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El “algoderitmo” de Pink… Código rosa.

Ella es arte, puro arte embelleciendo todo cuanto sus dedos rozan, en las paredes más grises de mi alma.

(JMPA Pink Panzer Yorch – Ella in love)

Styletto Rosa

mind-544404_12801573919540   El diván que me imaginaba en la sala de espera es en realidad, una incómoda silla del maldito Ikea. Sobre ella, mi metafórico y vapuleado culo contesta a este engreído maestro de la psicoterapia que, en vano pretende hurgar entre las entrañas de esos horrores que puede, y solo digo que puede, no me dejen dormir. Y aquí estoy, con el móvil compartiendo mi virtual modo silencio en plena terapia con este barrigudo que sabe de la gravedad de la vida la milésima parte de lo que yo intuyo sobre los líos que mantiene con Mario, su musculoso secretario… Vale, puede que yo haya averiguado algo más sobre su vida siendo como soy, un simple pero atento espectador dentro de la jaula Sheriff Pink.pngde oro de su agobiante despacho. El detalle de esas miradas mientras le entrega mi dossier, o la forma con la que le prepara el café, depositando la cantidad justa de azúcar y su mirada furtiva buscando la aprobación del doctor mientras toma la cucharilla entre sus dedos y con sumo esmero mezcla el blanco sobre el negro, dejando expuestas a noventa grados sus agridulces nalgas prietas vibrando con el tintineo del erecto metal golpeando la receptiva porcelana… Vale, se me ha ido la pinza del tema principal; regreso. Es descaradamente obvio. Que sí, que están liados, lo sé, y no habría ningún problema si no fuera porque uno de ellos mantiene sobre la mesa de su despacho la foto enmarcada y en carísima plata de una mujer con dos preciosos querubines de ensortijado pelo dorado, casualmente idéntico al pelo rubio “Bisbal Style” de mi, evidentemente pasado de peso doctor Santist… perdón, no puedo decir su nombre.

Chica pies techo.jpg    Me abrasan las ganas de conectar el despertador y que este tipo se despierte de golpe de su engaño, que su mujer le reviente los huevos de una buena y puntiaguda patada con sus Styletto de 600 euros y que, con el escroto amoratado y su vida entera metida en un dossier, contrate a cualquiera de sus colegas que lucen orgullosos sus sonrisas en la orla de su promoción.

    No hay ganas de seguir fingiendo y le mando a la mierda… y lo hago desde el precioso y educado silencio que reina en mi cabeza. Él no lo sabe, pero lo intuye a través del brillo de mis ojos mientras le miento en todo lo que puedo y quiere oír desde mi sensual boca. Sí, he dicho sensual boca. Me divierte ponerle nervioso mientras le cuento como suenan las balas silbando a un metro escaso de mi cabeza. Le miro fijamente taladrando sus acomodados ojos mientras humedezco mis labios como si el espíritu de Marilyn Monroe me hubiera poseído. Sé que le pongo nervioso porque su Parker no para de hacer click-clack bajo el repetitivo impulso de su peludo dedo pulgar, escondiendo y enseñando lúbricamente su pequeña y húmeda puntita azul.

homeless man by eveonahart    Malditos ojos. El nerviosismo instalado en sus pupilas me hace adivinar su pasado como los dos nulos espectadores de la vida que son, una vida aprendida entre el silencio de cripta y biblioteca de cualquier Universidad sin alma… bueno, cualquiera no, porque este señor es el tercero de su promoción según su descolorida orla de La Complutense de Madrid…

    Con este detalle académico llega el momento de la primera lección y ya os lo digo yo, si es que aún no lo sabéis pero, en este complicado mundo hay profesiones que, si no eres un buen observador, no vuelves a casa.

    Ya dije antes que no tenía ganas de seguir fingiendo. Por eso me divierto intercalando insultos entre sus grandilocuentes palabras de loquero de lujo. Él no me escucha pero yo le insulto en binario perfecto; mientras él se empeña en marcarme “unos” terapéuticos yo le intercalo hermosos “ceros” energéticos, descontando segundo a segundo la energía que malgasto en los cincuenta minutos de cada sesión… en grupos de 8 bits.Yorch Stop Pain Series

    Llegados a este punto previo al final del relato de los hechos, mis más agudos lectores se estarán preguntando el motivo por el cual yo conozco la marca de zapatos de la esposa de mi querido y apreciado doctor. Si no os habéis dado cuenta del detalle, ya os digo yo que, en más de una ocasión y con vuestra capacidad de observación… no volveríais a casa.

    El caso es que en mi séptima sesión, entrando con prisas pero no ciego en su despacho, a mano derecha y entre su ampuloso escritorio de nogal y un elegante tresillo tapizado en cuero negro, una gran bolsa de papel con una conocida marca de zapatos esperaba su momento escénico, reposando sobre aquella moqueta gris verdoso que yo tanto aborrecía.

– Bonitos zapatos, Mario… hasta el próximo día. – le dije al secretario mientras me encaminaba hacia la salida.
– ¿Perdón? – me dice extrañado cruzando su mirada con la mía y señalando con sus poderosos y trabajados índices a sus enormes zuecos de inmaculado verde hospital.
– Discúlpeme, Mario. Era una broma. Cosas mías. Por algo me habrán enviado a ver al doctor, ¿verdad?
– Hasta su próxima cita, señor Pink, – me contestó con media sonrisa y arqueo de ceja incluido.

CAM00392~01    Y ya me conocen, me encanta el café, el buen café negro entre mis labios mientras mi mente anuda pistas y ata cabos… Sin perder tiempo, encontré cruzando la calle, una preciosa pastelería de esas modernas y franquiciadas frente al consultorio y que me ofrecía la atalaya perfecta para mi acecho. Tres cafés y un brioche al estilo francés me costó la espera. A las ocho de la tarde entraba por el portal una elegante señora de trabajada melena de mechas rubias, enfundada en un traje chaqueta gris listado y con una llamativa y madura juventud reflejada en su rostro. Aquí fue cuando pedí el tercer café. A los veinte minutos sale mi doctor acompañado por aquella belleza sonriente que llevaba colgada de su brazo izquierdo, la “misteriosa” bolsa blanca con el inconfundible logotipo rojo sangre que combinaba de forma extraordinaria con el dorado de la manzana mordida de su mano y el blanco de sus dientes. Y yo, con el último sorbo de mi terriblemente frío café, reflexionaba pensando en que no era ella la que había mordido la manzana. Con la cafeína retorciéndose como un gato herido en mis arterias, decidí que ella merecía quedarse disfrutando del paraíso de su opulenta existencia, solo por aguantar a semejante cretino comiendo en su depilada cesta.

    Y regresé a mi hotel, con mis miedos envasados al vacío dentro de mi cabeza y los acordes de “1999” entrando para calmar mis neuronas a través de los auriculares de mi viejo Nokia. Un día más, y un día menos de suplicio, esperando que pronto se acabe esta prueba de resistencia que, obviamente voy ganando, aunque el cretino piense que a su despacho, llegaron los restos de un hombre derrotado. FIN.

(JMPA Pink Panzer Korps. – Gears of War)

“Putas ganas de seguir el show
ni de continuar mintiendo
y en un travelling algo veloz
sale un “fin” en negro…”

(Parte de la excepcional letra de la canción 1999 del grupo español Love of Lesbian)

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Love of Lesbian: Uno de mis grupos insustituibles en mi pasado musical en español. Dime que música escuchas y te diré por qué extraña razón aún sigue palpitando tu cansado corazón.

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Un sol sin ocaso… Ojos en llamas.

Adora solem qui non facit occasum.

(“Adora a un sol sin ocaso”)

“La ciudad era inmensa
un dragón con garras de acero
ocultándome tus huellas
entre aleros de tejados
calles polvorientas,
y muros de adobe
cansancio y miedo…”

(Pink Panzer Korps – Pink Gears of War)

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  Amanecía en mi mano izquierda cuando aún la penumbra habitaba en el guante de mi mano derecha. La mente vuela acelerada por breves instantes mientras nos detenemos a la entrada del pueblo. Salgo con el pie izquierdo solo por llevar la contraria a todos esos dementes que creen en dioses, la suerte traicionera y otras idioteces por el estilo.

   El suelo reseco de la calle saluda a mi bota con una explosión de polvo que la cubre por completo y pienso, de nuevo… hago recuento de las cicatrices que adornan mi cuerpo y pienso, de nuevo… quizás va siendo hora de ir más despacio… y me voy haciendo viejo para tanto gato negro.

   Pie izquierdo. Llevo años repitiendo el mismo ritual y sigo vivo, señal de que las supersticiones no se cumplen o puede que los que creen en ellas se metan algo más fuerte que el polvo que ahora cubre mis botas.

Mientras avanzamos con mil ojos puestos en el suelo que pisas, en las ventanas que sin ojos te vigilan y en los ojos de los que en la misma calle te escudriñan, en el mismo segundo de nuestras opuestas existencias, en ese intenso y crucial instante todos buscamos, nos buscamos, intentamos leernos mutuamente de qué maldita pasta están moldeadas nuestras almas, averiguar de que color es el miedo y si existe algo más allá de la huellas de nuestros pies en esta tierra, tierra sedienta de todos y de nadie.
   Con el paso del tiempo aprendes a mirar a los ojos, mantener la mirada y encontrar allí sumergidas todas las respuestas, antes incluso del primer parpadeo, porque en ocasiones, y solo en ocasiones, alguien habrá que esté dispuesto a explicar que el destino te estaba esperando entre el polvo de una calle cualquiera, en un pueblo perdido entre la nada y el amanecer más solitario.
(Pink Panzer Korps – Pink Gears of War)

Pink shot one

Propiedad de Pink Panzer Korps The Pinker Hole

De pequeño, cuando saltaba una enorme verja de hierro intentando escaparme del colegio de monjas de mis hermanas, uno de los barrotes acabados en punta de flecha se me clavó en lo más profundo de mi muslo izquierdo… allí se acabó mi carrera de escapista.  Cincuenta años después, la cicatriz aún se puede ver marcando mi piel y, por supuesto, mi memoria. Otras muchas cicatrices llegaron con el paso de los años pero aquella la recuerdo con especial “cariño”. Recuerdo que, mucho tiempo después, mi madre, que tuvo que ir a buscarme al colegio con su enfermo corazón en un puño, me comentaba que lo que más le asombró es que su hijo, a pesar de estar durante minutos ensartado en aquella lanza hasta que lo rescataron con una escalera, no había soltado ni una sola lágrima, ni un quejido, ni siquiera en el hospital…

 

Pink shot 1

Propiedad de Pink Panzer Korps. Un mes después…

   Una de las últimas y más “curiosas” de mis queridas cicatrices me exigió más de un mes de curas continuadas. El sanitario tenía de recortar (sí, recortar…) con unas tijeras el tejido muerto para favorecer la regeneración del músculo y que cerrara por si sola. Podía aplicarme anestesia pero lo mejor era a pelo, sin ella, para que yo pudiera indicarle donde dolía más y donde menos y cortar, cortar carne como el que se corta las uñas… y así fue, sin anestesia, como en los viejos tiempos, porque los viejos rockeros y la mala yerba nunca mueren.
   Cicatrices, dolor, el color del miedo dibujando estelas en tu piel y en la mía, reflejo de los caminos que quizás no deberías haber tomado o fronteras que jamás tendrías que haber cruzado.

– Mi causa –

Tomo tu causa de sosiego certero,
Rugiendo, rimando versos pendenciero,
Impuesto a modo de extravío ligero,
Antes del amor, más amor prefiero.
Nombra tu nombre al borde primero,
Al filo mismo, del placer que venero
en tu cuerpo, de un poema pasajero…

(Pink Panzer Yorch – Rescatando comentarios…)

He aprendido que los ojos no cambian. Sin importar lo viejo o golpeado que estés, tus ojos permanecen iguales.

— Eloise Dyson  –.