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Mariprosa… el vuelo de Pink.

“Cuenta la leyenda que en el Reino de Korps, un barquero cruzaba palabras al otro lado del río. Durante el viaje, ebrias de amor, las palabras se unían para crear otras nuevas, extrañas, nunca pronunciadas, que nacían al rozar la orilla…”

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Je vole (Vuelo)

Mes chers parents je pars,
Je vous aime mais je pars.
Vous n’aurez plus d’enfants, ce soir.
Je m’enfuis pas je vole,
Comprenez bien je vole.
Sans fumée sans alcool je vole, je vole.

Queridos padres, me voy
Los amo, pero me voy
No tendrán sus hijos más al anochecer
No huyo, vuelo
Comprendan que vuelo
Sin fumar, sin alcohol

No Huyo, Vuelo…

    Con diecisiete años y después de 22 horas de viaje en tren, me enfrenté al primer granSILENCIO_amigos.jpg reto de mi vida. Éramos 13.000 aspirantes para rompernos los huesos peleando durante, tres largos días de pruebas por apenas 900 plazas en aquella fría Academia Militar, academia que muchos años después, para vergüenza de mucho General metido a político sin honor, perdería su lema escrito durante años por los alumnos en la falda del monte Constampla.

  El primer día, en la prueba de resistencia, mientras adelantaba en la pista de atletismo a jovenzuelos como yo que ya iban prácticamente al borde de la asfixia camino de la lejana meta, me di cuenta que aquel reto estaba allí esperándome y era alcanzable. Llegué el primero de mi tanda dando gracias a la buena genética de mis padres, maldiciendo a los curas por tanto tortazo sin sentido y agradeciendo a los mismos malditos curas que, observando mis aptitudes desde pequeño, las explotaran para convertirme durante tres cursos en un revienta trofeos en los campeonatos de atletismo entre los colegios de mi región… Aquella experiencia previa hizo que las durísimas pruebas físicas de selección fueran para mi casi una diversión. Gran parte de los aspirantes (aspirinos nos llamaban) se marcharon para su casa al final de aquel día.

   Pink october beyoneQue enorme contraste ver en aquella primera noche a muchos de los que dormían en mi barracón, cabizbajos, desilusionados, preparando su maleta antes de irse a dormir. Todas las pruebas físicas eran eliminatorias. Si no superabas una, te ibas a casa, sin más explicaciones, sin segundas oportunidades. Una carrera de resistencia, otra de velocidad (mi disciplina en el colegio), saltos, flexiones, lanzamientos, cuerdas, natación con salto de trampolín incluido, reflejos, equilibrio… Algunos participantes nunca conseguiré entender que demonios hacían allí y si en alguna ocasión habían jugado a algo que les hiciera sudar, aunque solo fuera un poco. Sin embargo, otros era buenos, muy buenos, tanto como algunos contra los que había perdido o ganado por los pelos en competiciones escolares pero entonces ¿de donde diablos salía aquel desconocido sentimiento que me hacía sentir tan mal con su derrota?
   El segundo y tercer día fueron más tranquilos. Allí ya quedaba mucha menos gente, siempre con el bolígrafo en la mano y el dni entre los dientes, de una sala para otra, rellenando cuestionarios psicotécnicos y exprimiendo las neuronas en varios exámenes de idiomas y conocimientos de todo tipo.No te hagas pedazos.jpg
   Veintidós horas casi eternas de regreso a casa sin ni siquiera saber el resultado de nuestro esfuerzo. Allí estaba yo, un verano de 1981 en la Alameda de mi ciudad, sentado en nuestro banco de piedra contándole a Ella mis cinco días de aventura cuando, a la carrera y casi sin resuello, un compañero de aventura me dice que, de los diez amigos que nos presentábamos de nuestra academia preparatoria, siete “estábamos dentro”, y yo era uno de ellos.
    La vida nos dio un vuelco. Todo y nada cambiaba a la vez. Apenas un mes y medio era el tiempo que nuestro amor tenía para rearmar sus defensas y afrontar años de duras ausencias que solo en nuestras cartas encontrarían motivos para el consuelo.
   Años de decisiones que, desde el primer día, me llevaron de cabeza al cuerpo de Ingenieros de nuestro maltratado Ejército de Tierra… pero eso, eso ya es otra historia.
(JMPA Pink Panzer Korps)
Geraldine Rojas y Pablo Veron - Una emocion

Necesito amor, danzar contigo cada noche. Te necesito amor, con el corazón en tus manos o en manos de la imaginación…
(JMPA Pink Panzer in love)

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El Arte de la Caricia… Ternura extraordinaria.

“Los aromas, son la llave de todos los sentidos”

(JMPA Pink Panzer Yorch – Pinking in love.)

   Bienvenido a esta historia, sea como fuere la forma en que hayas llegado. Para entender como germina esta complicada orquídea, deberías leer el comienzo de esta ficticia muestra de realidad trastornada… Aquí tienes unos muslos extraordinarios.

Si ya lo leíste, esta es la continuación… prometida.

   Tras una rápida y energizante ducha, mi amigo Waltery yo, con las toallas rápidamente viajando arriba y abajo por nuestras masculinas geografías, no hacíamos otra cosa que buscarnos con la mirada intentando encontrar el uno en el otro, una señal de alarma o recelo en nuestro semblante, señal que yo no percibí y que tampoco le mostré en ningún momento porque simplemente, no existía.

¿Preparado para nuevas experiencias, Pink?
Nunca se está suficientemente preparado, Walter – le contesté mientras intercambiábamos sendas sonrisas, con las toallas enrolladas a nuestra cintura y listos para terminar lo que tan exultantemente bien, habíamos empezado en la terraza.

love-respect   La primera sorpresa la encontramos nada más abrir la puerta del amplio dormitorio. Distribuido por el suelo y los muebles de la habitación, un pequeño ejército de diminutos vasitos con velas de colores iluminaban tenuemente la estancia, y como sacadas de una ilustración del manual “El Arte de la Caricia”, allí estaban ellas esperando. Pasados esos iniciales segundos de conmoción, solo teníamos ojos para las mareantes curvas de dos rutilantes cuerpos de mujer tendidos sobre el raso azul de aquella inmensa cama, únicamente ataviados con un leve foulard con el que se vendaron los ojos. El brillo sedoso de sus cuerpos titilando entre luces y sombras al ritmo de las llamas de las velas casi me hace pasar por alto la primera señal; El foulard de Ella, inconfundiblemente rosa y con el bordado de Roberto Verino en su extremo. Hacía al menos cinco años que se lo había regalado y no, en mi mundo las casualidades no existen…

   Aquella cama era una vieja conocida. Casi cuadrada, con más de dos metros de largo y ancho, Walter, mi buen amigo, la había comprado exactamente igual que la mía. A sus pies, junto a cuatro de aquellas atrayentes velas, reconocí uno de mis frascos de cristal con aceite aromático que uso en mis masajes… ¡Jazmín!, no podía ser otro, ¡que excelente elección! ¿Otra casualidad? Pues no, ya lo saben, las casualidades no existen.

tres-en-la-cama   Intercambiando una última mirada de complicidad con Walter, me inclino y tomo en mi mano el brillante frasco de aceite mientras dejo caer mi toalla al suelo. Frente a mi, un esbelto cuerpo de mujer me esperaba, aquel desconocido que, apenas una hora antes, con sus manos me torturaba sobre una colchoneta a la luz de la luna nueva. ¿Su nombre? Elsa.

   Como ya había hecho en tantas y tantas ocasiones, vertí un poco de aceite en mi mano para quitarle ese puntito de frío que tanto incomoda y sin perder un segundo le cedí la botellita a mi amigo que, cautivado como yo ante la visión de aquellos dos culos extraordinarios, copiaba mis pasos llenándose las manos y sus pies también, del aromático aceite.

el-blog-en-la-mano   Es algo indescriptible que necesitas vivirlo. Las palabras pueden dibujar la situación, personajes, contexto… pero ¿como transcribes unas sensaciones que ni tú mismo conocías que existían? La cercanía de nuestros cuerpos nos permitía gozar a la vez de la visión de aquellas dos seductoras hembras rebosantes de dulces feromonas. Con toda la delicadeza del mundo y sin ninguna prisa, empecé, mejor dicho, empezamos acariciando cada uno los tobillos de la mujer que la luna nos puso en aquella enorme bandeja de raso.

   El aroma a jazmín ya se había adueñado de la estancia. Cuatro manos viajaban sincronizadas por los cuerpos de nuestras preciosas mujeres, arrancando sus primeros suspiros a ciegas. Por instantes, parecíamos manejar el uno las manos del otro, como aquellos extraños seres controlados a distancia por  la mente de los humanos en la película de  Avatar. Pero la realidad era mucho más intensa. Eran mis manos las que subían por las piernas de Elsa al mismo tiempo que Walter lo hacía con Ella, con los mismos movimientos, la misma cadencia, casi sobre la misma piel enervada… Instantes de íntima fascinación compartida al borde mismo de la locura, instantes que ya están a fuego grabados en la memoria. Imposible ya olvidarlos.

  Super sexy gallega.png Me concentro en el recorrido del masaje. Subo mordiendo con los dedos la cara oculta de los muslos de Elsa hasta llegar a sus firmes glúteos, donde requiebro el movimiento buscando sus caderas e iniciar de nuevo el camino de regreso hasta sus tobillos. Con cada trayectoria de ascenso hasta las cumbres, unos labios jamás vistos por mis ojos parecían querer hipnotizarme, como pétalos de rosas hablándole al viento, jugando conmigo al escondite cuando mis manos movían sus nalgas… una y otra vez.

   La audacia ya se apodera de nuestra voluntad y anula cualquier atisbo de pudorosa resistencia. Una parte de mi cuerpo hace tiempo que tiene vida propia y no hace otra cosa más que explorar y tropezar en cada movimiento que hago. Tomo un poco más de aceite y de rodillas en la cama, con las piernas de Elsa en medio de las mías, avanzo un poco más y me deleito con su espalda y su nuca. A mi izquierda, Walter arranca un profundo suspiro de Ella, mi chica, a la que ataca con pequeños mordiscos en sus hombros y en su cuello… y también con su mano derecha saboreando la turgencia de su pecho. ¡Walter no pierde el tiempo!

tantragroup   Me siento sobre los muslos de Elsa y dejo que mis manos resbalen por sus hombros y brazos en cruz en busca de sus manos. Mi pecho se acerca, se une con su espalda y mi otro yo, duro como el dolor, quiere ya explorar sus rincones más húmedos y escondidos. Elsa “lo nota” y levanta rítmicamente sus nalgas golpeando mi pubis, lo que enerva aún más a mi ciego explorador, que a punto está de encontrar el camino a la gloria.

   En un rápido movimiento, Elsa se gira entre mis piernas, se quita el foulard de los ojos y los clava en los míos durante unos eternos segundos… abrazados, me besa levemente en la boca y sonríe con absoluta naturalidad mientras me susurra al oído – Pink, ponte de espaldas, déjame a mí encima, por favor…-

   Ella, -el amor de mi vida- y la roca de Walter ya ensayaban la letra y música de su propio “Love Story” en aquella cama llena de pasión. Los minutos pasaban y nuestras manos, nuestras piernas, aquí y allá tropezaban y nos tocábamos en una perfecta tempestad de caricias, giros, movimientos y posturas. “El Arte de Caricia” en su sexta lección nos enseña, “La caricia inesperada, siempre debe ser deseada”. Poco a poco, aprendí a diferenciar sus manos, aún con los ojos cerrados, entre gemidos y suspiros, con el corazón galopando en mi pecho, aún así, sabía de quien era cada caricia y todas, todas eran deseadas.

¿Pink, recuerdas el capítulo ocho, el símbolo del amor infinito? Me dijo Elsa mientras se elevaba con sus rodillas al costado de mi vientre y se dejaba caer suavemente sobre mí, hasta dejarme a la puerta de su pequeño paraíso.

   La visión de Elsa sentada sobre mis abdominales, era espectacular. Sus pechos eran algo más pequeños que los de mi niña pero perfectos en su forma, su tacto, blancos por la falta de sol en su piel sobre la que resaltaban dos guardianes bermellones tan duros en mi boca que podrían cortar el cristal de las ventanas. Walter, apenas a un metro de mi, no paraba de masajear y succionar con ruidoso deleite los hermosos pechos de mi niña que me sonreía con una pícara y excitante expresión en sus labios. No había duda de que los cuatro estábamos realmente muy coordinados.

“Siete veces llamarás a la puerta para poder entrar y romper el silencio”, ese es el capítulo ocho,- le dije a Elsa, lleno de frenético entusiasmo.
Pues ahí lo tienes, Pink, ya me tienes, mi cielo… llama a mi puerta, llama ya…

   Y de verdad que empecé a ver el mismísimo cielo cumpliendo su deseo. Una, dos, tres… apenas sentía el calor interior de su cuerpo y con cada gemido, Elsa estiraba un poco sus piernas hasta casi perder el contacto de mi miembro con sus húmedos labios… cuatro, cinco, seis… Cada vez lo hacía más lento y con cada intento, se mostraba más y más excitada. El siete vendría para romper el silencio y ¡vaya si lo rompió! Lentamente se dejó caer para clavarme por completo en su suave interior mientras un temblor recorría todo su cuerpo y desde el fondo de su pecho salía un poderoso y complacido grito de auténtico placer.

– Oh, siii ya, ya Pink, ya… – Me susurraba entre espasmos mientras yo intentaba no explotar dentro de aquel volcán de mujer, moviéndome adentro y afuera lentamente para prolongar en Elsa, toda aquella dulce agonía que tanto me complacía escuchar.

   Walter se giró hacia su mujer y con un sonoro y emocionado – Cariño, cariño…– la besó repetidamente en la boca , mientras yo alargaba mi brazo derecho buscando los pechos de mi chica y con el izquierdo acariciaba los de Elsa, que aún seguía arriba y abajo por el mástil de mi velero, disfrutando y haciéndome disfrutar.

   Los espasmos de Elsa cesaron y Walter regresó a un más loco de pasión sobre mi chica mientras su mujer, liberándome de sus entrañas, se acercó gateando, con sus pechos rozando mi cara y dejando finalmente, su brillante y depilado pubis al alcance de mi boca.

mil-manos-espalda   Era un deleite para todos mis sentidos. Mientras mordisqueaba sus pequeños y sonrosados labios, podía escuchar los gemidos de mi niña, arrancados por los potentes envites que mi amigo Walter le dedicaba en distintas y asiáticas posturas. Retorcía yo entre mis labios un clítoris que pasaba por allí cuando percibo que Ella, mi chica, a gatas y con Walter enganchado a sus caderas, se arriman por detrás de Elsa y toma entre sus manos a mi pobre bastón, que empezaba ya a languidecer por falta de estímulos. De inmediato noto su aliento, su lengua, sus dientes surcando mi piel más escondida. Yo y mi glande reventamos de ganas de ser suyos una vez más. El enésimo empujón de Walter hace que entre de golpe en la boca de mi niña y la locura se desatada una vez más. Ella sabe mejor que nadie como acabar conmigo y con su lengua haciendo diabluras, siento que voy a estallar en cualquier momento. Cinco, seis, siete… Walter sigue con su cadencia bien aprendida y Ella me suelta para estallar y derrumbarse sobre mis piernas en un brutal orgasmo que hace vibrar la cama. Walter se tumba sobre su espalda y sigue empujando y arrancando gemidos de placer a mi niña mientras intento concentrarme en el sabroso “lacasito” de carne con el que juega mi lengua desde hace un buen rato.

   El Arte de la Caricia, en su capítulo 12 describía, “En el amor, la ternura será el tercer sexo”. El libro parecía saber todo lo que allí ocurriría, incluso en este aparentemente complicado capítulo. Elsa empezaba a dar muestras de encontrarse a las puertas del cielo. Su vientre temblaba y su respiración entrecortada anunciaban su llegada. De improviso, noto como una recia mano acaricia primero y se agarra después, con exquisito tacto, de mi revolucionado escroto. Casi sin tiempo de reacción, otra boca que no era la de mi mujer se abalanza sobre mi pene y con una inexperta e indescriptible ternura, me abraza con sus labios y me hace desaparecer de este mundo… En milésimas de segundo decides lo que está bien, lo que está mal… Elegí el imperio de la ternura sobre cualquier otra cosa que me rondara la cabeza en aquel dulce instante… y eran muchas, creedme.

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   Yo intento confirmar mis sensaciones apartando un poco a Elsa para poder ver lo que ocurre tras el telón de su espalda, pero me sujeta con sus manos la cara y me ruega que siga, apretando su vulva contra mi cara. No tenía dudas pero, a veces, necesitas ver para creer. Bien, pues ya está, creo que “voooy” a explotar, lo noto, no aguantaré mucho más. La apabullante tormenta de sensaciones llegará para barrernos literalmente de gozo a los cuatro amigos. Elsa estalla en otro tremendo orgasmo sobre mi boca que no hace más que excitarme aún más y agarrándome a sus pechos, reviento al fin sin control en un enorme, largo y maravilloso orgasmo, mezclando mis aullidos con los gemidos de la gata que arañaba mis costados. En algún descontrolado empujón final, provoco que Walter se atragante y suelte su presa, pero aún con su mano siguió arrancándome electrizantes espasmos mientras él comenzaba a jadear y galopar ayudado por las caderas de mi preciosa niña. Juntos alcanzaron el clímax fusionando sus gemidos y quejidos con los fuertes espasmos de un Walter desconocido para mí, un Walter que no dejaba de acariciarme con su mano izquierda… con una ternura extraordinaria.

   La noche fue larga, fue inmensamente larga, tanto que duró más de un día… El manual del El Arte de la Caricia aún tenía un último capítulo pendiente pero, necesitaríamos el resto de nuestras vidas para cumplir con sus preceptos. En ello estamos, inventando caricias nuevas, ¿no es verdad, queridos amigos?

“Primero besas su mente, luego su cuerpo te sigue… hasta el fin”

    Nombres, situaciones y lugares han sido cambiados para que la realidad no se parezca en nada a lo que aquí me invento. La búsqueda de la verdad es algo íntimamente ligado a la condición humana. Nuestras comunicaciones son esencialmente inferenciales, es decir, que toda comunicación verbal consta de una parte codificada y de otra que es producto de inferencias, de ciertos procesos mentales que llevan a conclusiones, dependiendo del contexto en que son producidos. No es nada nuevo que oculto cosas entre mis letras y también es verdad que tu mente creerá encontrar pistas escondidas jugando con tus emociones y eso, eso es especialmente bueno. Disfruta de la vida, pues desgraciadamente, no tenemos más.

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La relatividad… Viento rebelde…

“Cuando cortejas a una bella muchacha, una hora parece un segundo. Pero si te sientas sobre carbón al rojo vivo, un segundo parecerá una hora.
Eso es relatividad”.

(Albert Einstein)

   Si no fuera por maxresdefault.jpgla divina palabra de Don Miguel de Cervantes, muchas historias como esta lo tendrían muy difícil para, simplemente arrancar…
   Dicho esto y finalizada la sección de agradecimientos, les diré que, en algún lugar que no era La Mancha y de cuyo nombre no puedo ni debo acordarme, seis hombrecillos vestidos de verde camuflaje intentaban hacer su trabajo bajo condiciones tan adversas como cambiantes.

   En aquella ocasión y por azares del “destino”, dejé de acariciar bombas para incorporarme a un equipo de transmisiones, especializado en el tendido de líneas telefónicas de comunicación. La línea entre el puesto de mando de “Jefecillos A” y el puesto que mandaba menos en “Jefecillos B” se había cortado en tres ocasiones y siempre en el mismo punto. El cable cruzaba obligatoriamente una estrecha carretera asfaltada que, a su vez, atravesaba un enorme y frondoso bosque que flanqueaba una pequeña población de medianías ya abandonada. Las dos primeras veces, fue el tráfico rodado, sobre todo camiones de transporte pesado los que nos reventaron la línea. La tercera vez nos jugamos el tipo y escalando unos árboles cercanos, conseguimos un tendido aéreo que nos duró funcionando exactamente dos días y medio. Una plataforma transportando una de nuestras máquinas retroescavadoras mandó a freír buñuelos nuestra obra.

Café contigo.jpg   Plano en mano y con la firme convicción de que encontraríamos una alternativa/solución a los problemas con la línea de los coj….es, observo que, unos cuatrocientos metros más arriba de donde el cable cruzaba la carretera, el mapa marcaba lo que parecía ser una posible escapatoria. Una pequeña vaguada con un antiguo colector de aguas “varias”, casi todo a cielo abierto que salía del pueblo cercano y cruzaba la maldita carretera.

   Dicho y hecho, recogemos en el parque de transmisiones el material necesario, radios, cable, baterías y unas buenas bolsas de comida en la cocina para no tener que volver al campamento para almorzar. Cargamos el Land Rover y en compañía de cuatro soldados salimos zumbando a ritmo de samba, gentileza mi amigo y compañero…vamos a llamarle  John. Volábamos por en medio del bosque con su ya clásico “Carlos Sainz Style” (ojo barro, se cierra, arrasssss), mientras los demás intentábamos mantener a duras penas el culo pegado al asiento durante algo menos de media hora de viaje, hasta llegar al punto donde el cable cruzaba el asfalto. Allí dejamos el vehículo con dos soldados a su cargo y el resto de “la peña”, con una pesada bobina de 250 metros de cable telefónico y el resto del equipo, tiramos monte arriba. 

 A veces pretendo ser normal.jpg  Poco más de una hora y media nos llevó localizar y limpiar la entrada escondida entre la maleza de lo que parecía un antiguo pero sólido paso subterráneo, con una composición mixta de grandes losas de piedra y cemento claramente envejecido. Aquí haré un breve paréntesis en el relato. Nuestro ejército, yo lo he vivido, ha sido vapuleado por opiniones, muchas veces hirientes, sin ni siquiera reconocer que solo éramos unos ciudadanos más, cumpliendo con la Ley. Una Ley, para mi injusta, que obligaba a ir a la “mili” a unos chavales sumamente cabreados que nos echaban la culpa de todo y con los que teníamos que trabajar a diario. Todos soñábamos con un ejército profesional, pero eso estaba en manos de los de siempre, los políticos. Dicho esto, entenderán nuestros motivos para entrar en aquel colector de aguas. Aquellos chavales tenían que volver a sus casas y a nosotros nos pagaban por aquel trabajo. Cierro paréntesis.

 snoopy-pink-panzer-yorch-gravatar  Con las linternas de cabeza, botas de pocero y cascos de protección, empezamos tendiendo el cable de la bobina entre nosotros dos, y así nos fuimos adentrando con mucha precaución hasta el punto en que apenas conseguíamos vernos el uno al otro. A los 10 minutos mas o menos, antes de la primera marca de 20 metros en el cable, el túnel gira a la izquierda y dejamos de ver la luz de la entrada. La espalda ya nos duele por la posición semiagachada a la que nos obliga la poca altura disponible y empieza a oler un poco mal… Les parecerá raro pero el ir asustando ratas de vez en cuando era sumamente tranquilizador, pues nos indicaba que no había problemas para respirar el poco aire disponible.

  
Debo aclarar que, el motivo por el que el trazado del túnel vaya en zigzag solo se debe a la
intención de los ingenieros de frenar la velocidad del agua dentro de la estructura en pendiente. A pesar de saberlo, no nos hizo ni la más mínima gracia aquella total oscuridad… Ya llevábamos más de 15 minutos gateando allí dentro y cada cinco, con un pequeño teléfono portátil, nos comunicábamos con los dos soldados del exterior, usando la misma bobina de cable que estábamos arrastrando. -“Todo bien, chicos, continuamos”. En cuanto desconecté el teléfono, escucho a John decirme con un tono preocupante…

– Yorch, se que me vas a matar pero ¡¡¡ya no aguanto más…!!!

– ¿Pero que coño estás diciendo, John? En mi cabeza, acostumbrado a tener todo bajo control, buscaba una solución a la mierda de acertijo de mi compañero, agachados como dos “Cuasimodos” en aquella jodida cloaca. ¿John con un ataque de pánico? ¿Agotado? me preguntaba yo al borde del pasmo…

– ¡Diosss mío, por mi santa madre, Yorch, lo siento, tío, ¡¡no aguanto más!!

   Aún resonaba el eco de sus últimas palabras cuando escucho con lógico estupor, un inconfundible bemol sostenido con toques finales de corcheas y semicorcheas interpretando un agónico “FuuUUuuUUffffrrrrbbfloprrr”… Pensé que iba a morir…!!! Las pocas ratas que aún estaban allí con nosotros, salieron del túnel a la carrera para vomitar a gusto… batí el récord mundial de apnea dentro de un colector con el agua por las rodillas (aún permanece imbatido) pero no me sirvió de nada porque, o respiras o te mueres… La nube tóxica era tan densa, que se podía ver flotar como la imagen de un fantasma atravesando la luz de nuestras linternas y lo juro por Snoopy que deseé con todas mis ateas fuerzas que aquel espectro fuera el mismísimo Ángel del Infierno y pinchado en su guadaña, me llevara muy lejos de allí. Afortunadamente yo no llevaba la pistola porque, si la llevo, a John le hago aquel día siete agujeros más en su culo cantor…

   Las tragedias, normalmente, no se dEntropia.jpgeben a un solo factor. Esta que hoy les relato no iba a ser una excepción. El potaje de la cena del día anterior sumado a que John siempre comía como si no hubiera un mañana, más una salida mañanera zumbando al trabajo sin pasar antes por su habitual visita al señor Roca letrina y la guinda del pastel, veinte minutos agachado comprimiendo los “bajos fondos” y activando el consecuente e incontenible tsunami de gas metano aderezado con múltiples y malignas partículas de carácter aromático…

   Llegamos al final del colector, claro que sí, porque de lo contrario, no les estaría contando esta historia. Algo más de 100 metros en tres zigzag con un pequeño sifón a medio recorrido y conseguimos sacar el cable por el otro lado de la carretera. La Ruta del Metano. Así la bautizamos y reflejamos en los planos. Aún nos reímos al recordarlo.
   Reír, sonreír; no hay mejor medicina contra las almas rotas, incluso en los peores momentos.

(JMPA Pink Panzer Korps)

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El masajista fiel… La decisión final de Sophie.

Cuenta la leyenda que en el reino de Korps, una crisálida no quiso ser mariposa. En su lugar, una poesía se convirtió en prosa y una verdad inquietante, en mentira piadosa…

( Pink Panzer Korps presents…Raising sun for Sophie. )

Raising sun for Sophie

Mujer en pie tul contraluz     Era de noche pero en aquella habitación, dos mujeres se bastaban para iluminar sus cuatro paredes, como si de repente, se hubiera hecho de día. Sus ojos brillaban como soles amaneciendo sobre el mar de nuestras islas. La señal me llegó cuando dejaron de llorar, con aquel abrasador beso capaz de fundir el hielo de mi nevera. Fue entonces cuando decidí dejarlas un momento a solas e irme sin hacer ruido a por unas cervezas…

   Nunca había sentido a Sophie tan profundamente unida a mi ser como en aquellos eternos segundos en los que, con aquella bata blanca que apenas conseguía contener sus pechos, me abrazó hasta que rompimos juntas a llorar. Como dos tontas nos quitamos las lágrimas de los ojos, la una a la otra, con nuestras manos, entre risas, entre caricias, con mis ojos clavados en los suyos…y toda ella en los míos.

– Espera, Greta me dijo con aquella voz que me hipnotizaba – Aún te queda una aquí…- y me besó en la mejilla estremeciendo mi nuca, mi espalda, mi alma. Con mi corazón totalmente desbocado, Sophie cerró aún más la distancia que nos separaba y puso sus labios al alcance de los míos, como rogando mi permiso para romper aquel milímetro de aire que nos separaba, el permiso que ya tenía desde el primer día que la conocí.

   La luz, la música, el universo entero desapareció cuando tuve su boca a mi alcance y la besé por primera vez en los labios. Fue entonces cuando sentí correr por mis venas aquella avalancha de sensual ternura con la que Greta me correspondía. Temblando como dos cometas al viento, con nuestros pechos intercalados en aquel abrazo que parecía no tener fin, me di cuenta de que la decisión estaba tomada y era la correcta. Los brazos de Greta no eran un refugio. Era Ella, toda ella era el refugio que yo buscaba, y sus brazos el balcón al que asomarme para ver el mundo, definitivamente, con otros ojos.

Pinker manus massage

Chicas ¿Estáis bien?, ¿Os apetece una buena cerveza y darle un poco de conversación a vuestro masajista? – Les pregunté a mis dos invitadas, asomándome al pasillo con tres 1906 Red Vintage en la cubitera… Si, lo presentía. La ocasión merecía dejarles espacio, tiempo y también mi mejor cerveza para celebrarlo y no iban a ser las únicas que disfrutaríamos aquella noche bajo dos nuevas estrellas.

Perdón, perdón, por favor, vente con nosotras que ya hemos abusado bastante de ti. – le dije a Yorch mientras Greta me ajustaba la bata con el travieso cinturón que, entre tantos besos y abrazos, se había caído al suelo.

– Trae esas cervezas que tenemos mucho de lo que hablar – Le dije casi al mismo tiempo que la puerta se abría, con aquellos pies descalzos sorprendiéndome una vez más con el silencio de sus pasos. La sonrisa de Yorch era de esas francas, de las que no te dejan dudas y si alguna le quedaba, no dejaríamos que duraran mas allá de dos cervezas…

   El trabajo de Sophie, productora y diseñadora de campañas publicitarias, la puso en contacto con la directora de una gran empresa europea de gimnasios exclusivos para mujeres. Durante el diseño de sus últimas campañas publicitarias para estos gimnasios, entre ambas surgió una buena amistad que llevó a Agnes, la directora, a ofrecerle la dirección del proyecto de apertura y gestión de uno de sus nuevos locales en las islas. Pero Sophie, que acababa de cortar su relación con el italiano, no se sintió con fuerzas de afrontar semejante reto y no aceptó.

Ellas unidas mujeres dos

Hace unos meses me lo volvió a recordar y mañana mismo voy a llamarla para aceptar. Se que espera mi llamada y por eso me atrevo desde ya a ofrecerte que trabajes conmigo. Si Greta acepta, me gustaría que los dos me ayudarais en esta aventura. Yo me encargo del tema económico con Agnes y tú te encargas en exclusiva del apartado de masajes, dentro de la sección de Salud & Wellnes que Agnes me explicó que desarrollan en sus centros deportivos…

   El ofrecimiento de Sophie me sorprendió pero acepté al momento. El reto era demasiado cautivador y no lo iba a dejar pasar. Greta estaba entusiasmada con la fulgurante velocidad de los acontecimientos pero nada, absolutamente nada salió mal de lo mucho que se acordó aquella larga noche. El trato incluía una tarde de masaje a la semana, enteramente reservada para ellas dos. No me sorprendió la especial “cláusula” de mi contrato y cuando el proyecto se convirtió en pujante realidad, aquellas tardes se convertían en pura terapia de grupo. En una de aquellas sesiones, ya con la noche llamando a mis ventanas, una última decisión se tendría que tomar. Muchos meses después de que todo empezara, ese “todo” comenzó de nuevo, una vez más… sobre una camilla de masaje.

– Yorch… Greta y yo queremos pedirte algo… Dijo Sophie con aquel tono seductor que tanto encandilaba a Greta…

– Vosotras me diréis, pero si es por cenar, me niego a pedir pizza otra vez…

– Esta noche, si no estás muy cansado, a las dos nos gustaría quedarnos y darte un masaje…y luego, si eso, ya cenamos.

Bueno, pues aquella noche si que me sorprendieron, o tal vez no lo hicieron y solo fue un sueño fruto del cansancio…

Han intervenido, por orden de aparición en este mundo:

– Soy Greta. Di mi permiso para que esta historia saliera a la luz. Soy parte de ella, y ella ya es parte de mi… y no hablo de la historia.

– Soy Sophie y mi historia no es solo mía. Las decisiones, igual que una simple y aislada gota de agua cayendo en un estanque, pueden provocar miles de ondas y con ellas alcanzar, arenas de lejanas y desconocidas playas.

– Y yo soy Yorch, Pink Panzer Yorch, el masajista escribano y fiel… fiel guardián de esta historia, hasta donde se puede contar.


Cuando tocas una guitarra, la magia sucede cuando en vez de sonidos, le arrancas lamentos a cada una de sus cuerdas.

(JMPA Pink Panzer Yorch)

El masajista fiel… La decisión de Sophie, 2ª parte.

“El amor es para el niño lo que el sol para las flores; no le basta el pan: necesita caricias para ser bueno y fuerte”

(Concepción Arenal)

Pink Panzer in Korps… Para entender la Historia de Sophie (aquí la Primera parte).

   Piero era, o más bien sigue siendo, un italiano. En cierta época de su vida, tuvo la suerte de aterrizar en una de estas islas, tan cálidas como acogedoras. Siete bellas, fieras, y volcánicas islas con tal sobredosis de turismo llegando a sus costas que, resulta de lo más normal ver como numerosos visitantes, se quedan prendados de Canarias y deciden quedarse a vivir, algunos de ellos para siempre. Piero se quedó prendado, si, pero no de las tierras isleñas, que se la traían muy al pairo.Mujer sobre luna

   Piero, Pedro, Petrus, piedra, firme como una roca… El que se inventó los significados de los nombres no acertó ni una con este italiano a medio cocer, digno de venir a nuestra tierra dentro de un bote de plastilina marrón, muy marrón. Y pronto no tuve ninguna duda de que este hombre tan marrón, era el origen de todos aquellos nudos y toda aquella tensión acumulada en la musculatura de Sophie, y también en su alma.

   Si, es verdad. Palabra por palabra lo recuerdo todo… “Sophie, ahora debes de ayudarme a seguir. Soy tu masajista y debo saber donde están los límites, tus límites, para que no te sientas violenta conmigo…” Estúpidamente, sentí asombro y sorpresa cuando él me habló de respeto. Respetar mi cuerpo, mi intimidad, para no hacerme sentir violenta… pero, maldita sea, mi mente me trajo de golpe la imagen del traidor de Piero y su odiosa carta de despedida. Creo que  allí mismo tomé la decisión más importante de mi vida.

   Masajear glúteos, si, masajear glúteos, no… Yo pensaba que Sophie, apoyándose ligeramente sobre sus codos, estaría en ese momento deshojando la virtual margarita de su trasero, pero una vez más, en lugar de contestar a mi pregunta, ella me sorprendió con una avalancha de brutal sinceridad, inundando aquel momento con su sola presencia. Era el alma de Sophie, absolutamente desbocada.

   Yorch… Hace algo más de un año que ningún hombre me ha tocado. A nadie le he permitido nada más allá del saludo o estrechar mi mano, ni siquiera un simple beso en la mejilla. Yo sé que Greta te cuenta cosas y por eso aún me avergüenzo más de mi misma. Me avergüenza hasta dolerme en lo más hondo el haberme dejado manosear y llenarme de babas, noche tras noche durante los peores tres años de mi vida. Sentía vergüenza de mi misma, por la forma en que me dejé tratar y lo sucia que a veces me sentía. Y rozando lo absurdo e incomprensible, incluso me sentí mal y culpable cuando Piero me dejó… ¡¡Joder..!! ¡perdóname…! vaya clienta que te ha tocado hoy, ¿verdad? Tienes todo mi permiso, de verdad, no me siento violenta en tus manos. Te confieso que es una liberación para mí volver a Massage Toalla aceitesconfiar, relajarme y por primera vez en mucho tiempo, sentirme en calma, Yorch, y ahora mismo me siento bien, no quiero poner límites a nada.

    Sophie se fue incorporando lentamente hasta quedarse sentada en la camilla frente a mí, arrugando con su brazo izquierdo la sabana que cubría sus piernas y apretándola sobre su pecho. Greta me había contado algunos capítulos sueltos sobre la relación de Sophie con Piero, su exnovio, pero lo que ahora estaba escuchando era algo mucho mas personal. Su voz llegó a entrecortarse cuando elevó la mirada y se cruzó con la mía:

   – Perdóname, vaya clienta que te ha tocado hoy…-  me dijo, con sus labios temblando y los ojos a punto de reventar en lágrimas. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no romper a llorar con ella, por controlar mi empatía y evitar darle el abrazo que un amigo le daría allí mismo… pero, no lo hice, era mi clienta y ella me demostró que aún era más fuerte de lo que yo pensaba.

   – Me siento en calma, Yorch, y ahora mismo no quiero poner límites a nada –  Y sus manos dejaron caer suavemente la sábana al suelo, mientras volvía a tumbarse boca abajo e intentaba con su pelo, ocultar las lágrimas que ya no pudo contener.

    En aquel momento lo tuve absolutamente claro. Fue como una revelación. Allí mismo, sentada en la camilla frente a mi fiel masajista, decidí darle un vuelco a mi vida y casi todo lo que necesitaba lo tenía a un paso de aquella acogedora camilla de masaje, con aquellas manos triturando poco después mis glúteos, en una mezcla perfecta de placer y dolor sabiamente controlado y adormecido, mimada entre aquella música de Yiruma y los aromas, aquellos aromas que ya nunca olvidaría… Dos ideas, como dos explosiones acudieron a mi cabeza cuando sentí que mis muslos ya pertenecían a sus manos…

Quad massage

   Del calentador de toallas, cogí una rápidamente para cubrir la espalda de Sophie, que estaba empezando a dar muestras de quedarse fría. No recuerdo ninguna ocasión en la que mi mente estuviera tan ocupada con pensamientos ajenos al masaje. Ni siquiera los espléndidos glúteos de Sophie conseguían hacerme olvidar la profunda pena que vi en sus ojos, apenas quince minutos antes. Y estaba visto que aún quedaban sorpresas que pasar por delante de aquella camilla.

   Cuando estaba ya trabajando profundamente en sus isquiotibiales y gemelos, ella me da un avance de lo que estaba bullendo en su cabeza…

    – Yorch – le dije intentando controlar el timbre de mi voz que se me estremecía entre placenteros calambrazos… – Cuando termines con mi masaje, ¿podríamos tomar juntos una cerveza y hablar de negocios? Tengo una propuesta que hacerte.- Creo que fue la única vez que escuché a Yorch vacilar en una de sus contestaciones. Mientras ajustaba mis tobillos como un relojero suizo, su voz temblaba cuando, quizás por lo imprevisto de mi proposición, él me contestaba:

  – Claro, claro, Sophie, no tengo inconveniente. No he aceptado ninguna cita después de la tuya, así que, puedo dedicarte todo el tiempo que necesites-. Me contestó solícito, mientras daba por terminada la primera parte de mi masaje, cubriendo mis pies con una pequeña toalla. Tengo que reconocer que me encontraba en una nube. Sobre aquella camilla había dejado atrás un pesado vagón de tren cargado de malas experiencias y sin embargo, ahora solo tenía tiempo para pensar en un objetivo. Encaminar mi futuro por aquella vía tan clara que se abría ante mí.

Head-Pink-massage

   Estaba cubriendo los pies de Sophie con una toalla caliente cuando, con una vitalidad hasta ese momento desconocida, me dice girando la cabeza hacia mí… – Ahora me toca “media vuelta” ¿verdad?

   – Claro, en un minuto empezamos – Le contesté agradablemente sorprendido.

    – Ya sé que seguramente no está bien lo que te voy a pedir pero, ¿podrías acercarme el móvil que tengo en el bolso?

   Bueno, bueno, aquella sesión de masaje, definitivamente iba a ser inolvidable y por muchos motivos. Tal y como iban los acontecimientos, acepté su ruego al asegurarme que solo sería un momento, pero que para ella era muy importante avisar sin demora a una persona.

   Al mismo tiempo que le acercaba el móvil, ella se dio la vuelta, completamente desnuda y sin el menor rastro de pudor o preocupaciones con las que minutos antes se martirizaba. Tecleaba muy rápido con sus dos manos sobre aquella carísima manzana mordida, mientras yo la cubría con una sábana, desde el ombligo hacia los pies.

   – ¿Y puedo saber quien es el destinatario de tan urgente mensaje? Le pregunté al tiempo que empezaba a repartir un poco de crema y aceite por su cuello, hombros y clavículas, intentando no mover aquellos brazos que sostenían inquietos el móvil, levitando sobre su pecho. Con una intensa y traviesa sonrisa, giró hacia mí la pantalla y pude ver una sesión abierta con un Chat Secreto en Telegram con nuestra amiga “Greta” como destinataria y que empezaba por un revelador “Querida Greta. Un horrible día en el que yo no dejaba de llorar, lo dejaste todo para venir a mi casa a consolarme…” Y volvió a girar el teléfono para seguir escribiendo mientras me decía – Greta es muy especial, ¿verdad, Yorch?-PinkPanzerKorpsinOns

   Terminé el masaje en aquella noche, sin preocuparme de barreras ni límites, dejando libres a mis manos para despertar sensaciones nuevas y reconfortantes  en aquel cuerpo casi de fantasía. Rozando ya las nueve y media de la noche, el timbre de la puerta sonaba por segunda vez en aquella tarde convertida en noche blanca. Era Greta, quien si no. Al entrar, me dio el mismo beso en la comisura de los labios que acostumbraba a darme, pero lo alargó unos segundos más para susurrarme al oído – Tú me salvaste un día, y nunca te lo dije; Gracias Yorch, eres un cielo… ¿puedo ver a Shopie?-    Con otra pregunta más sin contestar en mi cabeza, acompañé a Greta hasta la sala de masajes donde aún estaba Sophie, esperándola con una de mis batas blancas como única vestimenta. Los abrazos siempre buscan su momento y el momento elegido era precisamente aquel. No existe nada semejante a la energía que se libera cuando dos amigas se abrazan como ellas lo hacían. Y yo estaba allí como privilegiado espectador de aquel maravilloso encuentro, en mi casa. Lo mejor de todo, compartiendo frente al mar unas refrescantes cervezas “Estrella Galicia”, aún estaba por llegar…

Próximamente, El Mensaje de Sophie a Greta… Tercera y última parte de su historia, By Pink Panzer in Korps.

El buen pastor… El buen francés…

Martin Niemöller (1892–1984), un cura protestante de la Alemania de Hittler, en uno de sus sermones en la Semana Santa de 1946, dijo lo siguiente ante sus atentos feligreses:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.”

   En su pequeño pueblo muy cerca de Cabrales y de cuyo nombre no debo acordarme, a Colás, el pastor, también lo conocían por sus apodos de “Colanas” (juego de palabras con la “lana” de sus ovejas) y por su no menos conocido “El Colas”, sobrenombre concedido por méritos propios, según atestiguaban los miembros de su pandilla que, aprovechando aquellos baños sin ropa ni vergüenza que les tapase, se dieron durante un par de largos veranos en las pozas de agua cristalina del río Casaño.Desfiladero del rio casano Puente Pompedru
Los ojos como platos por el asombro de aquellos jóvenes zagales y su juvenil incontinencia verbal, solo hicieron acrecentar la merecida leyenda de “El Colas” (sin acento, les aclaro) entre la población femenina del lugar.

   Colás se dedicaba al pastoreo de ovejas desde que a los trece años, su padre, marinero ocasional y pastor por amor, se muriese en medio del monte de un fulminante infarto de corazón. Stian, que así se llamaba su padre, lo encontraron una semana después de fallecer, gracias a que uno de sus perros llegó solo y hambriento al pueblo. Allí acabó la historia de “El Sebas” (otra vez los del pueblo… Stian se transformó en Sebastian… el Sebas), un rubio y fornido noruego de casi dos metros de altura que desde el puerto de Gijón, ascendió a la comarca de Cabrales detrás de las faldas de la hermosa Raquel, su esposa poco tiempo después y nueve meses más tarde, la madre de Colás, el protagonista de esta historia.

   Colás le sacaba más de una cabeza a los dos Guardias Civiles que le llevaban esposado camino del cuartelillo… El destino quiso que, en la lejana Noruega, una tía suya le dejara una más que importante suma de dinero y propiedades. Matías, el único cartero del pueblo y sobrino del alcalde, fue el encargado de acercarse con el aviso del Notario en la alforja, hasta los lejanos pastos donde Colás cuidaba de algo mas de novecientas ovejas. Tres días de viaje a pie o un día a caballo saliendo bien temprano, esa era la forma de medir las distancias en aquellos años y por aquellos páramos. Fue Fabián, el herrero, el que cedió a su yegua recién herrada, para que el cartero pudiera subir a las frías brañas, donde las ovejas pastan todos los años antes de la llegada del inverno.

Lago 2001 Mujer agua   Matías el cartero, no iría solo al encuentro. Compartiendo el lomo de la yegua del herrero, le acompañaba Yago, amigo y compañero de Colás en el cuidado del rebaño y que, por orden del patrón, se quedaría para sustituirle. A lomos de la dócil “Patucas” llegaron a los corrales de Breñas Altas rozando el anochecer. Los perros anunciaron con sus ladridos la llegada de los intrusos y Colás, escopeta en mano, salió del cobijo de la pequeña cabaña para recibirlos, contento y extrañado a partes iguales al reconocer a los integrantes de semejante pareja.

   Matías, acostumbrado durante largos años a la buena vida pegado a las faldas de su tío el alcalde, tenía una pronunciada y fofa barriga y menos aguante que un puente de tizas. Después de darle a leer la carta del Notario de Gijón y ponerle al corriente de los planes de regreso al pueblo, Matías se dedicó a pulirse el solito la sartén de migas con chorizo que tenía Colás para la cena. Entre cucharada y cucharada, no dejó de recordarle que su tío (el alcalde) se ocuparía de todo y le ayudaría en cualquier trámite o gestión relacionado con el cobro de su herencia.

   Goyu (Gregorio) y Feru o el Ferrubio (Ceferino el rubio), fueron siempre uña y carne. Amigos con todas sus letras. CompañerosCasaño baños inseparables de pandilla, escuela y aventuras, para acabar siendo la pareja de guardias civiles que, cabizbajos por la calle central del pueblo, acompañaban a Colás el pastor, ahora en su incómodo papel de detenido, muy incómodo para él pero aun más vergonzoso para sus dos amigos.

   Despachada la sartén de migas, Matías fue el primero en probar el jergón relleno de paja y echarse a dormir. Colás y Yago, después de ponerse al corriente de las últimas noticias del pueblo, acompañaron al flojo de Matías, que ya navegaba a toda vela entre sueños y ronquidos dignos del mejor de los rocinantes.

   Cuando a la mañana siguiente Matías recuperó la consciencia , se encontró solo en la cabaña… No tuvo que esforzarse en buscar mucho, pues en la trasera del establo adyacente, en el almacén y refugio para los corderos recién nacidos, se encontró a Yago de rodillas ejecutando un perfecto y madrugador francés, sobre la afamada herramienta de su buen amigo Colás… y Matías, el imprevisible Matías, retrocedió sin hacer ruido, mascullando la valiosa información obtenida, grabando la escena en su memoria, con la palabra “traición” taladrando su cerebro.

   Malos tiempos aquellos para estrenar en España la versión pastoril de  “Brokeback Mountain” . En el año 1954, la Ley de Vagos y Maleantes ya fue modificada para incluir a los homosexuales y cualquier pobre incauto que se les pareciera. Con o sin pruebas, bastaba solo la mera denuncia/sospecha para verte envuelto en una auténtica pesadilla.

   Matías, sentado sobre la yegua a la espalda de Colas, deshaciendo ya el camino de regreso al pueblo, no perdió el tiempo en poner precio a su silencio. Pero su silencio era de ida y vuelta y Colás lo sabía. Le contestó con un evasivo “ya hablamos en el pueblo” pero fue Matías quien habló primero. Su tío, el alcalde y cacique del lugar, no sopesó el alcance de su denuncia intentando presionar por no decir extorsionar al pobre Colas, y todo ello para que le cediera el control como administrador de su reciente y nórdica fortuna.

   Tras pasar tres días incomunicado en el cuartelillo de la Guardia Civil, las gestiones en secreto de Fabián (el herrero) con el Notario de Gijón dieron lugar al traslado de Colás a la capital. Un año después, tras la laboriosa intervención del más prestigioso e influyente bufete de abogados de la ciudad, con el apoyo de varios abogados del despacho de Garrigues en Madrid, Colás salió en libertad, absuelto, si, que no en paz y rico, muy muy rico.

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   Colás nunca fue homosexual. A él le encantaban las chicas y algunas mozas del pueblo y de la capital jamás podrían olvidarlo. Esto no le impidió disfrutar con total normalidad de las atenciones de algún buen amigo como Yago, o ser “cortejado” por el traidor de Matías dando calabazas a muchas de sus insinuaciones.

   Diez años más tarde, Colás apareció por primera vez en el pueblo desde su salida de la cárcel. Por carta y teléfono mantuvo el contacto con muy poca gente. Con Fabián su salvador, el buen herrero que le ayudó en el peor momento de su vida. Con Yago, por supuesto, y con la bella Raquel, hija del panadero y ahora su mujer, con la que se veía en secreto en Gijón apenas dos o tres veces al mes, gracias a los estudios que él mismo financiaba para ella, de acuerdo claro está, con su padre, el panadero, un hombre que nunca dejó de confiar en Colás y que consiguió engañar durante años a casi todo el vecindario por su hija. ¿Ya se dieron cuenta de que la hija se llamaba Raquel, como la madre de Colás? Bueno, pues así fue y esa es otra historia que tendría que contar… el panadero.

   El pueblo entero estaba revolucionado. Muchos pasaban el día deshaciéndose en disculpas por su silencio, por no haber levantado la mano en su ayuda, por mirar hacia otro lado, por llevarle esposado por la calle… Seré breve. Matías se moría por abrazar a su viejo amigo recién llegado. Por eso aceptó sin vacilar la invitación de verse a solas con Colás en la trastienda de la herrería. Fue verlo y correr hacia él para casi fundirse en un desigual abrazo, por altura, por la barriga de Matías y por los continuos “perdóname” que salían de aquellos labios que aprovechaban la cercanía del abrazo para besar todo cuanto se ponía a su alcance.

   Y con Matías en pleno éxtasis expiatorio de culpas, Colás lo giró vigorosamente inclinándolo sobre una bala de paja. Sin decir palabra, le bajó los pantalones, se enfundó la herramienta y de un solo empujón dejó al todavía cartero del pueblo, con el buzón a punto de reventar con tanto “correo”.

Algo hermoso en tus ojos... Noche blanca.

   ¡¡¡Ouuohhhh siiiii,siiiii !!! Fabián el herrero, escuchando atento detrás de la puerta, supo que era el momento convenido y al Señor Eusebio, que esperaba extrañado en la pequeña oficina de la herrería, le dijo: “pase señor cura, Colás le están esperando en la trastienda…” Don Eusebio entró al granero para acto seguido, alucinar casi místicamente con aquella bizarra escena, aderezada por la “banda sonora” del pleno y brutal orgasmo de Matías, que con la cara enterrada en la bala de paja por los fuertes brazos de Colás, solo pudo escuchar como este pronunciaba… “Buenas tardes Don Eusebio, creo que Matías necesita una muy larga confesión… y usted imagino que también. Enseguida se lo mando”.

   Se me olvidó comentarles que Matías, mucho antes de ser cartero, ofició de monaguillo en la iglesia del pueblo, y a plena satisfacción del señor cura… Y aquí debo de concluir esta historia. Mi amigo Colás es feliz y hace feliz a mucha gente. Nombres, lugares y situaciones se han cambiando con el único fin de preservar la privacidad de los protagonistas, que habrán podido existir… o tal vez no, dado el serio trastorno mental que sufre quien les escribe… o no.

“A la montaña no se va a competir,
sino a aprender;
hay que leer mucho”
(Juan Luis Arsuaga).

Más quiero de ti... Juego de dos.

Llega un momento en que el invierno arrecia y debemos elegir quien ocupará nuestro corazón. Expulsar a quien me hace daño y dejar dentro a quien me da calor…

( La frase no puedo firmarla pues no es enteramente mía. La he construido a partir de la entrada del hermoso blog de Awilda Castillo y algunos de los comentarios que suscitó su entrada… pero me gusta mucho su mensaje, mi mensaje, el que me da calor… y así lo expreso.)

El perfume que extraño… Los dos ermitaños.

La mano que te ofrece una rosa, siempre guarda
parte de su perfume.
(Proverbio chino)
Extraño
Como viejo ermitaño
añoro el placer del valle

las flores en tu pecho
mis labios en tu cuello
y el perfume que extraño
 en rocío transformado
 como perlas perfectas
buscando amor en tu talle.
(JMPA Pink Panzer)

Las flores en tu pecho, mis labios en tu cuello…
LOS DOS ERMITAÑOS
    Dos ermitaños que vivían en un islote cada uno de ellos. El ermitaño joven se había hecho muy célebre y gozaba de gran reputación, en tanto que el anciano era un desconocido.
   Un día, el anciano tomó una barca y se desplazó hasta el islote del joven y afamado ermitaño. Le rindió honores y le pidió instrucción espiritual. El joven le entregó un mantra y le facilitó las instrucciones necesarias para la repetición del mismo.
   Agradecido, el anciano volvió a tomar la barca para dirigirse a su islote, mientras su compañero de búsqueda se sentía muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente.
   El anciano se sentía muy feliz con el mantra. Era una persona sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad, quería hacer alguna práctica metódica.
    Estaba el joven ermitaño leyendo las escrituras, cuando, a las pocas horas de marcharse, el anciano regresó. Estaba compungido, y dijo:
   -Venerable asceta, resulta que he olvidado las palabras exactas del mantra. Siento ser un pobre ignorante. ¿Puedes indicármelo otra vez?. 
    El joven miró al anciano con condescendencia y le repitió el mantra. Lleno de orgullo, se dijo interiormente:
  -Poco podrá este pobre hombre avanzar por la senda hacia la realidad, si ni siquiera es capaz de retener un mantra. 
   Pero su sorpresa fue extraordinaria cuando de repente, pudo ver que el anciano partía hacia su islote caminando sobre las aguas.
 “Aunque hay cientos de idiomas en el mundo, una sonrisa los habla todos.”
(Rabindranath Tagore)

La leyenda del Santo Prepucio… La verdad muerta.

   Eres libre de creer en un dios bueno y generoso que solo piensa en repartir amor y bienestar a sus polluelos terrestres… En serio, eres libre de creer, pero espero que comprendas que “tu verdad”, esa en la que hoy crees con fe ciega (nada aconsejable) posiblemente será motivo de saludables carcajadas en un futuro no muy lejano. Es cuestión de tiempo tu verdad morirá contigo y no podrás decírselo a nadie.

   Creer en un dios no salva a nadie… Lo que hoy es dogma incuestionable, mañana será otro absurdo tomo en la atiborrada enciclopedia de las estupideces humanas. Hoy os traigo un ejemplo, por si aún quedan entre vosotros, dudas existenciales sin satisfacer.
 

   El caso es que, si todo sucedió como cuenta la fábula, un tal Jesús, hijo de José (padre adoptivo) y de María, fué circuncidado como cualquier judío de la época. Dicha operación fue ejecutada ni mas ni menos que por don Juan Bautista, y es precisamente en este trocito de pellejo sobrante, donde reside el protagonismo de está curiosa historia, pues cuenta la leyenda que el dueño del prepucio resucitó… sin dejarse “nada” atrás.
 
   A finales del siglo XVII, el erudito y teólogo católico León Alacio, escribía su obra De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba (“discusión acerca del Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo”). En dicha obra, Alacio especulaba con la idea de que el Santo Prepucio pudo haber ascendido al “cielo” (parque temático cristiano) al mismo tiempo que Jesús (es cierto, no me estoy inventando nada) y se habría convertido en los anillos de Saturno…

  Dado que los cristianos ( y religiosos en general) eran, son y serán unos fanáticos de las reliquias, en cierto momento de la historia reciente de esta “civilización”, se podían contar unos CUARENTA “santos prepucios” localizados por todo el mundo y por supuesto, asegurando quienes los custodiaban, que el suyo era el auténtico… 
  Por si les parece poco, tambn circuló el “Santo Ombligo de Cristo” aparte de las más normalitas astillas de las cruces (la de cristo, la del ladrón bueno…), los clavos utilizados en la crucifixión… y una lista interminable de trozos, raciones y tapas variadas de santas y santos, repartidos por todo el orbe.
 
   Alguien dijo, “Las cosas cambian…” y ya nada fue igual. Acéptalo, tu religión es una mentira pasajera y con la misma fecha de caducidad que tu vida… no insistas ni pierdas el tiempo, nadie escucha tus oraciones.

(JMPA Pink Panzer)

 

Cuando pierdes lo que amas… amor eterno.

   Georgios Kyriacos Panayiotou nacía un 25 de junio de 1963 en el norte de Londres… de padre griego y madre inglesa, el futuro le reservaba el éxito lleno de polémica, sexo y drogas.
   Como siempre, la vida se encarga de enseñarnos quien es el más fuerte y George Michael no iba a ser la excepción.
 
    En marzo de 1993, el diseñador brasileño Anselmo Feleppa muere de un derrame cerebral causado por el sida de padecía. Un duro golpe para George que desaparecerá de la vida pública y artística hasta noviembre de 1994. En este año reaparece en la primera edición de los MTV Europe Music Awards, donde interpreta por primera vez Jesus to a child, una hermosa canción llena de emotividad y melancolía, recordando el dolor por la pérdida, el dolor y el sufrimiento.
   Mucho se especuló sobre la verdad que le motivó a escribir la canción. Un secreto a voces, es verdad, pero ante el cual, el cantante se mantuvo mucho tiempo al margen…, hasta que cuatro años más tarde, en 1998, reconoció públicamente su homosexualidad.
   Aún hoy en día, George Michael dedica la canción a Faleppa, como siempre, antes de interpretarla en todos sus conciertos…
   La reflexión de hoy es inevitable; ¿Alguien puede medir el dolor cuando pierdes lo que más amas…? Expresarlo de esta manera, al menos consigue que su recuerdo no muera entre las frías hojas de un calendario.

Yo soy el amor infinito, consciente de si mismo, aquí, en este eterno y silencioso instante.
Dedicado a todo aquello que perdemos, entre las frías hojas de nuestro calendario.
(JMPA Pink Panzer)

El Arte de conducir bajo la lluvia… el "MHM".

   Cuando tu primera vida motera se desarrolla en Galicia, o aprendes a rodar en agua o no sacarás la moto del garaje hasta que llegue el verano, y esto tampoco te asegura que no te mojes.
 

   Años de intenso entrenamiento bajo diluvios de proporciones casi bíblicas, hacen que los moteros gallegos adquiramos una especial sensibilidad que, una vez llegado el temido “MHM(Momento Húmedo Motero) nos permite olvidarnos del agua, para pasar a divertirnos sobre nuestras motos, en rectas, en curvas y sea lo que sea lo que en esos momentos lleves entre las piernas.

Pink Panzer con su OSA prestada…

  Concentración de Clásicas de Padrón 2008. Dos moteros que se pierden. Uno en Vespa y otro en una OSA (el de la foto). Llueve y llueve en Padrón… Por teléfono contactamos con el resto del grupo y están a unos ocho o diez kilómetros de nuestra posición. Rafa, el colega de la Vespa, sabe llegar por un atajo… y también sabe hacer correr la Vespa por el (puto) monte/atajo de marras… Mis frenos no existen (la Vespa no frena mucho más). Como no conozco la carretera, yo le sigo a una distancia in-prudencial, arreando estopa y copiando/anticipando sus trazadas… a los pocos kilómetros, ya nos hacen falta los “dos carriles” para plegar por los recodos de aquella jodida carretera… la OSA apenas frena y entro en las curvas (lloviendo) bajando marchas. La Vespa (el piloto de la Vespa…) no es

Rafa-gasssss y su Vespa.

manco dándole caña, y en esto que llegamos gas a fondo después de una larga recta en bajada hasta una curva cerradaaaaa a la derechaaaaa…!!! La Vespa frena, hunde el morro, lo veo, lo copio, apreto la maneta del freno a tope y bajo a tercera, segunda, primera, derrapo, me culea un poco y hago patinar el embrague para que no me bloquee. La Vespa no quiere entrar en la curva… y Rafa sacando rodilla…!!! mi OSA tampoco quiere… entramos pasados y nos vamos los dos al borde de la cuneta mientras perdemos el asfalto y metemos las motos por la tierrillaaaa…uy uy uyyyy…y al asfalto otra vez. Nos ponemos en paralelo con el pulso y los niveles de adrenalina en zona roja (al menos yo si…). Nos miramos con esa expresión tan motera en la cara que dice… “Uff-que-cerca-estuvo-ahora-trankis…” y como no, seguía lloviznando.

Parque cerrado/mojado de la concentración.

Después de cuatro curvas (no más…) desplazándonos como sendos caracoles en modo “Tranki”, mi colega y yo ya estábamos otra vez haciendo el cabra, con dos motos “clásicas” (más de 25 años), por una carretera local entre montes gallegos y lloviendo… una indescriptible gozada  clásico-motera que se acabó cuando mejor me lo estaba pasando. Llegamos al punto de reunión con el resto de la concentración, con los que nos tomamos unos vinos, cervezas, refrescos y empanada, un ligero “tentempié” para reemprender la marcha en grupo camino de la gran “pulpada” y final del evento. Los moteros somos diferentes…!!!

“UNA ACTITUD DICE MÁS QUE MIL PALABRAS”

    “Enzo sabe que no es como los demás perros. Él es un pensador de alma casi humana. A través de los pensamientos de Enzo, que en la víspera de su muerte hace balance de su vida y rememora todo lo que han pasado él y sus amos, se desarrolla una historia de amor, miedos y temores. Una historia del día a día de una familia que tiene que superar distintos retos a lo largo de la vida. Una historia de carreras con muchos obstáculos que sortear, en la que según se avanza más y más, cada vez está más nublado.
   Enzo nos enseña a ser más respetuosos unos con otros, a luchar por todo aquello que queremos, a ser personas, en definitiva. El arte de conducir bajo la lluvia lo tiene todo: amor, tragedia, redención, peligro y lo mejor, el narrador canino Enzo, cuya alma de perro longevo tiene mucho que enseñarnos sobre el ser humano.”

 (Sinopsis del libro “El arte de conducir bajo la lluvia” de Garth Stein)

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que trata a sus animales”.
(Mahatma Gandhi.)