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Nada sucede dos veces… Los cuatro miedos.

¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.”
   Una parte fundamental de la filosofía de Epicuro es la lucha contra los cuatro miedos que nos atenazan como seres humanos… “el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el miedo al dolor y el miedo al fracaso en la búsqueda del bien.”
 
   
   Hoy se que nada ocurre dos veces de la misma forma o con la misma intensidad, aunque el escenario y sus protagonistas parezcan ser los mismos, convirtiendo la monotonía en costumbre, más o menos dolorosa, más o menos invisible. Aún así, los miedos llegan.
   En mi búsqueda del bien, persevero y espero no tener miedo cuando llegue la hora de hacer balance de mi historia.
   Un día de ira y fuego reclama su botín de esfuerzos malgastados, pero la reflexión alcanza su meta en el corazón y de todo se aprende, incluso a no tener miedo del propio miedo.
(JMPA Pink Panzer)
 
 El cuarto
Muy atrás dejé tres viejos
para enseñarle a la vida
la puerta entreabierta
al cuarto de los miedos
(JMPA Pink Panzer)
  
Nada dos veces
Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
     
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
     
No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.
     
Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.
     
Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?
       Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.
       Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura. 

La Señora de los Silencios… en la hoguera.

  La revista ‘Smithsonian’, (os la recomiendo) celebra sus cuarenta años de vida haciendo, entre otras cosas, un reportaje sobre nuestro futuro próximo, centrándose en lo que ocurrirá en el mundo durante las próximas cuatro décadas. Entre los eventos que se citan (en inglés) me gustaría destacar el anuncio de que, en el año 2019 podremos conocer/leer por fin las 1.200 cartas que el poeta T.S. Eliot envió a su secreta musa Emily Hale y que fueron donadas en 1959 por esta excepcional mujer a la Universidad de Princeton con la garantía de no hacerlas públicas durante 60 años, plazo que se cumple precisamente en el 2019.

   Hoy en día, el interés por estas cartas es enorme. El autor de ‘La tierra baldía’, un hombre que debe lo mejor de su obra a Emily, quemó todas las cartas (aunque puede que queden algunas) que esta mujer enamorada le había enviado desde 1927, año en que recuperaron un contacto perdido desde que él la dejó plantada en 1914 tras seis años de un noviazgo juvenil que zanjó tajantemente cuando decidió largarse a Europa. Treinta años de cartas en las que Eliot no hizo más que canalladas, a esta mujer y a otras muchas… Me pregunto cuanto de gran escritor y poeta tendría este hombre sin que “ellas” escribieran gran parte de su vida. 

   “El hombre que amé no respondió a mi confianza, amistad y amor”.
  Si en efecto sus cartas fueron destruidas por Eliot, Emily Hale será para siempre la “señora de los silencios”.
“Amor se llama el que inventó el tormento.
Amor el nombre desacostumbrado
Que tejió con sus manos
el suplicio más cruento:
La camisa de lumbre
que jamás ha logrado
arrancarse el poder
en el mundo violento.
Toda la vida, toda nuestra espera
Yace en ser pasto de una u otra hoguera.”
(Thomas Stearns Eliot)
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