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El club de los 27… vender el alma al diablo.

   Así se llama el selecto club al que muy posiblemente no quieras pertenecer o simplemente, ya sea demasiado tarde para presentar tu solicitud de inscripción.
   ¿Requisitos? Por supuesto, tendrás que cumplir el principal y más importante de todos, te tienes que morir a los 27 años.
   Efectivamente, así es como se denomina a un grupo de músicos que comparten una singularidad: haber muerto a los 27 años. No obstante, esta no es la única premisa que deben cumplir los miembros del selecto Club 27, ya que para ingresar en él, su fallecimiento tuvo que deberse a un exceso de drogas o alcohol, de ambas cosas (lo más habitual), por un suicidio… o que la muerte se vea envuelta en alguna historia poco clara, truculenta… misteriosa.  
   Sus seis miembros más célebres, empezando por el que se considera el primero, son  Robert Johnson importantísimo cantante de blues famoso por vender su alma al diablo en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Misisipi); Jim Morrison, de la banda The Doors; Kurt Cobain, de Nirvana; Brian Jones, de los Rolling Stones; Janis Joplin; y Jimi Hendrix.

   Aparte de que tuvieron una indiscutible incidencia en la historia de la música, todos estos artistas se vieron inmersos en el mundo de las drogas (Crack, LSD, heroína, cocaína…), que les arrastró hacia un negro final.

   Recientemente, la trágica muerte de una de las voces blancas más potentes de los últimos tiempos, la célebre Amy Winehouse, ha creado un nuevo halo de misterio alrededor de este selecto y macabro club que, con la rebelde Amy, ya tiene siete integrantes… ¿te apuntas?
¿Conoces con qué pálida y desenfrenada emoción
llega la muerte en una hora extraña?

Perdiendo a un ser querido… Guardian del silencio.

Silente
El silencio es mi guardián
Guardián de mi universo
mi universo en silencio.
(JMPA Pink Panzer)

Autor de la escultura: Kris Kuksi


Quizás pienses que No quiero hablar,
 que guardo silencio sobre lo que pasamos juntos.
Aunque me duele recordar lo perdido,
  ya lo he asumido, eso es historia, 
 agua pasada, sin grano ni molino.
 Aquellos días, jugué todas mis cartas,
 días de sol despreocupados, disfrutando de la compañía. 
Y tú lo hiciste también, tus bazas jugaste para ganar,
rompiendo sobre la mesa, copas y corazones. 
 No hay nada más que decir, aseguraste con voz marcial,
y el tono cortante como el acero de tus espadas. 
 No hay más ases que jugar, gritaste con enfado, y tenías razón,
 nada quedó en pie que por si mismo se sostenga en el presente,
apenas un esbozo sin la ayuda de la nostalgia.
 En todas las guerras, el ganador se lo lleva todo,
  impone su ley, la del más fuerte
 y el perdedor se hace pequeño ante la victoria
  esa palabra amarga, hermana de la derrota que duele como la deshonra. Ese es su destino.
 
 
Entre juegos, como niños, Estuve en tus manos
 
Pensando que pertenecía a ese lugar, me dejé llevar por el roce de yerba.
 
Creí que tendría sentido compartir el tiempo,
el sentirnos protegidos, construyéndome un muro
 
 
Construyéndome un hogar.
 
Transcurrieron los días Pensando que sería fuerte aquí,
 
Pero fui una tonta, una vez más
 
jugando según las reglas que me impusieron.
 
 
Los dioses tirarán los dados, dibujando insolentes, los caminos de nuestra suerte.
 
Sus mentes, frías como el hielo apenas dejan un lugar para la compasión y alguien por aquí, porque los dioses de la fortuna así lo han decidido,
 
 alguien perderá a un ser querido…
(Letra de The winner takes it all y JMPA-Pink Panzer… en silencio)

 

 

 (The winner takes it all -ABBA- & Pink Panzer)

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El vuelo de mi imaginación… La voz del dios diablo.

Es bueno no poder odiar, pues amarga el
corazón y te destruye la vida…

¿Tu verdad? No, la Verdad
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

(A. Machado)

 Itzhak Perlman, Tartini Devil’s trill Part 1

   Una noche soñé que hacía un trato con el Diablo por mi alma. Todo vino a mi mandato; el insólito sirviente anticipaba cada uno de mis deseos. Me asaltó de pronto la idea de prestarle mi violín y ver lo que podía hacer con él. Pero qué enorme fue mi asombro cuando le oí tocar con habilidad consumada una sonata de tan exquisita belleza que sobrepasaba el más audaz vuelo de mi imaginación. Me sentí arrebatado, transportado, encantado; mi aliento se suspendió; y desperté. Tomando el violín, procuré retener los sonidos que había escuchado. Pero fue en vano. La pieza que compuse entonces, la Sonata del Diablo, aunque la mejor que jamás haya escrito, ¡qué lejos está de la que oí en mi sueño!”
(“El trino del diablo”, de Tartini, S. XVII)

El diablo te enseñará a tocar el
violín, mientras tu dios espera
que aprendas solo.
(JMPA Pink Panzer)