algo hermoso en tus ojos... Noche blanca.

   ¡¡¡Ouuohhhh siiiii,siiiii !!! Fabián el herrero, escuchando atento detrás de la puerta, supo que era el momento convenido y al Señor Eusebio, que esperaba extrañado en la pequeña oficina de la herrería, le dijo: “pase señor cura, Colás le están esperando en la trastienda…” Don Eusebio entró al granero para acto seguido, alucinar casi místicamente con aquella bizarra escena, aderezada por la “banda sonora” del pleno y brutal orgasmo de Matías, que con la cara enterrada en la bala de paja por los fuertes brazos de Colás, solo pudo escuchar como este pronunciaba… “Buenas tardes Don Eusebio, creo que Matías necesita una muy larga confesión… y usted imagino que también. Enseguida se lo mando”.

   Se me olvidó comentarles que Matías, mucho antes de ser cartero, ofició de monaguillo en la iglesia del pueblo, y a plena satisfacción del señor cura… Y aquí debo de concluir esta historia. Mi amigo Colás es feliz y hace feliz a mucha gente. Nombres, lugares y situaciones se han cambiando con el único fin de preservar la privacidad de los protagonistas, que habrán podido existir… o tal vez no, dado el serio trastorno mental que sufre quien les escribe… o no.

“A la montaña no se va a competir,
sino a aprender;
hay que leer mucho”
(Juan Luis Arsuaga).

Más quiero de ti... Juego de dos.

Llega un momento en que el invierno arrecia y debemos elegir quien ocupará nuestro corazón. Expulsar a quien me hace daño y dejar dentro a quien me da calor…

( La frase no puedo firmarla pues no es enteramente mía. La he construido a partir de la entrada del hermoso blog de Awilda Castillo y algunos de los comentarios que suscitó su entrada… pero me gusta mucho su mensaje, mi mensaje, el que me da calor… y así lo expreso.)

Estoy aquí, a tu lado… Corcel encadenado.

   Estoy aquí, un día más entre tantos otros… aquí estoy a tu lado, borrando las distancias que separan nuestros cuerpos.
  Como cada noche, el ritual me persigue con su guión de deseos compartidos. Mi mente extiende sus brazos, guiados por secretas e inexplicables conexiones, hasta encontrarse piel con piel, en el oasis de tu espalda y mis manos se deshacen en caricias,  plegando revoltosas, tus alas en mi abrazo.
   Inspiro, lleno mis pulmones con el aire que se filtra por tu cabello… tu aroma es la brisa del mar que droga mis sentidos. Remolinos de mi agitado aliento juegan con el frío de tu nuca interminable. Me pierdo en tu cuello, salvaje corcel enamorado, que sorprendido se tensa con mi primer beso... encadenado. Tu piel se enerva en eléctrica tormenta de verano y comienza a llover… un placer dejar que el agua cale mi cuerpo, resbalando por mi cara, mis manos con las tuyas aferradas a mi costado. No, no tendré miedo si cuentas conmigo…

(JMPA Pink Panzer)
 
“El bailarín acaricia la música con sus pies y acuna a la mujer con su abrazo…”
(Carlos Gavito, “Su vida, su tango”)

Los doce gozos… suspendidos en tus besos.

“A los 20 años se rompen vidrios, a los 40 se colocan y
a los 60 se fabrican”.
Los doce gozos
Cabe una rama en flor busqué tu arrimo.
La dorada serpiente de mis males
circuló por tus púdicos cendales
con la invasora suavidad de un mimo.

Sutil vapor alzábase del limo
sulfurando las tintas otoñales
del Poniente, y brillaba en los parrales
la transparencia ustoria del racimo.

sintiendo que el azul nos impelía
algo de Dios, tu boca con la mía
se unieron en la tarde luminosa

bajo el caduco sátiro de yeso.
Y como de una cinta milagrosa
ascendí suspendido de tu beso.

(Leopoldo Lugones)


Gritando con el corazón… Te amo.

Con un “te amo” pronunciado
por los labios más gritado con el corazón.
Con un “te amo” tan divino, tan humano
como jamás alguien imaginó…
(Anónimo)


No dejes pasar un solo día sin que un “te amo” acaricie tu cuello… un beso, un abrazo, un poema.


“La poesía no tiene que resplandecer, 
tiene que alumbrar.”
Ana Blandiana (Timisoara-Rumanía, 1942).

Amor Perfecto… Dame la vida.

Un cuerpo, un color… Pinkerkorps…!!!!
Solo Amor

El día perfecto
El momento perfecto
El abrazo perfecto
El beso perfecto
El brillo perfecto…
en tus ojos, de color perfecto.

El amor perfecto
naciendo entre armas
de afecto heridas,
heridas de amor… solo amor,
amor perfecto.
(JMPA Pink Panzer)

 

 Evanescence – Bring me to life

How can you see into my eyes like open doors
Leading you down into my core
Where I’ve become so numb
Without a soul
 
Cómo puedes ver en mis ojos como puertas abiertas
guiándote hacia mi interior
donde tan insensible me he convertido
Sin alma…”

∼ 

Se cruzarán nuestras miradas y todo de ti me llevaré. (Pink Panzer)

Una mirada tiene la llave maestra del sentimiento. Nuestros ojos se cruzan y ya nada es igual… Ciérralos, te lo advierto, pues la próxima vez, todo de ti me llevaré.
(JMPA Pink Panzer)

Después de besarnos… Nada ha cambiado.

   De niño solía acostarme tarde. El demonio de la noche poseía mis ideas y todos los inventos del mundo pretendían ver la luz, en la misma noche y a través de mis enrojecidos ojos.

Nada ha cambiado desde entonces y ya
han pasado tantas noches… 

No hicimos nada
No hubo nada
No pasó nada
Hemos dejado de hablarnos…

Así son los amores del niño.
Después de lo de anoche,
después de besarnos…

Yo quería estar descalzo… un lunes cualquiera.

   Buenos días… Hoy es lunes, un lunes áspero y duro como todos los malditos lunes. Te deseo un buen día, te deseo que comiences la semana con una palabra amable, un impulso nuevo, el recuerdo de un beso, la promesa del encuentro de la mejor sonrisa… Te deseo un buen día, despertar en compañía, llegar, regresar, para leer la vida por un poema atravesada.
 ∼

   La trampa la hizo el frío. El frío, la cercanía y mis zapatos. Porque si nos cruzábamos cualquier otro día – pongamos un 21 de febrero – y yo hubiese estado vestido de tomate, repartiendo “dosporunos” de gazpacho, no te hubiese ni mirado. El problema es que cuando llegaste rondaban los 40 grados, yo no tenía prisa, ni estaba vestido de idiota. El problema es que ese día me moría de calor, tú estabas demasiado lejos y yo quería estar descalzo. 

 

    En promedio – lo sé porque los he contado desde niño- hay 143 pasos en una cuadra. 71 pasos para estar frente a frente, y medio paso más para tropezarse, que se caigan unos papeles y se desate una de esas películas imposibles en las que la gente se enamora tanteando la calle con las rodillas flexionadas. Nada se parece menos al amor que estar agachado, nunca entendí ese cliché. 
    Por eso contigo no hubo colisión ni reguero, hubo competencia de caminata con meneo y unas ganas feroces de que te dieras cuenta de que te estaba ignorando, de que ni loco – en el paso 11 – te hubiese lamido la boca, ni halado el pelo con la mano izquierda en el paso 16. De que supieras que no me había puesto nervioso en el paso 21, ni tuve ganas de desnudarte en el paso 32. De que era un atrevimiento mirar bajo tu falda a sólo 40 pasos de haberte visto y que era un absurdo pensar en arrinconarte 10 pasos después y hacerte el amor ahí mismito. No quise clavarte los dientes en el paso 60, ni jurarle devoción gastronómica a tu entrepierna en el 69. Que 5 pasos después, en la mitad de una línea recta y vacía, no iba a predicarte el infinito. Todo lo contrario: ¿Me puedes decir la hora?.
 ∼
 “La luz cree que viaja más rápido que cualquier otra cosa, pero se equivoca; da lo mismo lo rápido que pueda viajar, porque al final, la luz descubre que la oscuridad ha llegado antes que ella y la está esperando”.