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El abrazo del colibrí… Luz de poesía.

Un diciembre de abrazos perdidos que trae recuerdos de otros diciembres más placenteros y que nos ayudan a poner en valor a esas cosas a las que nunca se les concede ni mérito ni valía. Hoy vivo un diciembre que anuncia muchos cambios importantes en mi vida en el próximo año y que ya reclaman su espacio y mi atención. Les pido disculpas de antemano si ven que dejo el blog más abandonado que de costumbre.

Como le dije a una buena amiga y poeta de otro blog que suelo leer de madrugada, los amigos están para guardar la copia de seguridad de los buenos recuerdos… y hace mucho tiempo que, leyendo comentarios en el blog de Estrella, pude ver que la felicitaban por su cumpleaños un diecinueve de diciembre de hace años, en los comienzos de su blog. Y me encanta enlazar unas cosas con otras. Igual estoy equivocado con la fecha, mi memoria a veces me falla pero un regalo tampoco necesita fechas para hacer que, en estos días tan amargos, nazca de nuevo un abrazo.

Hoy sábado, de madrugada aún en la isla, quiero felicitarla con un pequeño regalo, un regalo tan pequeño como las alas de un colibrí.

Otros diciembres de Pink...

El abrazo del colibrí.

Ella piensa que su vida pesa como el vuelo de un colibrí, pero yo soy la rosa, su rosa, y en la tierra fértil de sus letras, con cada palabra de cada verso, mis raíces de poeta en ella hundí.
Ella piensa que su vida pesa como el vuelo de un colibrí, pero con cada pregunta de mis versos, hallé respuesta en el afecto de sus besos y abiertas las heridas en sus pies de niña descalzos, supe de su amor inmenso dulcemente acurrucado en los secretos de su regazo.
Ella piensa que su vida pesa como el vuelo de un colibrí, pero cuando ella escribe, su fuerza todo lo eclipsa y no hay nada, ni ser ni cosa más hermosa que su humilde sonrisa… y eso, todo eso, aleteando frente a esta mi virtual cornisa, todo eso que imaginas lo eres para mí.

Feliz Cumpleaños, querida Estrella, amiga, poeta y buena persona.

No hay mejor momento que el otoño para empezar a olvidar las cosas que nos molestan. Dejar que se suelten de nosotros como las hojas secas, pensar en volver a bailar, disfrutar de cada momento de sol, que todavía calienta, calentar el cuerpo y el espíritu con sus rayos, antes de que se vaya a dormir y se convierta en una débil bombilla en el cielo.
( Paulo Coelho )