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Mecánicos del infierno… Tiempo para aprender.

   Los mecánicos son como los médicos… necesitas confiar en ellos y percibir de forma clara que saben lo que hacen cuando le tocan las tripas a tu querida máquina.
    En la antigua casa de mis padres y abuelos, el taller de mecánica de mi abuelo Alejandro era mi patio de recreo diario y lugar predilecto de veraneo.
   Con mi padre de principal maestro, la mecánica dejó de asustarme para pasar a cautivarme, y poco a poco mi mesilla de noche se fue convirtiendo en improvisado banco de taller y almacén de innumerables cachivaches que me quitaban el sueño.
   Comprender como funciona la máquina que pilotas, forma parte de los conocimientos básicos para cualquier piloto. Cuando más sabes sobre su funcionamiento y dinámica, más mejorará tu pilotaje, y aprenderás a extraer el máximo rendimiento de sea lo que sea lo que tus manos conduzcan. Dedicación, método y tiempo es todo lo que necesitas.

   Si se trata de una moto, este aspecto del aprendizaje es aún más necesario y marca la diferencia entre los buenos pilotos y los excepcionales, aquellos cuyos nombres no se olvidan y que permanecen  durante generaciones, en la mente de cualquier aficionado.

   Todos los moteros tenemos el mismo problema.  Las historias de chapuzas sufridas en nuestras carnes y bolsillos circulan entre las tazas de café de cualquier reunión motera… Encontrar buen mecánico hoy en día es casi como la búsqueda del elixir de la vida eterna.
   La buena noticia es que mi “pequeña” y naranja KTM ya tiene “pediatra” nuevo y creo, por lo bien afinada que ha quedado, que tengo un buen mecánico en mi agenda para mucho tiempo.

(El salón “ideal” para cualquier motero de corazón…)
 ∼
“Hubo una vez un tiempo, en que había
tiempo para perder el tiempo…”
(Dedicado a mi familia motera, amigos moteros y a ELLA en especial.)

San Valentín 2012… Ritmo sereno.

   Un nuevo día  de  “San Valentín” se cae del calendario. Si me estás leyendo y eres de esas personas que solo se acuerdan del amor en este día, siento tener que decírtelo pero…
                   …lo tuyo no es amor.
   
   Muchas parejas se han quedado por el camino. Otras simplemente se soportan durante todo el año y se mienten con regalos por “San Valentín”, como si el pobre santo pudiera hacer algo por ellos desde su tumba.
   Para los que aman bien, quieren mejor y se apasionan a diario con sus parejas, mi más sincera enhorabuena. Esta entrada en mi blog es para todos ellos… mi humilde regalo de San Valentín.

 ∼

Ritmo sereno

El corazón tiene su ritmo… los años

nos enseñan a escucharlo.

(JMPA Pink Panzer para Pury, inseparable compañera de amor en nuestro viaje.)

  Es hora de reflexionar. Revisa tu presente, tu pasado y la letra pequeña con que escribiste el contrato de tu historia. Si en tu reflexión de hoy encuentras corazones que son capaces de hacerte feliz, no los maltrates dejándolos olvidados en un rincón… pues el pasado, muchas veces se vuelve rebelde y regresa para reclamarte y llevarse a las profundidades de la tierra, todo aquello que pesabas que era tuyo, que estaba seguro a tu lado… que nunca se marcharía. El futuro entonces se vuelve negro y mancha el presente, como el petroleo que ensucia nuestras playas…
 ∼
Ciertos pensamientos son plegarias. Hay
momentos en que, sea cual fuere
 la actividad del cuerpo, el
alma está de rodillas.
 …·:·…

La máquina del tiempo… Pan con chocolate negro.

10 años cumplía en este verano de 1972.

   En esta vida, lo que por separado quizás no tenga un valor más allá de lo común, cobra un especial significado cuando, sin saber muy bien como ocurre, disparan resortes ocultos en lo más profundo de la memoria.

 

     Estábamos Pury y yo de compras en el “Mercacoña” (me divierte llamarlo así…) y una tableta de chocolate negro fue una de las cosas que llenaron nuestra cesta, justo a lado de una bolsa con una variedad de pan rústico que hace poco tiempo descubrimos y que, después de probarlo,  ya es el pan nuestro de cada día”.

 
  
    Por la tarde, en esa hora en la que el estómago me recuerda la teoría de los agujeros negros, me fui de expedición a la cocina y cuatro onzas de chocolate negro con un buen trozo de pan rústico fue mi botín.
 
   Dos o tres segundos fueron más que suficientes. Chocolate y pan se mezclaron en mi boca y la más extraordinaria máquina del tiempo que conozca el ser humano, se puso  en marcha aquel día.
La casa de mis abuelos… la casa de los Ardao.

   En segundos retrocedí con mis recuerdos cuarenta años atrás. Desde Tenerife me “teletransporté” como si fuera el Capitán Kirk a mi Pontevedra natal, al segundo piso de nuestra  casa familiar, una preciosidad construida en piedra gallega, donde mi madre, como todas las tardes, me daba la merienda… pan gallego con chocolate negro.
   Los recuerdos se mantienen vivos dentro de nosotros esperando su momento para emerger a la superficie, como el Octubre Rojo, saliendo a flote desde las aguas heladas del mar del norte. Después de días eternos de navegación, las escotillas se abren para dejar entrar aire puro en sus pulmones de acero.
   Somos fieles a la alianza con el pasado, quizás sea esa la reflexión de hoy… que llega desde el mi ayer más profundo. 

Octubre Negro

Octubre rojo y negro
Frío, vacío impar
sin nuestro reflejo
en su mueca de acero.
(JMPA Pink Panzer)
Placer del chocolate
Un cuadrado oscuro de chocolate
tiene para los dientes
el mismo efecto sensual
que el lodo en los pies traviesos de la niñez.

En la lengua, la densa materia oscura
suelta salivas en rojos cauces.
El chocolate se disuelve en dulce espeso fango
cuando lentamente se acarician los bordes
hasta que la tableta en la cavidad cálida
suelta aromas, recuerdos y flores
en las distendidas papilas.


Ríos de chocolate
atraviesan encías y resquicios dentales
y el placer – que uno sabe fugaz –
da sus vueltas atrapado en la boca.
Devoro chocolate ahora que no te tengo
para, lí­citamente y sin culpas,
abandonarme al erotismo.

Comiendo chocolate pienso en tu piel a mordiscos
pienso en tus piernas
tus pies
pienso en los manjares suculentos
de la vida.

El consumo del chocolate aumenta la libido, aleja la depresión y ayuda al corazón