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Eleven a los once… Torre de Babel.

“Oveja que bala, pastor que pistola.”

(©Pink Panzer Yorch – Pinkerfranes goyescos)

– Roto –

¡Tremendo alboroto!
De fuerte patada
la muy desalmada
le ha roto el escroto…

¿Y que fue lo que fue?
¿Qué pasó o sucedió?
Pues el culo a la joven
el muy idiota le tocó…

(©JMPA Pink Panzer Korps – Batallitas del abuelo Ingeniero.)

Respeto y admiración – Presente y recuerdo.

   Un metro setenta de puro músculo, como casi todos sus compañeros en aquella época de tensión extrema. Cargaba con su equipo completo como cualquiera de la Unidad y jamás escuché una queja de su boca o que se quedara atrás por muy fuerte que fuera la exigencia o muy duro que castigara el sol.
De padre militar de origen ruso y madre “mañica” de la misma capital, su querida Zaragoza, no es extraño que acabara enrolada en las filas del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros nº 12, y sí, he dicho enrolada, porque Nadia, mujer de botas a cabeza, empezó siendo soldado profesional y tan adentro le llegó el veneno de los ingenieros militares que acabó con sus huesos en la misma  academia militar por la que había pasado yo… unos añitos atrás, tampoco hay que exagerar dando fechas…
photo_2019-01-23_13-58-55.jpg  El caso es que, siendo ya militares de carrera, coincidimos durante un traslado en la cafetería de una estación de tren. Eramos once compañeros camino de Babel, de los cuales solo cinco estábamos vestidos de paisano sentados en una mesa dando cuenta de sendos bocadillos de tortilla y unas cañas bien fresquitas. Cuando ya le veíamos el fondo a los vasos y se acercaba la hora de subir al tren, Nadia se levantó la primera y con esa frase típica entre compañeros “esta la pago yo” se acercó a la barra para abonar la cuenta. Enganchados en aquella barra como tres paraguas en la argolla de un autobús estaban tres hombres de mediana edad con sus cubatas de media tarde. Por mi situación sentado a la mesa, podía ver perfectamente la escena. Nadia, después de pagar la consumición, pasa por delante de estos tres señores dándoles la espalda durante unos breves instantes, momento que aprovecha el que está apoyado en el taburete del centro para alargar la mano y tocarle el culo a nuestra compañera.Jasmine Tous Les Soirs.png
Como un rayo, Nadia se gira, momento en el que el idiota levanta las dos manos como en un atraco y agitándolas le dice con repulsiva sorna intentando hacerse el gracioso “ahhhh, ¿quien fueeee?”.  Ya no dijo nada más. Mis compañeros y yo mismo estábamos ya en pie para acudir en su ayuda cuando vemos como la potente pierna derecha de Nadia, capaz de subir de un salto a la cabina de un camión, sale disparada e impacta con tal fuerza en los bajos fondos del susodicho idiota que casi consigue sentarlo encima del vaso del cubata que le esperaba en la barra. El amigote de la izquierda intenta ayudar a su compañero que se retuerce en el suelo como una lombriz con dolores de parto y el de la derecha se revuelve y enfrenta en un ademán de amedrentar a nuestra amiga que le espeta enseñándole el puño cerrado “¿tus bolas son de acero o son como las de tu amigo? Pues como te acerques, te las reviento…” Y nos fuimos al tren…
Ace Balls   Muchas cosas deben cambiar pero vemos que, con lentitud, es verdad, conseguimos avanzar en la buena senda de algunas y otras, sin embargo, se resisten empecinadamente al paso del tiempo, ancladas por generaciones en el pasado más ruin, mezquino y casposo de nuestra educación.
Si algo he aprendido es que, las tonterías se te quitan de golpe cuando la vida se te va en ello, como al machito mega idiota que, en las urgencias de una tienda de campaña queda en manos de una doctora y tres enfermeras que a pesar de todo, lucharán toda una noche por mantener vivo a ese “ser  superior” que días antes las menospreciaba con bromas de mal gusto por el simple hecho de ser mujeres…
Mi espalda no podría estar más a salvo ni con más ciega confianza que en manos de nuestra compañera Nadia. El respeto ya lo tenía desde el primer día y a pulso y con muchísimo esfuerzo se ganó nuestra más sincera admiración.

   Respeto y admiración. Estos días en los que habitualmente escucho utilizar una terminología muy militar, guerra, batalla, combate… y después de leer a nuestra querida compañera y poeta Estrella en su última poesía hablando del recuerdo, me han venido a la cabeza recuerdos que he unido de inmediato al respeto y admiración por todos los españoles que están dando lo mejor de si mismos por mantenernos a salvo de este virus, aún a costa de arriesgar sus propias vidas.

  Respeto y admiración; La escalera de la gratitud siempre ha empezado para mí con esos dos escalones.

(JMPA Pink Panzer Korps – Escalones de la gratitud)

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“Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos.”

(Lucio Anneo Séneca y mi compañera Nadia.)

Mariprosa… el vuelo de Pink.

“Cuenta la leyenda que en el Reino de Korps, un barquero cruzaba palabras al otro lado del río. Durante el viaje, ebrias de amor, las palabras se unían para crear otras nuevas, extrañas, nunca pronunciadas, que nacían al rozar la orilla…”

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Je vole (Vuelo)

Mes chers parents je pars,
Je vous aime mais je pars.
Vous n’aurez plus d’enfants, ce soir.
Je m’enfuis pas je vole,
Comprenez bien je vole.
Sans fumée sans alcool je vole, je vole.

Queridos padres, me voy
Los amo, pero me voy
No tendrán sus hijos más al anochecer
No huyo, vuelo
Comprendan que vuelo
Sin fumar, sin alcohol

No Huyo, Vuelo…

    Con diecisiete años y después de 22 horas de viaje en tren, me enfrenté al primer granSILENCIO_amigos.jpg reto de mi vida. Éramos 13.000 aspirantes para rompernos los huesos peleando durante, tres largos días de pruebas por apenas 900 plazas en aquella fría Academia Militar, academia que muchos años después, para vergüenza de mucho General metido a político sin honor, perdería su lema escrito durante años por los alumnos en la falda del monte Constampla.

  El primer día, en la prueba de resistencia, mientras adelantaba en la pista de atletismo a jovenzuelos como yo que ya iban prácticamente al borde de la asfixia camino de la lejana meta, me di cuenta que aquel reto estaba allí esperándome y era alcanzable. Llegué el primero de mi tanda dando gracias a la buena genética de mis padres, maldiciendo a los curas por tanto tortazo sin sentido y agradeciendo a los mismos malditos curas que, observando mis aptitudes desde pequeño, las explotaran para convertirme durante tres cursos en un revienta trofeos en los campeonatos de atletismo entre los colegios de mi región… Aquella experiencia previa hizo que las durísimas pruebas físicas de selección fueran para mi casi una diversión. Gran parte de los aspirantes (aspirinos nos llamaban) se marcharon para su casa al final de aquel día.

   Pink october beyoneQue enorme contraste ver en aquella primera noche a muchos de los que dormían en mi barracón, cabizbajos, desilusionados, preparando su maleta antes de irse a dormir. Todas las pruebas físicas eran eliminatorias. Si no superabas una, te ibas a casa, sin más explicaciones, sin segundas oportunidades. Una carrera de resistencia, otra de velocidad (mi disciplina en el colegio), saltos, flexiones, lanzamientos, cuerdas, natación con salto de trampolín incluido, reflejos, equilibrio… Algunos participantes nunca conseguiré entender que demonios hacían allí y si en alguna ocasión habían jugado a algo que les hiciera sudar, aunque solo fuera un poco. Sin embargo, otros era buenos, muy buenos, tanto como algunos contra los que había perdido o ganado por los pelos en competiciones escolares pero entonces ¿de donde diablos salía aquel desconocido sentimiento que me hacía sentir tan mal con su derrota?
   El segundo y tercer día fueron más tranquilos. Allí ya quedaba mucha menos gente, siempre con el bolígrafo en la mano y el dni entre los dientes, de una sala para otra, rellenando cuestionarios psicotécnicos y exprimiendo las neuronas en varios exámenes de idiomas y conocimientos de todo tipo.No te hagas pedazos.jpg
   Veintidós horas casi eternas de regreso a casa sin ni siquiera saber el resultado de nuestro esfuerzo. Allí estaba yo, un verano de 1981 en la Alameda de mi ciudad, sentado en nuestro banco de piedra contándole a Ella mis cinco días de aventura cuando, a la carrera y casi sin resuello, un compañero de aventura me dice que, de los diez amigos que nos presentábamos de nuestra academia preparatoria, siete “estábamos dentro”, y yo era uno de ellos.
    La vida nos dio un vuelco. Todo y nada cambiaba a la vez. Apenas un mes y medio era el tiempo que nuestro amor tenía para rearmar sus defensas y afrontar años de duras ausencias que solo en nuestras cartas encontrarían motivos para el consuelo.
   Años de decisiones que, desde el primer día, me llevaron de cabeza al cuerpo de Ingenieros de nuestro maltratado Ejército de Tierra… pero eso, eso ya es otra historia.
(JMPA Pink Panzer Korps)
Geraldine Rojas y Pablo Veron - Una emocion

Necesito amor, danzar contigo cada noche. Te necesito amor, con el corazón en tus manos o en manos de la imaginación…
(JMPA Pink Panzer in love)

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