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Días rotos… Peón blanco de Pink.

“Cuenta la leyenda que en el Reino de Korps, siete tablones de su embarcadero mutan en velero de mástil guerrero y cada cuarta noche del dios Marte, parten navegando en busca del azul horizonte de hielo… y vencidos por la distancia y el frío intenso, regresan al alba bajo mis pies, descalzos de culpas y miedo inmortal…”

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Time to dance… Pídeme más…

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– Ahora pídeme más –

El alfil negro de mi padre

cortando raudo el tablero.

Las manos de mi madre

diciéndome “te quiero”.

La primera noche rompiendo el cielo…

todo ya era poesía enredada en tu pelo.

Aquella curva imposible

de mi mano en tu pecho

El perfume de tus ojos

aún con los míos cerrados

hoy me llega, me atraviesa

en tus alas de impaciencia

filtrándose por mi costado,

creando ríos desbordados

bebiendo amor despiadado.

Todo son retazos de recuerdos

ilusión de felicidad entrecortada

breves y brillantes momentos

de ternura en destellos congelada.

Solo es tiempo y el tiempo es nada

y nada nos queda…         

           cuando todo se acaba.

(JMPA Pink Panzer Yorch in Love)

   Solo los más allegados saben que en mi juventud, estuve a punto de entrar en una academia de danza clásica. No me arrepiento de mis decisiones, pero es indudable que, hoy en día, mirando hacia atrás siento una curiosa nostalgia por ese universo que podría discurrir paralelo al mío, con un Yorch Nuréyev, entre “Arabesques, Glissades y Grand Jetés”.Danza bailaria pie punta

   En aquellos tiempos, Yorch era el orgulloso hermano de dos jovencitas bailarinas en una prestigiosa escuela de danza. En cierta ocasión, su profesor confesó a mi madre que necesitaban formar a un bailarín y físicamente, yo reunía las condiciones que él exigía para el puesto. Recuerdo la conversación con mi madre al estar mi padre en Italia… muy lejos y sin móvil (ni se había inventado). Había que decidirse y no había tiempo para esperar su regreso. ¿Que se podía esperar de un chaval reventando de hormonas y que en esos años era miembro del equipo de atletismo de un colegio solo para chicos… y lleno de sotanas negras?.

   Recuerdo una representación de El Cascanueces de  Piotr Ilich Chaikovski . Me recuerdo zambulliéndome en aquella emocionante opresión de un abarrotado patio de butacas en el Teatro Principal; mis hermanas brillando en el escenario ante su boquiabierto hermano, el aroma a linimento, excitación y nerviosismo entre bambalinas en el intermedio de la actuación. También me quedaron grabadas las muy exigentes indicaciones de aquel alto, moreno y fibroso profesor de baile al que solo le faltaba el látigo acompañando a su perenne sonrisa…

   Bueno, los recuerdos se mezclan con la voz de mi madre sentada al borde de mi cama. La poesía nacía con cada una de sus palabras, escondidas, atesoradas bajo mi almohada de alocado adolescente. A pesar de los sabios consejos de mi madre, opté por correr como una condenada liebre en vez de saltar y brincar como una grácil gacela.  Añoro los consejos de mi madre y no, no me fue mal pero la sigo echando de menos. Se fue demasiado pronto y es algo que nunca perdonaré al maldito dios en el que ella confiaba. El trabajo me convierte en una máquina y la poesía libera mis sentimientos, una vez más. Y ahora, si no has tenido suficiente… pídeme más.

(JMPA Pink Panzer Korps – Mezclando sentimientos.)

“Solo creería en un dios que sepa cómo bailar.”

(Friedrich Nietzsche)

El buen pastor… El buen francés…

Martin Niemöller (1892–1984), un cura protestante de la Alemania de Hittler, en uno de sus sermones en la Semana Santa de 1946, dijo lo siguiente ante sus atentos feligreses:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.”

   En su pequeño pueblo muy cerca de Cabrales y de cuyo nombre no debo acordarme, a Colás, el pastor, también lo conocían por sus apodos de “Colanas” (juego de palabras con la “lana” de sus ovejas) y por su no menos conocido “El Colas”, sobrenombre concedido por méritos propios, según atestiguaban los miembros de su pandilla que, aprovechando aquellos baños sin ropa ni vergüenza que les tapase, se dieron durante un par de largos veranos en las pozas de agua cristalina del río Casaño.Desfiladero del rio casano Puente Pompedru
Los ojos como platos por el asombro de aquellos jóvenes zagales y su juvenil incontinencia verbal, solo hicieron acrecentar la merecida leyenda de “El Colas” (sin acento, les aclaro) entre la población femenina del lugar.

   Colás se dedicaba al pastoreo de ovejas desde que a los trece años, su padre, marinero ocasional y pastor por amor, se muriese en medio del monte de un fulminante infarto de corazón. Stian, que así se llamaba su padre, lo encontraron una semana después de fallecer, gracias a que uno de sus perros llegó solo y hambriento al pueblo. Allí acabó la historia de “El Sebas” (otra vez los del pueblo… Stian se transformó en Sebastian… el Sebas), un rubio y fornido noruego de casi dos metros de altura que desde el puerto de Gijón, ascendió a la comarca de Cabrales detrás de las faldas de la hermosa Raquel, su esposa poco tiempo después y nueve meses más tarde, la madre de Colás, el protagonista de esta historia.

   Colás le sacaba más de una cabeza a los dos Guardias Civiles que le llevaban esposado camino del cuartelillo… El destino quiso que, en la lejana Noruega, una tía suya le dejara una más que importante suma de dinero y propiedades. Matías, el único cartero del pueblo y sobrino del alcalde, fue el encargado de acercarse con el aviso del Notario en la alforja, hasta los lejanos pastos donde Colás cuidaba de algo mas de novecientas ovejas. Tres días de viaje a pie o un día a caballo saliendo bien temprano, esa era la forma de medir las distancias en aquellos años y por aquellos páramos. Fue Fabián, el herrero, el que cedió a su yegua recién herrada, para que el cartero pudiera subir a las frías brañas, donde las ovejas pastan todos los años antes de la llegada del inverno.

Lago 2001 Mujer agua   Matías el cartero, no iría solo al encuentro. Compartiendo el lomo de la yegua del herrero, le acompañaba Yago, amigo y compañero de Colás en el cuidado del rebaño y que, por orden del patrón, se quedaría para sustituirle. A lomos de la dócil “Patucas” llegaron a los corrales de Breñas Altas rozando el anochecer. Los perros anunciaron con sus ladridos la llegada de los intrusos y Colás, escopeta en mano, salió del cobijo de la pequeña cabaña para recibirlos, contento y extrañado a partes iguales al reconocer a los integrantes de semejante pareja.

   Matías, acostumbrado durante largos años a la buena vida pegado a las faldas de su tío el alcalde, tenía una pronunciada y fofa barriga y menos aguante que un puente de tizas. Después de darle a leer la carta del Notario de Gijón y ponerle al corriente de los planes de regreso al pueblo, Matías se dedicó a pulirse el solito la sartén de migas con chorizo que tenía Colás para la cena. Entre cucharada y cucharada, no dejó de recordarle que su tío (el alcalde) se ocuparía de todo y le ayudaría en cualquier trámite o gestión relacionado con el cobro de su herencia.

   Goyu (Gregorio) y Feru o el Ferrubio (Ceferino el rubio), fueron siempre uña y carne. Amigos con todas sus letras. CompañerosCasaño baños inseparables de pandilla, escuela y aventuras, para acabar siendo la pareja de guardias civiles que, cabizbajos por la calle central del pueblo, acompañaban a Colás el pastor, ahora en su incómodo papel de detenido, muy incómodo para él pero aun más vergonzoso para sus dos amigos.

   Despachada la sartén de migas, Matías fue el primero en probar el jergón relleno de paja y echarse a dormir. Colás y Yago, después de ponerse al corriente de las últimas noticias del pueblo, acompañaron al flojo de Matías, que ya navegaba a toda vela entre sueños y ronquidos dignos del mejor de los rocinantes.

   Cuando a la mañana siguiente Matías recuperó la consciencia , se encontró solo en la cabaña… No tuvo que esforzarse en buscar mucho, pues en la trasera del establo adyacente, en el almacén y refugio para los corderos recién nacidos, se encontró a Yago de rodillas ejecutando un perfecto y madrugador francés, sobre la afamada herramienta de su buen amigo Colás… y Matías, el imprevisible Matías, retrocedió sin hacer ruido, mascullando la valiosa información obtenida, grabando la escena en su memoria, con la palabra “traición” taladrando su cerebro.

   Malos tiempos aquellos para estrenar en España la versión pastoril de  “Brokeback Mountain” . En el año 1954, la Ley de Vagos y Maleantes ya fue modificada para incluir a los homosexuales y cualquier pobre incauto que se les pareciera. Con o sin pruebas, bastaba solo la mera denuncia/sospecha para verte envuelto en una auténtica pesadilla.

   Matías, sentado sobre la yegua a la espalda de Colas, deshaciendo ya el camino de regreso al pueblo, no perdió el tiempo en poner precio a su silencio. Pero su silencio era de ida y vuelta y Colás lo sabía. Le contestó con un evasivo “ya hablamos en el pueblo” pero fue Matías quien habló primero. Su tío, el alcalde y cacique del lugar, no sopesó el alcance de su denuncia intentando presionar por no decir extorsionar al pobre Colas, y todo ello para que le cediera el control como administrador de su reciente y nórdica fortuna.

   Tras pasar tres días incomunicado en el cuartelillo de la Guardia Civil, las gestiones en secreto de Fabián (el herrero) con el Notario de Gijón dieron lugar al traslado de Colás a la capital. Un año después, tras la laboriosa intervención del más prestigioso e influyente bufete de abogados de la ciudad, con el apoyo de varios abogados del despacho de Garrigues en Madrid, Colás salió en libertad, absuelto, si, que no en paz y rico, muy muy rico.

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   Colás nunca fue homosexual. A él le encantaban las chicas y algunas mozas del pueblo y de la capital jamás podrían olvidarlo. Esto no le impidió disfrutar con total normalidad de las atenciones de algún buen amigo como Yago, o ser “cortejado” por el traidor de Matías dando calabazas a muchas de sus insinuaciones.

   Diez años más tarde, Colás apareció por primera vez en el pueblo desde su salida de la cárcel. Por carta y teléfono mantuvo el contacto con muy poca gente. Con Fabián su salvador, el buen herrero que le ayudó en el peor momento de su vida. Con Yago, por supuesto, y con la bella Raquel, hija del panadero y ahora su mujer, con la que se veía en secreto en Gijón apenas dos o tres veces al mes, gracias a los estudios que él mismo financiaba para ella, de acuerdo claro está, con su padre, el panadero, un hombre que nunca dejó de confiar en Colás y que consiguió engañar durante años a casi todo el vecindario por su hija. ¿Ya se dieron cuenta de que la hija se llamaba Raquel, como la madre de Colás? Bueno, pues así fue y esa es otra historia que tendría que contar… el panadero.

   El pueblo entero estaba revolucionado. Muchos pasaban el día deshaciéndose en disculpas por su silencio, por no haber levantado la mano en su ayuda, por mirar hacia otro lado, por llevarle esposado por la calle… Seré breve. Matías se moría por abrazar a su viejo amigo recién llegado. Por eso aceptó sin vacilar la invitación de verse a solas con Colás en la trastienda de la herrería. Fue verlo y correr hacia él para casi fundirse en un desigual abrazo, por altura, por la barriga de Matías y por los continuos “perdóname” que salían de aquellos labios que aprovechaban la cercanía del abrazo para besar todo cuanto se ponía a su alcance.

   Y con Matías en pleno éxtasis expiatorio de culpas, Colás lo giró vigorosamente inclinándolo sobre una bala de paja. Sin decir palabra, le bajó los pantalones, se enfundó la herramienta y de un solo empujón dejó al todavía cartero del pueblo, con el buzón a punto de reventar con tanto “correo”.

Algo hermoso en tus ojos... Noche blanca.

   ¡¡¡Ouuohhhh siiiii,siiiii !!! Fabián el herrero, escuchando atento detrás de la puerta, supo que era el momento convenido y al Señor Eusebio, que esperaba extrañado en la pequeña oficina de la herrería, le dijo: “pase señor cura, Colás le están esperando en la trastienda…” Don Eusebio entró al granero para acto seguido, alucinar casi místicamente con aquella bizarra escena, aderezada por la “banda sonora” del pleno y brutal orgasmo de Matías, que con la cara enterrada en la bala de paja por los fuertes brazos de Colás, solo pudo escuchar como este pronunciaba… “Buenas tardes Don Eusebio, creo que Matías necesita una muy larga confesión… y usted imagino que también. Enseguida se lo mando”.

   Se me olvidó comentarles que Matías, mucho antes de ser cartero, ofició de monaguillo en la iglesia del pueblo, y a plena satisfacción del señor cura… Y aquí debo de concluir esta historia. Mi amigo Colás es feliz y hace feliz a mucha gente. Nombres, lugares y situaciones se han cambiando con el único fin de preservar la privacidad de los protagonistas, que habrán podido existir… o tal vez no, dado el serio trastorno mental que sufre quien les escribe… o no.

“A la montaña no se va a competir,
sino a aprender;
hay que leer mucho”
(Juan Luis Arsuaga).

Más quiero de ti... Juego de dos.

Llega un momento en que el invierno arrecia y debemos elegir quien ocupará nuestro corazón. Expulsar a quien me hace daño y dejar dentro a quien me da calor…

( La frase no puedo firmarla pues no es enteramente mía. La he construido a partir de la entrada del hermoso blog de Awilda Castillo y algunos de los comentarios que suscitó su entrada… pero me gusta mucho su mensaje, mi mensaje, el que me da calor… y así lo expreso.)

Escrito en mi ADN… amor por el motociclismo.

   Un estudio realizado por la aseguradora inglesa Bennetts, utilizando una muestra importante de individuos (yo no salgo, no tenían mi teléfono…), nos asegura que el deseo de pilotar/conducir una moto, está escrito en el ADN.   Con la ayuda de un psicólogo, el estudio ha demostrado que los motociclistas tienen una predisposición genética para la desconocido. Lo que pone de manifiesto una tendencia a un comportamiento impulsivo, exploratorio y facilidad en la asunción de riesgos.


 
   La psicólogo Donna Dawson (EE.UU) dijo de los resultados:   “Los psicólogos saben desde los estudios sobre gemelos que hasta un 60% de los rasgos de la personalidad se hereda, sin embargo, el medio ambiente, en forma de educación y de oportunidades, también tiene un papel que desempeñar.

   Nuestra investigación nos dice que la mayoría de los motociclistas fueron inducidos a su modo de vida a través de un familiar, y que todas las cuestiones relacionadas con la personalidad tienen un importante carga genética (tales como ser amante del riesgo). Y también está mas que clara la vinculación emocional del motociclista con su moto.

   No cabe duda de que el amor por el motociclismo, no es una simple afición pasajera en la vida. Su compromiso con la máquina y el entorno similar del que se rodean, lo convierte en una actitud ante la vida, y un modo muy característico de vivirla.”

   Entre muchos aspectos curiosos, los resultados han descubierto que un 72% de los motociclistas tienen rasgos comunes asociados con el gen Ns”, que está relacionado con la capacidad de asumir riesgos (tengo sobredosis de este gen…).

Mi bota con sobredosis de gen motero….

Un 71% tiene un bajo umbral de aburrimiento y el 69% tiene reacciones espontáneas por encima de lo habitual.
   El 68% de los motociclistas fueron inducidos a su afición por un miembro de su familia inmediata (aquí están mis comienzos…), un 9% por una tía, un tío o un primo y un 8% por un abuelo.

   Una conclusión muy interesante es que la moto puede definir a la persona, y esto se demostró en casi tres cuartas partes (73%) que admiten que su moto define quiénes son.
   Hasta un 62% dijo que no podía vivir sin su moto, y otros incluso revelaron que ellos consideran su moto un miembro de la familia (61%), o una extensión de su personalidad (70%). 

La moto; una extensión de mi personalidad.

  Bien, llegado a este punto poco queda por decir. La moto puede ser poesía en movimiento… y si esto te extraña, entonces es que no me conoces en absoluto.

“Desayunar fuerte porque esta noche cenaremos en el infierno.”

(Leonidas – 300 🙂

El dolor de la piedra… naciendo en Pontevedra.

   El crucero de la Plaza de la leña, es uno de los más recordados entre las gentes de Pontevedra.

   En el mismo lugar y llevados por una muy antigua tradición,  bautizaban al “non nato” pues, sus futuras madres, cuanto aún lo tenían en su vientre, realizaban este acto para que llegara a buen término su nacimiento.
   Una ciudad de piedra y agua que, como manos expertas de alfarero, moldea al barro por sus calles… Y pegado a sus pies, un poco de aquel barro nacía en Pontevedra un lejano verano de 1962. Todo en la vida es un jirón en el aire. Más tarde, cuando solo quede el aire, llegará el silencio y la solución a todo este misterio.

 ∼
– El Misterio Desvelado –
El barro esconde mis deseos
y en sus múltiples formas
entre mis manos
cobra vida
mientras mis ojos,
 atentos al asombro
de tu imagen perfecta,
siguen hipnotizados
por el barro untuoso
que en su húmeda locura
gira veloz, en su torno
 prisionero,
copiando sin censura
tu sonrisa        
           tu figura…
todo tu ser pleno de ternura,
mujer de ensueño,
en mis raíces
prendida.
 
Y eres
tus formas
tu cuerpo entero
tu alma con la que lleno
el cántaro de tierra
agua y fuego,
como un niño
con su juego más preciado
su tesoro más secreto
su misterio,
de amor moldeado,
por el barro desvelado 
en las manos
de este humilde alfarero.
(JMPA Pink Panzer para ELLA, dulce amor en un banco de piedra) 

 
EL  CRUCERO  DEL  CAMPILLO

En la cruz una angustia
revivida.
Fecundo es el dolor labrado en piedra,
a la sombra del templo.
Idealidad: el mar en lejanía.
El cristal de la brisa marinera
es una queja hiriente
en la calleja.
Estancia del silencio: inflada nube.
La ceguera de árboles sin huerto,
en breve campo: angustia de la hierba.
¿Llanto en la soledad?
Árboles, nubes
y mar que no se agita.
(Cristal de madrugada,
en los mares sin viento).
Todo en la vida
es un jirón del aire.

El dolor en la piedra:
tortura del misterio.

(Cándido Viñas Calvo – Poeta y académico de la Real Academia Gallega)

(Puente romano sobre el río Almofrey. Cotobade-Pontevedra)

Mecánicos del infierno… Tiempo para aprender.

   Los mecánicos son como los médicos… necesitas confiar en ellos y percibir de forma clara que saben lo que hacen cuando le tocan las tripas a tu querida máquina.
    En la antigua casa de mis padres y abuelos, el taller de mecánica de mi abuelo Alejandro era mi patio de recreo diario y lugar predilecto de veraneo.
   Con mi padre de principal maestro, la mecánica dejó de asustarme para pasar a cautivarme, y poco a poco mi mesilla de noche se fue convirtiendo en improvisado banco de taller y almacén de innumerables cachivaches que me quitaban el sueño.
   Comprender como funciona la máquina que pilotas, forma parte de los conocimientos básicos para cualquier piloto. Cuando más sabes sobre su funcionamiento y dinámica, más mejorará tu pilotaje, y aprenderás a extraer el máximo rendimiento de sea lo que sea lo que tus manos conduzcan. Dedicación, método y tiempo es todo lo que necesitas.

   Si se trata de una moto, este aspecto del aprendizaje es aún más necesario y marca la diferencia entre los buenos pilotos y los excepcionales, aquellos cuyos nombres no se olvidan y que permanecen  durante generaciones, en la mente de cualquier aficionado.

   Todos los moteros tenemos el mismo problema.  Las historias de chapuzas sufridas en nuestras carnes y bolsillos circulan entre las tazas de café de cualquier reunión motera… Encontrar buen mecánico hoy en día es casi como la búsqueda del elixir de la vida eterna.
   La buena noticia es que mi “pequeña” y naranja KTM ya tiene “pediatra” nuevo y creo, por lo bien afinada que ha quedado, que tengo un buen mecánico en mi agenda para mucho tiempo.

(El salón “ideal” para cualquier motero de corazón…)
 ∼
“Hubo una vez un tiempo, en que había
tiempo para perder el tiempo…”
(Dedicado a mi familia motera, amigos moteros y a ELLA en especial.)

La máquina del tiempo… Pan con chocolate negro.

10 años cumplía en este verano de 1972.

   En esta vida, lo que por separado quizás no tenga un valor más allá de lo común, cobra un especial significado cuando, sin saber muy bien como ocurre, disparan resortes ocultos en lo más profundo de la memoria.

 

     Estábamos Pury y yo de compras en el “Mercacoña” (me divierte llamarlo así…) y una tableta de chocolate negro fue una de las cosas que llenaron nuestra cesta, justo a lado de una bolsa con una variedad de pan rústico que hace poco tiempo descubrimos y que, después de probarlo,  ya es el pan nuestro de cada día”.

 
  
    Por la tarde, en esa hora en la que el estómago me recuerda la teoría de los agujeros negros, me fui de expedición a la cocina y cuatro onzas de chocolate negro con un buen trozo de pan rústico fue mi botín.
 
   Dos o tres segundos fueron más que suficientes. Chocolate y pan se mezclaron en mi boca y la más extraordinaria máquina del tiempo que conozca el ser humano, se puso  en marcha aquel día.
La casa de mis abuelos… la casa de los Ardao.

   En segundos retrocedí con mis recuerdos cuarenta años atrás. Desde Tenerife me “teletransporté” como si fuera el Capitán Kirk a mi Pontevedra natal, al segundo piso de nuestra  casa familiar, una preciosidad construida en piedra gallega, donde mi madre, como todas las tardes, me daba la merienda… pan gallego con chocolate negro.
   Los recuerdos se mantienen vivos dentro de nosotros esperando su momento para emerger a la superficie, como el Octubre Rojo, saliendo a flote desde las aguas heladas del mar del norte. Después de días eternos de navegación, las escotillas se abren para dejar entrar aire puro en sus pulmones de acero.
   Somos fieles a la alianza con el pasado, quizás sea esa la reflexión de hoy… que llega desde el mi ayer más profundo. 

Octubre Negro

Octubre rojo y negro
Frío, vacío impar
sin nuestro reflejo
en su mueca de acero.
(JMPA Pink Panzer)
Placer del chocolate
Un cuadrado oscuro de chocolate
tiene para los dientes
el mismo efecto sensual
que el lodo en los pies traviesos de la niñez.

En la lengua, la densa materia oscura
suelta salivas en rojos cauces.
El chocolate se disuelve en dulce espeso fango
cuando lentamente se acarician los bordes
hasta que la tableta en la cavidad cálida
suelta aromas, recuerdos y flores
en las distendidas papilas.


Ríos de chocolate
atraviesan encías y resquicios dentales
y el placer – que uno sabe fugaz –
da sus vueltas atrapado en la boca.
Devoro chocolate ahora que no te tengo
para, lí­citamente y sin culpas,
abandonarme al erotismo.

Comiendo chocolate pienso en tu piel a mordiscos
pienso en tus piernas
tus pies
pienso en los manjares suculentos
de la vida.

El consumo del chocolate aumenta la libido, aleja la depresión y ayuda al corazón

Algo de mí se queda… Algo de vosotros me llevo.

   Mi juventud mezcló en proporciones dispersas a lo largo de los años, mi pasión por las motos, el deporte, la ópera, la poesía, mi amor por ELLA… Lois Pereiro me llevaba cuatro años de ventaja en este loco mundo y por aquel entonces, su espíritu rebelde y anarquista me llegaba en pequeñas dosis hasta que, pocos años después de llegar a Tenerife, pude leer su  sobrecogedor trabajo “Poesía última de amor y enfermedad”… un año después de su publicación, el aceite de colza desnaturalizado, aquel sucio veneno que circulaba sin control por España, se lo llevó por delante como a tantos otros… y fueron muchos, demasiados.
   Algo de él se quedó dentro de mí. Y de todos vosotros, las personas que me quieren o me han querido, algo de vosotros me llevo, en este viaje sin retorno. 

Acróstico

Somentes
intentaba conseguir
deixar na terra
algo de mín que me sobrevivise
sabendo que debería ter sabido
impedirme a min mesmo
descubrir que só fun un interludio
atroz entre dous muros de silencio
só puiden evitar vivindo á sombra
inocularlle para sempre a quen amaba
doses letais do amor que envelenaba
a súa alma cunha dor eterna

sustituendo o desexo polo exilio
iniciei a viaxe sen retorno
deixándome levar sen insistencia
ó fondo dunha interna
aniquilación chea de nostalxia.

(Lois Pereiro)

Acróstico (traducción)
Solamente
intentaba conseguir
dejar en la tierra
algo de mí que me sobreviviese

sabiendo que debería haber sabido
impedirme a mí mismo
descubrir que sólo fui un interludio
atroz entre dos muros de silencio
sólo pude evitar viviendo a la sombra
inocularle para siempre a quien amaba
dosis letales del amor que envenenaba
a su alma con un dolor eterno
sustituyendo el deseo por el exilio
inicié el viaje sin retorno
dejándome llevar sin resistencia
al fondo de una interna
aniquilación llena de nostalgia.
  • ¿QUE ES GALICIA? 
    R.- Río: el Rumor de la vida, la Religión de las aguas. Las Risas surgen siempre donde Reina la calma, en la quietud profunda de quien conoce el Riesgo y lo domina. Rural: corre sangre rural por estas venas; y si alguna vez la Razón opone Resistencia, se Reconoce el gallego en la tierra, en la lenta vitalidad del árbol, en la invencible resignación de la hierba.
    (Lois Pereiro)


    “lo escrito se arrebata a la muerte”
    (Lois Pereiro)


La leyenda del uno por ciento… Live Free, Ride Free.

   En 1947la celebración del 4 de julio cayó en fin de semana. Durante aquel “weekend” en la ciudad de Hollister, California, igual que se hacía en otras muchas ciudades de Estados Unidos, se organizó una fiesta motera, con diversas carreras y espectáculos. La reunión-motera atrajo a muchos más participantes (más de cuatro mil) de los que la organización esperaba (no pensaban ni de lejos llegar a mil “invitados”), lo que supuso algo de ruido y jolgorio en la ciudad, pero nada que los múltiples bares y locales de comidas, copas y alojamiento no pudiesen asumir con mucha alegría para sus cajas registradoras.

   La leyenda empieza justo aquí. Un fotógrafo apuntó su objetivo a un “bandarra” cocido a base de cervezas y otras “hiervas”. Barney Peterson (así se llamaba el fotógrafo) entregó su reportaje al periódico Crónica de San Francisco para el que trabajaba y esta foto de la izquierda fue publicada poco después por Life Magazine y ya se armó el follón!!!.
  Catalogar a todos los moteros como borrachos pendencieros por una simple foto ayudada por una crónica exagerada de los hechos de Hollister fue coser y cantar para la prensa sensacionalista.
  La AMA (American Motorcycle Association), en aquellos tiempos algo así como el OPUS de las buenas costumbres Moteras y Americanas (hoy son otra cosa) dio a entender a la prensa del país que aquellos motociclistas representan (de forma claramente despectiva) el 1%  (uno por ciento) del total de los motociclistas norteamericanos.
   Así crearon, sin pretenderlo, la leyenda y Grupo Motero de los One Percenter. En aquel fin de semana, de entre más de 4.000 asistentes, solo se detuvo y encarcelaron a unos 50 de ellos. Solo hubo cerca de 60 heridos de los que 3 fueron de gravedad… nada del otro mundo.
    En un principio, los encarcelados, como gesto de oposición a la AMA, a las leyes y sus gobiernos decidieron crear y usar un parche con el nombre de su recién (y encarcelado) grupo… ONE PERCENTER. 

    Más tarde se extendió su uso a todos los que estuvieron aquel fin de semana y luego ya se convirtió en santo y seña universal… para los que se sienten como “Outlaws”, los fuera de la ley. 

   Esta fiesta-incidente motero fue la inspiración para una película clásica del motociclismo llamada “The Wild One – (Salvaje)” donde Marlon Brando personificó a “Johnny”, el líder de los BozzeFighters (Te real Wild ones) MC. En honor a la verdad, hay que resaltar que este motoclub aún en activo, no pertenece al movimiento 1% y promueve la coexistencia, amistad y buen rollito en general.
   
   Hay muchas historias de coches pero es indudable que las motos son otra cosa, tienen alma y ésta se une a la de su dueño cada vez que giras el contacto y pones en marcha su vibrante corazón… ese “uno por ciento” salvaje que vive dentro de cada motero de verdad.

“Es inútil hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.”

Mas que un sentimiento… alma solitaria.

En cada unos de mis pasos
 
El quejido de la madera
en la casa donde aprendí a esperar
el beso de la noche, al borde de mi cama.
 
Las conchas rompiéndose bajo mis pies,
el puerto, la arena, el mar…
Aquel mar de bruma siempre
vigilante de nuestros eternos
paseos de loca juventud.
 
Mis horas de soledad,
escuchando canciones
cerrando los ojos,
buscando intimidad…
 
Cada una de tus palabras
dándome aliento para seguir…
mientras tu imagen se alejaba
en la estación de aquel maldito tren…
 
En el banco de piedra… dueño de nuestros corazones.
En cada unos de mis pasos, 
los que me alejaban
de tus besos
y los que me traían
de regreso…
 
La música siempre estuvo presente
embelleciendo el momento
y grabando intenso
el recuerdo.
(JMPA Pink Panzer)

More Than a Feeling
I looked out this morning
Miré hacia fuera esta mañana
and the sun was gone 
y el sol se había ido
Turned on some music to start my day
 puse algo de música para empezar mi día
I lost myself in a familiar song
me perdí en una canción familiar
I closed my eyes and I slipped away 
cerré los ojos y me quedé dormido
 
It’s more than a feeling
es mas que un sentimiento
when I hear that old song they used to play 
cuando oigo esa vieja canción que solían poner…

(Boston – More Than a Feeling)

La cara oculta de una canción inolvidable para muchos de nosotros. 

Brad Delp,  esa voz inconfundible que nos explica como una canción puede atarse al recuerdo, dejó a su grupo Boston en 1990. Diecisiete años después, el 9 de marzo de 2007 lo encontraron muerto en el baño de su casa. La investigación determinó que se había suicidado inhalando monoxido de carbono. En el cuello de su camisa encontraron una nota que decía:

“Soy un alma solitaria”