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El masajista fiel… La decisión de Sophie, 2ª parte.

“El amor es para el niño lo que el sol para las flores; no le basta el pan: necesita caricias para ser bueno y fuerte”

(Concepción Arenal)

Pink Panzer in Korps… Para entender la Historia de Sophie (aquí la Primera parte).

   Piero era, o más bien sigue siendo, un italiano. En cierta época de su vida, tuvo la suerte de aterrizar en una de estas islas, tan cálidas como acogedoras. Siete bellas, fieras, y volcánicas islas con tal sobredosis de turismo llegando a sus costas que, resulta de lo más normal ver como numerosos visitantes, se quedan prendados de Canarias y deciden quedarse a vivir, algunos de ellos para siempre. Piero se quedó prendado, si, pero no de las tierras isleñas, que se la traían muy al pairo.Mujer sobre luna

   Piero, Pedro, Petrus, piedra, firme como una roca… El que se inventó los significados de los nombres no acertó ni una con este italiano a medio cocer, digno de venir a nuestra tierra dentro de un bote de plastilina marrón, muy marrón. Y pronto no tuve ninguna duda de que este hombre tan marrón, era el origen de todos aquellos nudos y toda aquella tensión acumulada en la musculatura de Sophie, y también en su alma.

   Si, es verdad. Palabra por palabra lo recuerdo todo… “Sophie, ahora debes de ayudarme a seguir. Soy tu masajista y debo saber donde están los límites, tus límites, para que no te sientas violenta conmigo…” Estúpidamente, sentí asombro y sorpresa cuando él me habló de respeto. Respetar mi cuerpo, mi intimidad, para no hacerme sentir violenta… pero, maldita sea, mi mente me trajo de golpe la imagen del traidor de Piero y su odiosa carta de despedida. Creo que  allí mismo tomé la decisión más importante de mi vida.

   Masajear glúteos, si, masajear glúteos, no… Yo pensaba que Sophie, apoyándose ligeramente sobre sus codos, estaría en ese momento deshojando la virtual margarita de su trasero, pero una vez más, en lugar de contestar a mi pregunta, ella me sorprendió con una avalancha de brutal sinceridad, inundando aquel momento con su sola presencia. Era el alma de Sophie, absolutamente desbocada.

   Yorch… Hace algo más de un año que ningún hombre me ha tocado. A nadie le he permitido nada más allá del saludo o estrechar mi mano, ni siquiera un simple beso en la mejilla. Yo sé que Greta te cuenta cosas y por eso aún me avergüenzo más de mi misma. Me avergüenza hasta dolerme en lo más hondo el haberme dejado manosear y llenarme de babas, noche tras noche durante los peores tres años de mi vida. Sentía vergüenza de mi misma, por la forma en que me dejé tratar y lo sucia que a veces me sentía. Y rozando lo absurdo e incomprensible, incluso me sentí mal y culpable cuando Piero me dejó… ¡¡Joder..!! ¡perdóname…! vaya clienta que te ha tocado hoy, ¿verdad? Tienes todo mi permiso, de verdad, no me siento violenta en tus manos. Te confieso que es una liberación para mí volver a Massage Toalla aceitesconfiar, relajarme y por primera vez en mucho tiempo, sentirme en calma, Yorch, y ahora mismo me siento bien, no quiero poner límites a nada.

    Sophie se fue incorporando lentamente hasta quedarse sentada en la camilla frente a mí, arrugando con su brazo izquierdo la sabana que cubría sus piernas y apretándola sobre su pecho. Greta me había contado algunos capítulos sueltos sobre la relación de Sophie con Piero, su exnovio, pero lo que ahora estaba escuchando era algo mucho mas personal. Su voz llegó a entrecortarse cuando elevó la mirada y se cruzó con la mía:

   – Perdóname, vaya clienta que te ha tocado hoy…-  me dijo, con sus labios temblando y los ojos a punto de reventar en lágrimas. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no romper a llorar con ella, por controlar mi empatía y evitar darle el abrazo que un amigo le daría allí mismo… pero, no lo hice, era mi clienta y ella me demostró que aún era más fuerte de lo que yo pensaba.

   – Me siento en calma, Yorch, y ahora mismo no quiero poner límites a nada –  Y sus manos dejaron caer suavemente la sábana al suelo, mientras volvía a tumbarse boca abajo e intentaba con su pelo, ocultar las lágrimas que ya no pudo contener.

    En aquel momento lo tuve absolutamente claro. Fue como una revelación. Allí mismo, sentada en la camilla frente a mi fiel masajista, decidí darle un vuelco a mi vida y casi todo lo que necesitaba lo tenía a un paso de aquella acogedora camilla de masaje, con aquellas manos triturando poco después mis glúteos, en una mezcla perfecta de placer y dolor sabiamente controlado y adormecido, mimada entre aquella música de Yiruma y los aromas, aquellos aromas que ya nunca olvidaría… Dos ideas, como dos explosiones acudieron a mi cabeza cuando sentí que mis muslos ya pertenecían a sus manos…

Quad massage

   Del calentador de toallas, cogí una rápidamente para cubrir la espalda de Sophie, que estaba empezando a dar muestras de quedarse fría. No recuerdo ninguna ocasión en la que mi mente estuviera tan ocupada con pensamientos ajenos al masaje. Ni siquiera los espléndidos glúteos de Sophie conseguían hacerme olvidar la profunda pena que vi en sus ojos, apenas quince minutos antes. Y estaba visto que aún quedaban sorpresas que pasar por delante de aquella camilla.

   Cuando estaba ya trabajando profundamente en sus isquiotibiales y gemelos, ella me da un avance de lo que estaba bullendo en su cabeza…

    – Yorch – le dije intentando controlar el timbre de mi voz que se me estremecía entre placenteros calambrazos… – Cuando termines con mi masaje, ¿podríamos tomar juntos una cerveza y hablar de negocios? Tengo una propuesta que hacerte.- Creo que fue la única vez que escuché a Yorch vacilar en una de sus contestaciones. Mientras ajustaba mis tobillos como un relojero suizo, su voz temblaba cuando, quizás por lo imprevisto de mi proposición, él me contestaba:

  – Claro, claro, Sophie, no tengo inconveniente. No he aceptado ninguna cita después de la tuya, así que, puedo dedicarte todo el tiempo que necesites-. Me contestó solícito, mientras daba por terminada la primera parte de mi masaje, cubriendo mis pies con una pequeña toalla. Tengo que reconocer que me encontraba en una nube. Sobre aquella camilla había dejado atrás un pesado vagón de tren cargado de malas experiencias y sin embargo, ahora solo tenía tiempo para pensar en un objetivo. Encaminar mi futuro por aquella vía tan clara que se abría ante mí.

Head-Pink-massage

   Estaba cubriendo los pies de Sophie con una toalla caliente cuando, con una vitalidad hasta ese momento desconocida, me dice girando la cabeza hacia mí… – Ahora me toca “media vuelta” ¿verdad?

   – Claro, en un minuto empezamos – Le contesté agradablemente sorprendido.

    – Ya sé que seguramente no está bien lo que te voy a pedir pero, ¿podrías acercarme el móvil que tengo en el bolso?

   Bueno, bueno, aquella sesión de masaje, definitivamente iba a ser inolvidable y por muchos motivos. Tal y como iban los acontecimientos, acepté su ruego al asegurarme que solo sería un momento, pero que para ella era muy importante avisar sin demora a una persona.

   Al mismo tiempo que le acercaba el móvil, ella se dio la vuelta, completamente desnuda y sin el menor rastro de pudor o preocupaciones con las que minutos antes se martirizaba. Tecleaba muy rápido con sus dos manos sobre aquella carísima manzana mordida, mientras yo la cubría con una sábana, desde el ombligo hacia los pies.

   – ¿Y puedo saber quien es el destinatario de tan urgente mensaje? Le pregunté al tiempo que empezaba a repartir un poco de crema y aceite por su cuello, hombros y clavículas, intentando no mover aquellos brazos que sostenían inquietos el móvil, levitando sobre su pecho. Con una intensa y traviesa sonrisa, giró hacia mí la pantalla y pude ver una sesión abierta con un Chat Secreto en Telegram con nuestra amiga “Greta” como destinataria y que empezaba por un revelador “Querida Greta. Un horrible día en el que yo no dejaba de llorar, lo dejaste todo para venir a mi casa a consolarme…” Y volvió a girar el teléfono para seguir escribiendo mientras me decía – Greta es muy especial, ¿verdad, Yorch?-PinkPanzerKorpsinOns

   Terminé el masaje en aquella noche, sin preocuparme de barreras ni límites, dejando libres a mis manos para despertar sensaciones nuevas y reconfortantes  en aquel cuerpo casi de fantasía. Rozando ya las nueve y media de la noche, el timbre de la puerta sonaba por segunda vez en aquella tarde convertida en noche blanca. Era Greta, quien si no. Al entrar, me dio el mismo beso en la comisura de los labios que acostumbraba a darme, pero lo alargó unos segundos más para susurrarme al oído – Tú me salvaste un día, y nunca te lo dije; Gracias Yorch, eres un cielo… ¿puedo ver a Shopie?-    Con otra pregunta más sin contestar en mi cabeza, acompañé a Greta hasta la sala de masajes donde aún estaba Sophie, esperándola con una de mis batas blancas como única vestimenta. Los abrazos siempre buscan su momento y el momento elegido era precisamente aquel. No existe nada semejante a la energía que se libera cuando dos amigas se abrazan como ellas lo hacían. Y yo estaba allí como privilegiado espectador de aquel maravilloso encuentro, en mi casa. Lo mejor de todo, compartiendo frente al mar unas refrescantes cervezas “Estrella Galicia”, aún estaba por llegar…

Próximamente, El Mensaje de Sophie a Greta… Tercera y última parte de su historia, By Pink Panzer in Korps.

El buen pastor… El buen francés…

Martin Niemöller (1892–1984), un cura protestante de la Alemania de Hittler, en uno de sus sermones en la Semana Santa de 1946, dijo lo siguiente ante sus atentos feligreses:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.”

En su pequeño pueblo muy cerca de Cabrales y de cuyo nombre no debo acordarme, a Colás, el pastor, también lo conocían por sus apodos de “Colanas” (juego de palabras con la “lana” de sus ovejas) y por su no menos conocido “El Colas”, sobrenombre concedido por méritos propios, según atestiguaban los miembros de su pandilla que, aprovechando aquellos baños sin ropa ni vergüenza que les tapase, se dieron durante un par de largos veranos en las pozas de agua cristalina del río Casaño.

Desfiladero del rio casano Puente Pompedru

Los ojos como platos por el asombro de aquellos jóvenes zagales y su juvenil incontinencia verbal, solo hicieron acrecentar la merecida leyenda de “El Colas” (sin acento, les aclaro) entre la población femenina del lugar.

Colás se dedicaba al pastoreo de ovejas desde que a los trece años, su padre, marinero ocasional y pastor por amor, se muriese en medio del monte de un fulminante infarto de corazón. Stian, que así se llamaba su padre, lo encontraron una semana después de fallecer, gracias a que uno de sus perros llegó solo y hambriento al pueblo. Allí acabó la historia de “El Sebas” (otra vez los del pueblo… Stian se transformó en Sebastian… el Sebas), un rubio y fornido noruego de casi dos metros de altura que desde el puerto de Gijón, ascendió a la comarca de Cabrales detrás de las faldas de la hermosa Raquel, su esposa poco tiempo después y nueve meses más tarde, la madre de Colás, el protagonista de esta historia.

Colás le sacaba más de una cabeza a los dos Guardias Civiles que le llevaban esposado camino del cuartelillo… pero antes de esto, su futuro empezó a escribirse muy lejos de allí. El destino quiso que, en la fría Noruega, una tía suya le dejara una más que importante suma de dinero y propiedades. Matías, el único cartero del pueblo y sobrino del alcalde, fue el encargado de acercarse con el aviso del Notario en la alforja, hasta los lejanos pastos donde Colás cuidaba de algo más de novecientas ovejas. Tres días de viaje a pie o un día a caballo saliendo bien temprano, esa era la forma de medir las distancias en aquellos años y por aquellos páramos. Fue Fabián, el herrero, el que cedió a su yegua recién herrada para que el cartero pudiera subir a las frías brañas, donde las ovejas pastan todos los años antes de la llegada del inverno.

Lago 2001 Mujer agua

Matías el cartero, no iría solo al encuentro. Compartiendo el lomo de la yegua del herrero, le acompañaba Yago, amigo y compañero de Colás en el cuidado del rebaño y que, por orden del patrón, se quedaría para sustituirle. A lomos de la dócil “Patucas” llegaron a los corrales de Breñas Altas rozando el anochecer. Los perros anunciaron con sus ladridos la llegada de los intrusos y Colás, escopeta en mano, salió del cobijo de la pequeña cabaña para recibirlos, contento y extrañado a partes iguales al reconocer a los integrantes de semejante pareja ecuestre.

Matías, acostumbrado durante largos años a la buena vida pegado a las faldas de su tío el alcalde, tenía una pronunciada y fofa barriga y menos aguante que un puente de tizas. Después de darle a leer la carta del Notario de Gijón y ponerle al corriente de los planes de regreso al pueblo, Matías se dedicó a pulirse el solito la sartén de migas con chorizo que tenía Colás para la cena. Entre cucharada y cucharada, no dejó de recordarle que su tío (el alcalde) se ocuparía de todo y le ayudaría en cualquier trámite o gestión relacionado con el cobro de su herencia.

Goyu (Gregorio) y Feru o el Ferrubio (Ceferino el rubio), fueron siempre uña y carne. Amigos con todas sus letras. Compañeros

Casaño baños
inseparables de pandilla, escuela y aventuras, para acabar siendo la pareja de guardias civiles que, cabizbajos por la calle central del pueblo, acompañaban a Colás el pastor, ahora en su incómodo papel de detenido, muy incómodo para él pero aun más vergonzoso para sus dos amigos.

Despachada la sartén de migas, Matías fue el primero en probar el jergón relleno de paja y echarse a dormir. Colás y Yago, después de ponerse al corriente de las últimas noticias del pueblo, acompañaron al flojo de Matías, que ya navegaba a toda vela entre sueños y ronquidos dignos del mejor de los rocinantes.

Cuando a la mañana siguiente Matías recuperó la consciencia , se encontró solo en la cabaña… No tuvo que esforzarse en buscar mucho, pues en la trasera del establo adyacente, en el almacén y refugio para los corderos recién nacidos, se encontró a Yago de rodillas ejecutando un perfecto y madrugador francés, sobre la afamada herramienta de su buen amigo Colás… y Matías, el imprevisible Matías, retrocedió sin hacer ruido, mascullando la valiosa información obtenida, grabando la escena en su memoria, con la palabra “traición” taladrando su cerebro.

Malos tiempos aquellos para estrenar en España la versión pastoril de “Brokeback Mountain” . En el año 1954, la Ley de Vagos y Maleantes ya fue modificada para incluir a los homosexuales y cualquier pobre incauto que se les pareciera. Con o sin pruebas, bastaba solo la mera denuncia/sospecha para verte envuelto en una auténtica pesadilla.

Matías, sentado sobre la yegua a la espalda de Colas, deshaciendo ya el camino de regreso al pueblo, no perdió el tiempo en poner precio a su silencio. Pero su silencio era de ida y vuelta y Colás lo sabía. Le contestó con un evasivo “ya hablamos en el pueblo” pero fue Matías quien habló primero. Su tío, el alcalde y cacique del lugar, no sopesó el alcance de su denuncia intentando presionar por no decir extorsionar al pobre Colas, y todo ello para que le cediera el control como administrador de su reciente y nórdica fortuna.

Tras pasar tres días incomunicado en el cuartelillo de la Guardia Civil, las gestiones en secreto de Fabián (el herrero) con el Notario de Gijón dieron lugar al traslado de Colás a la capital. Un año después, tras la laboriosa intervención del más prestigioso e influyente bufete de abogados de la ciudad, con el apoyo de varios abogados del despacho de Garrigues en Madrid, Colás salió en libertad. Absuelto, sí, que no es lo mismo que en paz y rico, muy muy rico.

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Colás nunca fue homosexual. A él le encantaban las chicas y algunas mozas del pueblo y de la capital jamás podrían olvidarlo. Esto no le impidió disfrutar con total normalidad de las atenciones de algún buen amigo como Yago, o ser “cortejado” por el traidor de Matías dando calabazas a muchas de sus insinuaciones.

Diez años más tarde, Colás apareció por primera vez en el pueblo desde su salida de la cárcel. Por carta y teléfono mantuvo el contacto con muy poca gente. Con Fabián su salvador, el buen herrero que le ayudó en el peor momento de su vida. Con Yago, por supuesto, y con la bella Raquel, hija del panadero y ahora su mujer, con la que se veía en secreto en Gijón apenas dos o tres veces al mes, gracias a los estudios que él mismo financiaba para ella, de acuerdo claro está, con su padre, el panadero, un hombre que nunca dejó de confiar en Colás y que consiguió engañar durante años a casi todo el vecindario por su hija. ¿Ya se dieron cuenta de que la hija se llamaba Raquel, como la madre de Colás? Bueno, pues así fue y esa es otra historia que tendría que contar… el panadero.

El pueblo entero estaba revolucionado. Muchos pasaban el día deshaciéndose en disculpas por su silencio, por no haber levantado la mano en su ayuda, por mirar hacia otro lado, por llevarle esposado por la calle… Seré breve. Matías se moría por abrazar a su viejo amigo recién llegado. Por eso aceptó sin vacilar la invitación de verse a solas con Colás en la trastienda de la herrería. Fue verlo y correr hacia él para casi fundirse en un desigual abrazo, por altura, por la barriga de Matías y por los continuos “perdóname” que salían de aquellos labios que aprovechaban la cercanía del abrazo para besar todo cuanto se ponía a su alcance.

Y con Matías en pleno éxtasis expiatorio de culpas, Colás lo giró vigorosamente inclinándolo sobre una bala de paja. Sin decir palabra, le bajó los pantalones, se enfundó la herramienta y de un solo empujón dejó al todavía cartero del pueblo, con el buzón a punto de reventar con tanto “correo”.

Algo hermoso en tus ojos... Noche blanca.

¡¡¡Ouuohhhh siiiii,siiiii !!! Fabián el herrero, escuchando atento detrás de la puerta, supo que era el momento convenido y al Señor Eusebio, que esperaba extrañado en la pequeña oficina de la herrería, le dijo: “pase señor cura, Colás le están esperando en la trastienda…” Don Eusebio entró al granero para acto seguido, alucinar casi místicamente con aquella bizarra escena, aderezada por la “banda sonora” del pleno y brutal orgasmo de Matías, que con la cara enterrada en la bala de paja por los fuertes brazos de Colás, solo pudo escuchar como este pronunciaba… “Buenas tardes Don Eusebio, creo que Matías necesita una muy larga confesión… y usted imagino que también. Enseguida se lo mando”.

Se me olvidó comentarles que Matías, mucho antes de ser cartero, ofició de monaguillo en la iglesia del pueblo, y a plena satisfacción del señor cura… Y aquí debo de concluir esta historia. Mi amigo Colás es feliz y hace feliz a mucha gente. Nombres, lugares y situaciones se han cambiando con el único fin de preservar la privacidad de los protagonistas, que habrán podido existir… o tal vez no, dado el serio trastorno mental que sufre quien les escribe… o no.

“A la montaña no se va a competir,
sino a aprender;
hay que leer mucho”
(Juan Luis Arsuaga).

Más quiero de ti... Juego de dos.

Llega un momento en que el invierno arrecia y debemos elegir quien ocupará nuestro corazón. Expulsar a quien me hace daño y dejar dentro a quien me da calor…

( La frase no puedo firmarla pues no es enteramente mía. La he construido a partir de la entrada del hermoso blog de Awilda Castillo y algunos de los comentarios que suscitó su entrada… pero me gusta mucho su mensaje, mi mensaje, el que me da calor… y así lo expreso.)

El perfume que extraño… Los dos ermitaños.

La mano que te ofrece una rosa, siempre guarda
parte de su perfume.
(Proverbio chino)
Extraño
Como viejo ermitaño
añoro el placer del valle

las flores en tu pecho
mis labios en tu cuello
y el perfume que extraño
 en rocío transformado
 como perlas perfectas
buscando amor en tu talle.
(JMPA Pink Panzer)

Las flores en tu pecho, mis labios en tu cuello…
LOS DOS ERMITAÑOS
    Dos ermitaños que vivían en un islote cada uno de ellos. El ermitaño joven se había hecho muy célebre y gozaba de gran reputación, en tanto que el anciano era un desconocido.
   Un día, el anciano tomó una barca y se desplazó hasta el islote del joven y afamado ermitaño. Le rindió honores y le pidió instrucción espiritual. El joven le entregó un mantra y le facilitó las instrucciones necesarias para la repetición del mismo.
   Agradecido, el anciano volvió a tomar la barca para dirigirse a su islote, mientras su compañero de búsqueda se sentía muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente.
   El anciano se sentía muy feliz con el mantra. Era una persona sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad, quería hacer alguna práctica metódica.
    Estaba el joven ermitaño leyendo las escrituras, cuando, a las pocas horas de marcharse, el anciano regresó. Estaba compungido, y dijo:
   -Venerable asceta, resulta que he olvidado las palabras exactas del mantra. Siento ser un pobre ignorante. ¿Puedes indicármelo otra vez?. 
    El joven miró al anciano con condescendencia y le repitió el mantra. Lleno de orgullo, se dijo interiormente:
  -Poco podrá este pobre hombre avanzar por la senda hacia la realidad, si ni siquiera es capaz de retener un mantra. 
   Pero su sorpresa fue extraordinaria cuando de repente, pudo ver que el anciano partía hacia su islote caminando sobre las aguas.
 “Aunque hay cientos de idiomas en el mundo, una sonrisa los habla todos.”
(Rabindranath Tagore)

La leyenda del Santo Prepucio… La verdad muerta.

   Eres libre de creer en un dios bueno y generoso que solo piensa en repartir amor y bienestar a sus polluelos terrestres… En serio, eres libre de creer, pero espero que comprendas que “tu verdad”, esa en la que hoy crees con fe ciega (nada aconsejable) posiblemente será motivo de saludables carcajadas en un futuro no muy lejano. Es cuestión de tiempo tu verdad morirá contigo y no podrás decírselo a nadie.

   Creer en un dios no salva a nadie… Lo que hoy es dogma incuestionable, mañana será otro absurdo tomo en la atiborrada enciclopedia de las estupideces humanas. Hoy os traigo un ejemplo, por si aún quedan entre vosotros, dudas existenciales sin satisfacer.
 

   El caso es que, si todo sucedió como cuenta la fábula, un tal Jesús, hijo de José (padre adoptivo) y de María, fué circuncidado como cualquier judío de la época. Dicha operación fue ejecutada ni mas ni menos que por don Juan Bautista, y es precisamente en este trocito de pellejo sobrante, donde reside el protagonismo de está curiosa historia, pues cuenta la leyenda que el dueño del prepucio resucitó… sin dejarse “nada” atrás.
 
   A finales del siglo XVII, el erudito y teólogo católico León Alacio, escribía su obra De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba (“discusión acerca del Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo”). En dicha obra, Alacio especulaba con la idea de que el Santo Prepucio pudo haber ascendido al “cielo” (parque temático cristiano) al mismo tiempo que Jesús (es cierto, no me estoy inventando nada) y se habría convertido en los anillos de Saturno…

  Dado que los cristianos ( y religiosos en general) eran, son y serán unos fanáticos de las reliquias, en cierto momento de la historia reciente de esta “civilización”, se podían contar unos CUARENTA “santos prepucios” localizados por todo el mundo y por supuesto, asegurando quienes los custodiaban, que el suyo era el auténtico… 
  Por si les parece poco, tambn circuló el “Santo Ombligo de Cristo” aparte de las más normalitas astillas de las cruces (la de cristo, la del ladrón bueno…), los clavos utilizados en la crucifixión… y una lista interminable de trozos, raciones y tapas variadas de santas y santos, repartidos por todo el orbe.
 
   Alguien dijo, “Las cosas cambian…” y ya nada fue igual. Acéptalo, tu religión es una mentira pasajera y con la misma fecha de caducidad que tu vida… no insistas ni pierdas el tiempo, nadie escucha tus oraciones.

(JMPA Pink Panzer)

 

Cuando pierdes lo que amas… amor eterno.

   Georgios Kyriacos Panayiotou nacía un 25 de junio de 1963 en el norte de Londres… de padre griego y madre inglesa, el futuro le reservaba el éxito lleno de polémica, sexo y drogas.
   Como siempre, la vida se encarga de enseñarnos quien es el más fuerte y George Michael no iba a ser la excepción.
 
    En marzo de 1993, el diseñador brasileño Anselmo Feleppa muere de un derrame cerebral causado por el sida de padecía. Un duro golpe para George que desaparecerá de la vida pública y artística hasta noviembre de 1994. En este año reaparece en la primera edición de los MTV Europe Music Awards, donde interpreta por primera vez Jesus to a child, una hermosa canción llena de emotividad y melancolía, recordando el dolor por la pérdida, el dolor y el sufrimiento.
   Mucho se especuló sobre la verdad que le motivó a escribir la canción. Un secreto a voces, es verdad, pero ante el cual, el cantante se mantuvo mucho tiempo al margen…, hasta que cuatro años más tarde, en 1998, reconoció públicamente su homosexualidad.
   Aún hoy en día, George Michael dedica la canción a Faleppa, como siempre, antes de interpretarla en todos sus conciertos…
   La reflexión de hoy es inevitable; ¿Alguien puede medir el dolor cuando pierdes lo que más amas…? Expresarlo de esta manera, al menos consigue que su recuerdo no muera entre las frías hojas de un calendario.

Yo soy el amor infinito, consciente de si mismo, aquí, en este eterno y silencioso instante.
Dedicado a todo aquello que perdemos, entre las frías hojas de nuestro calendario.
(JMPA Pink Panzer)

El Arte de conducir bajo la lluvia… el "MHM".

   Cuando tu primera vida motera se desarrolla en Galicia, o aprendes a rodar en agua o no sacarás la moto del garaje hasta que llegue el verano, y esto tampoco te asegura que no te mojes.
 

   Años de intenso entrenamiento bajo diluvios de proporciones casi bíblicas, hacen que los moteros gallegos adquiramos una especial sensibilidad que, una vez llegado el temido “MHM(Momento Húmedo Motero) nos permite olvidarnos del agua, para pasar a divertirnos sobre nuestras motos, en rectas, en curvas y sea lo que sea lo que en esos momentos lleves entre las piernas.

Pink Panzer con su OSA prestada…

  Concentración de Clásicas de Padrón 2008. Dos moteros que se pierden. Uno en Vespa y otro en una OSA (el de la foto). Llueve y llueve en Padrón… Por teléfono contactamos con el resto del grupo y están a unos ocho o diez kilómetros de nuestra posición. Rafa, el colega de la Vespa, sabe llegar por un atajo… y también sabe hacer correr la Vespa por el (puto) monte/atajo de marras… Mis frenos no existen (la Vespa no frena mucho más). Como no conozco la carretera, yo le sigo a una distancia in-prudencial, arreando estopa y copiando/anticipando sus trazadas… a los pocos kilómetros, ya nos hacen falta los “dos carriles” para plegar por los recodos de aquella jodida carretera… la OSA apenas frena y entro en las curvas (lloviendo) bajando marchas. La Vespa (el piloto de la Vespa…) no es

Rafa-gasssss y su Vespa.

manco dándole caña, y en esto que llegamos gas a fondo después de una larga recta en bajada hasta una curva cerradaaaaa a la derechaaaaa…!!! La Vespa frena, hunde el morro, lo veo, lo copio, apreto la maneta del freno a tope y bajo a tercera, segunda, primera, derrapo, me culea un poco y hago patinar el embrague para que no me bloquee. La Vespa no quiere entrar en la curva… y Rafa sacando rodilla…!!! mi OSA tampoco quiere… entramos pasados y nos vamos los dos al borde de la cuneta mientras perdemos el asfalto y metemos las motos por la tierrillaaaa…uy uy uyyyy…y al asfalto otra vez. Nos ponemos en paralelo con el pulso y los niveles de adrenalina en zona roja (al menos yo si…). Nos miramos con esa expresión tan motera en la cara que dice… “Uff-que-cerca-estuvo-ahora-trankis…” y como no, seguía lloviznando.

Parque cerrado/mojado de la concentración.

Después de cuatro curvas (no más…) desplazándonos como sendos caracoles en modo “Tranki”, mi colega y yo ya estábamos otra vez haciendo el cabra, con dos motos “clásicas” (más de 25 años), por una carretera local entre montes gallegos y lloviendo… una indescriptible gozada  clásico-motera que se acabó cuando mejor me lo estaba pasando. Llegamos al punto de reunión con el resto de la concentración, con los que nos tomamos unos vinos, cervezas, refrescos y empanada, un ligero “tentempié” para reemprender la marcha en grupo camino de la gran “pulpada” y final del evento. Los moteros somos diferentes…!!!

“UNA ACTITUD DICE MÁS QUE MIL PALABRAS”

    “Enzo sabe que no es como los demás perros. Él es un pensador de alma casi humana. A través de los pensamientos de Enzo, que en la víspera de su muerte hace balance de su vida y rememora todo lo que han pasado él y sus amos, se desarrolla una historia de amor, miedos y temores. Una historia del día a día de una familia que tiene que superar distintos retos a lo largo de la vida. Una historia de carreras con muchos obstáculos que sortear, en la que según se avanza más y más, cada vez está más nublado.
   Enzo nos enseña a ser más respetuosos unos con otros, a luchar por todo aquello que queremos, a ser personas, en definitiva. El arte de conducir bajo la lluvia lo tiene todo: amor, tragedia, redención, peligro y lo mejor, el narrador canino Enzo, cuya alma de perro longevo tiene mucho que enseñarnos sobre el ser humano.”

 (Sinopsis del libro “El arte de conducir bajo la lluvia” de Garth Stein)

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que trata a sus animales”.
(Mahatma Gandhi.)
 

La pregunta… Volar con los pies descalzos.

“”Y tú, mujer… ¿Sigues enamorada?
 Aquel hombre, viejo y arrugado, dejó caer su pregunta con la mirada perdida en aquel amarillento póster de su Zundapp de 1933. Dos únicas palabras fueron suficientes para acelerar el corazón de aquella mujer de pies descalzos que le observaba, casi petrificada, desde la entrada del cobertizo. Ella le seguía con la mirada clavada en su espalda, buscando las palabras adecuadas, como antaño, cuando juntos volaban sobre aquellas dos ruedas, ahora añoradas.
 
   Mientras tanto, con ademán de intensa caricia, él deslizaba lentamente una pequeña gamuza sobre el depósito de su moto. Al fondo, una pareja parecía observarles desde una de las paredes, inmóviles entre un banco de herramientas y una oxidada taquilla de puertas entreabiertas, por las que asomaba la manga, negra y gris de un mono de cuero.
   Precisos trazos de carboncillo llamaron la atención de la mujer que, sin saber aún como contestar aquella incómoda pregunta, avanzó levemente unos pasos, dos… quizás tres, hasta que pudo reconocer con claridad los rasgos de aquella pareja del cuadro… En ocasiones, te sientes capaz de caminar descalzo por cualquier camino, y otras veces, una mínima arena en tu zapato te obliga a descalzarte… y allí estaba ella, descalza y confusa, observándose en el cuadro, muchos años atrás. En aquellos tiempos, aquella pregunta no lastimaría con la misma fuerza, como una piedra afilada por dos simples palabras, clavándose hasta sangrar en la planta de su pie.
   La percepción del tiempo es completamente diferente cuando estás enamorado. La ansiedad por estar, el deseo de compartir la vida con quien amas, nos da la idea de un paso más lento del tiempo y la emoción, la alegría del contacto, el beso, los abrazos, engañan a nuestros sentidos y el tiempo, simplemente vuela…””
(Extracto de “Volar con los pies descalzos”, By JMPA Pink Panzer)
 

Los hombres sabios dicen
que solo los tontos
se apresuran…
pero yo no puedo evitar
enamorarme de ti.

¿Debería quedarme?
 
¿Podría ser un pecado?
 
Algunas cosas están predestinadas…



Toma mi mano,
toma mi vida entera también…

Viernes 13 – Martes y trece… Ascensor al infierno.

Un ascensor en China sin “cuatros”.
  Hoy es VIERNES 13… Es posible que, tú que me lees, hayas dejado de hacer algo en este día, por miedo, o precaución, por si acaso… Las supersticiones cambian nuestra vida aunque lo cierto es que no existe ninguna base científica que las sostenga… son creencias, supersticiones, igual que creer en un dios que todo lo ve, todo lo sabe, todo lo arregla.
   En la cultura china se considera al número 4 (四, sì) como un número de mala suerte debido a su similitud fonética con la palabra que significa muerte (死, sǐ). 
Un ascensor cualquiera… sin 13.

   Esta superstición se da también en la cultura japonesa que no es manca en estos temas de supercherías.
  En nuestra cultura, el número maldito es el trece y en multitud de ascensores este botón desaparece para “tranquilidad” de los inquilinos…

  ¿No te habías dado cuenta? No es una “regla” que se cumpla a rajatabla pero, si vives en un gran bloque de pisos, o tienes uno cerca… entra y fíjate en la botonera de su ascensor y si es verdad lo que te cuento, si con esta historia te sale una sonrisa mientras buscas el botón nº 13… la misión está cumplida.

Otro ascensor sin 13…

   Déjame un comentario con el “ascensor” de tu casa… dime si vives en el “12+1”. Por cierto, cuando entres en el ascensor, acuérdate de hacerlo con el pié derecho, no vaya a ser que la maldición del “13” te esté esperando para acompañarte en tu último viaje al infierno…
   No juegues con los botones… los ascensores los carga el diablo…

   Un repaso a las tonterías que se dice
traen mala suerte:

   Romper un espejo, levantarse con el pie izquierdo, pisar las rayas de las baldosas en el pavimento, derramar sal, pasar por debajo de una escalera, que se cruce un gato negro, el 13 (por supuesto), abrir un paraguas bajo techo, los brindis con agua… Puestas así las supersticiones, una tras de otra, observamos su falta completa de la más mínima razón, pero, sin embargo, algo nos impulsa a veces a creer en ellas más allá de la cordura y a evitar pasar por debajo de esa escalera que está ante nosotros. En ti estará evitarla o traspasarla… yo he pasado multitud de veces por debajo de escaleras y no me pasado nad…agggg ahhhh… ouggchch…opssss.

“Creer en la superstición es crear un
 nuevo destino desgraciado”
(Kung Fu)

Esta noche te cuento… Leyenda del sendero del agua.

Esta Noche te Cuento (Web del concurso)

La leyenda del Sendero del Agua,

Esta Leyenda es mi pequeña

participación (Seudónimo Hojarasca2) en un

bonito concurso.

Anímense;

Ustedes también pueden

aportar sus historias.

Y así todo el tiempo 

Yo quería estar descalzo… un lunes cualquiera.

   Buenos días… Hoy es lunes, un lunes áspero y duro como todos los malditos lunes. Te deseo un buen día, te deseo que comiences la semana con una palabra amable, un impulso nuevo, el recuerdo de un beso, la promesa del encuentro de la mejor sonrisa… Te deseo un buen día, despertar en compañía, llegar, regresar, para leer la vida por un poema atravesada.
 ∼

   La trampa la hizo el frío. El frío, la cercanía y mis zapatos. Porque si nos cruzábamos cualquier otro día – pongamos un 21 de febrero – y yo hubiese estado vestido de tomate, repartiendo “dosporunos” de gazpacho, no te hubiese ni mirado. El problema es que cuando llegaste rondaban los 40 grados, yo no tenía prisa, ni estaba vestido de idiota. El problema es que ese día me moría de calor, tú estabas demasiado lejos y yo quería estar descalzo. 

 

    En promedio – lo sé porque los he contado desde niño- hay 143 pasos en una cuadra. 71 pasos para estar frente a frente, y medio paso más para tropezarse, que se caigan unos papeles y se desate una de esas películas imposibles en las que la gente se enamora tanteando la calle con las rodillas flexionadas. Nada se parece menos al amor que estar agachado, nunca entendí ese cliché. 
    Por eso contigo no hubo colisión ni reguero, hubo competencia de caminata con meneo y unas ganas feroces de que te dieras cuenta de que te estaba ignorando, de que ni loco – en el paso 11 – te hubiese lamido la boca, ni halado el pelo con la mano izquierda en el paso 16. De que supieras que no me había puesto nervioso en el paso 21, ni tuve ganas de desnudarte en el paso 32. De que era un atrevimiento mirar bajo tu falda a sólo 40 pasos de haberte visto y que era un absurdo pensar en arrinconarte 10 pasos después y hacerte el amor ahí mismito. No quise clavarte los dientes en el paso 60, ni jurarle devoción gastronómica a tu entrepierna en el 69. Que 5 pasos después, en la mitad de una línea recta y vacía, no iba a predicarte el infinito. Todo lo contrario: ¿Me puedes decir la hora?.
 ∼
 “La luz cree que viaja más rápido que cualquier otra cosa, pero se equivoca; da lo mismo lo rápido que pueda viajar, porque al final, la luz descubre que la oscuridad ha llegado antes que ella y la está esperando”.