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El Arte de la Caricia… Ternura extraordinaria.

“Los aromas, son la llave de todos los sentidos”

(JMPA Pink Panzer Yorch – Pinking in love.)

   Bienvenido a esta historia, sea como fuere la forma en que hayas llegado. Para entender como germina esta complicada orquídea, deberías leer el comienzo de esta ficticia muestra de realidad trastornada… Aquí tienes unos muslos extraordinarios.

Si ya lo leíste, esta es la continuación… prometida.

   Tras una rápida y energizante ducha, mi amigo Waltery yo, con las toallas rápidamente viajando arriba y abajo por nuestras masculinas geografías, no hacíamos otra cosa que buscarnos con la mirada intentando encontrar el uno en el otro, una señal de alarma o recelo en nuestro semblante, señal que yo no percibí y que tampoco le mostré en ningún momento porque simplemente, no existía.

¿Preparado para nuevas experiencias, Pink?
Nunca se está suficientemente preparado, Walter – le contesté mientras intercambiábamos sendas sonrisas, con las toallas enrolladas a nuestra cintura y listos para terminar lo que tan exultantemente bien, habíamos empezado en la terraza.

love-respect   La primera sorpresa la encontramos nada más abrir la puerta del amplio dormitorio. Distribuido por el suelo y los muebles de la habitación, un pequeño ejército de diminutos vasitos con velas de colores iluminaban tenuemente la estancia, y como sacadas de una ilustración del manual “El Arte de la Caricia”, allí estaban ellas esperando. Pasados esos iniciales segundos de conmoción, solo teníamos ojos para las mareantes curvas de dos rutilantes cuerpos de mujer tendidos sobre el raso azul de aquella inmensa cama, únicamente ataviados con un leve foulard con el que se vendaron los ojos. El brillo sedoso de sus cuerpos titilando entre luces y sombras al ritmo de las llamas de las velas casi me hace pasar por alto la primera señal; El foulard de Ella, inconfundiblemente rosa y con el bordado de Roberto Verino en su extremo. Hacía al menos cinco años que se lo había regalado y no, en mi mundo las casualidades no existen…

   Aquella cama era una vieja conocida. Casi cuadrada, con más de dos metros de largo y ancho, Walter, mi buen amigo, la había comprado exactamente igual que la mía. A sus pies, junto a cuatro de aquellas atrayentes velas, reconocí uno de mis frascos de cristal con aceite aromático que uso en mis masajes… ¡Jazmín!, no podía ser otro, ¡que excelente elección! ¿Otra casualidad? Pues no, ya lo saben, las casualidades no existen.

tres-en-la-cama   Intercambiando una última mirada de complicidad con Walter, me inclino y tomo en mi mano el brillante frasco de aceite mientras dejo caer mi toalla al suelo. Frente a mi, un esbelto cuerpo de mujer me esperaba, aquel desconocido que, apenas una hora antes, con sus manos me torturaba sobre una colchoneta a la luz de la luna nueva. ¿Su nombre? Elsa.

   Como ya había hecho en tantas y tantas ocasiones, vertí un poco de aceite en mi mano para quitarle ese puntito de frío que tanto incomoda y sin perder un segundo le cedí la botellita a mi amigo que, cautivado como yo ante la visión de aquellos dos culos extraordinarios, copiaba mis pasos llenándose las manos y sus pies también, del aromático aceite.

el-blog-en-la-mano   Es algo indescriptible que necesitas vivirlo. Las palabras pueden dibujar la situación, personajes, contexto… pero ¿como transcribes unas sensaciones que ni tú mismo conocías que existían? La cercanía de nuestros cuerpos nos permitía gozar a la vez de la visión de aquellas dos seductoras hembras rebosantes de dulces feromonas. Con toda la delicadeza del mundo y sin ninguna prisa, empecé, mejor dicho, empezamos acariciando cada uno los tobillos de la mujer que la luna nos puso en aquella enorme bandeja de raso.

   El aroma a jazmín ya se había adueñado de la estancia. Cuatro manos viajaban sincronizadas por los cuerpos de nuestras preciosas mujeres, arrancando sus primeros suspiros a ciegas. Por instantes, parecíamos manejar el uno las manos del otro, como aquellos extraños seres controlados a distancia por  la mente de los humanos en la película de  Avatar. Pero la realidad era mucho más intensa. Eran mis manos las que subían por las piernas de Elsa al mismo tiempo que Walter lo hacía con Ella, con los mismos movimientos, la misma cadencia, casi sobre la misma piel enervada… Instantes de íntima fascinación compartida al borde mismo de la locura, instantes que ya están a fuego grabados en la memoria. Imposible ya olvidarlos.

  Super sexy gallega.png Me concentro en el recorrido del masaje. Subo mordiendo con los dedos la cara oculta de los muslos de Elsa hasta llegar a sus firmes glúteos, donde requiebro el movimiento buscando sus caderas e iniciar de nuevo el camino de regreso hasta sus tobillos. Con cada trayectoria de ascenso hasta las cumbres, unos labios jamás vistos por mis ojos parecían querer hipnotizarme, como pétalos de rosas hablándole al viento, jugando conmigo al escondite cuando mis manos movían sus nalgas… una y otra vez.

   La audacia ya se apodera de nuestra voluntad y anula cualquier atisbo de pudorosa resistencia. Una parte de mi cuerpo hace tiempo que tiene vida propia y no hace otra cosa más que explorar y tropezar en cada movimiento que hago. Tomo un poco más de aceite y de rodillas en la cama, con las piernas de Elsa en medio de las mías, avanzo un poco más y me deleito con su espalda y su nuca. A mi izquierda, Walter arranca un profundo suspiro de Ella, mi chica, a la que ataca con pequeños mordiscos en sus hombros y en su cuello… y también con su mano derecha saboreando la turgencia de su pecho. ¡Walter no pierde el tiempo!

tantragroup   Me siento sobre los muslos de Elsa y dejo que mis manos resbalen por sus hombros y brazos en cruz en busca de sus manos. Mi pecho se acerca, se une con su espalda y mi otro yo, duro como el dolor, quiere ya explorar sus rincones más húmedos y escondidos. Elsa “lo nota” y levanta rítmicamente sus nalgas golpeando mi pubis, lo que enerva aún más a mi ciego explorador, que a punto está de encontrar el camino a la gloria.

   En un rápido movimiento, Elsa se gira entre mis piernas, se quita el foulard de los ojos y los clava en los míos durante unos eternos segundos… abrazados, me besa levemente en la boca y sonríe con absoluta naturalidad mientras me susurra al oído – Pink, ponte de espaldas, déjame a mí encima, por favor…-

   Ella, -el amor de mi vida- y la roca de Walter ya ensayaban la letra y música de su propio “Love Story” en aquella cama llena de pasión. Los minutos pasaban y nuestras manos, nuestras piernas, aquí y allá tropezaban y nos tocábamos en una perfecta tempestad de caricias, giros, movimientos y posturas. “El Arte de Caricia” en su sexta lección nos enseña, “La caricia inesperada, siempre debe ser deseada”. Poco a poco, aprendí a diferenciar sus manos, aún con los ojos cerrados, entre gemidos y suspiros, con el corazón galopando en mi pecho, aún así, sabía de quien era cada caricia y todas, todas eran deseadas.

¿Pink, recuerdas el capítulo ocho, el símbolo del amor infinito? Me dijo Elsa mientras se elevaba con sus rodillas al costado de mi vientre y se dejaba caer suavemente sobre mí, hasta dejarme a la puerta de su pequeño paraíso.

   La visión de Elsa sentada sobre mis abdominales, era espectacular. Sus pechos eran algo más pequeños que los de mi niña pero perfectos en su forma, su tacto, blancos por la falta de sol en su piel sobre la que resaltaban dos guardianes bermellones tan duros en mi boca que podrían cortar el cristal de las ventanas. Walter, apenas a un metro de mi, no paraba de masajear y succionar con ruidoso deleite los hermosos pechos de mi niña que me sonreía con una pícara y excitante expresión en sus labios. No había duda de que los cuatro estábamos realmente muy coordinados.

“Siete veces llamarás a la puerta para poder entrar y romper el silencio”, ese es el capítulo ocho,- le dije a Elsa, lleno de frenético entusiasmo.
Pues ahí lo tienes, Pink, ya me tienes, mi cielo… llama a mi puerta, llama ya…

   Y de verdad que empecé a ver el mismísimo cielo cumpliendo su deseo. Una, dos, tres… apenas sentía el calor interior de su cuerpo y con cada gemido, Elsa estiraba un poco sus piernas hasta casi perder el contacto de mi miembro con sus húmedos labios… cuatro, cinco, seis… Cada vez lo hacía más lento y con cada intento, se mostraba más y más excitada. El siete vendría para romper el silencio y ¡vaya si lo rompió! Lentamente se dejó caer para clavarme por completo en su suave interior mientras un temblor recorría todo su cuerpo y desde el fondo de su pecho salía un poderoso y complacido grito de auténtico placer.

– Oh, siii ya, ya Pink, ya… – Me susurraba entre espasmos mientras yo intentaba no explotar dentro de aquel volcán de mujer, moviéndome adentro y afuera lentamente para prolongar en Elsa, toda aquella dulce agonía que tanto me complacía escuchar.

   Walter se giró hacia su mujer y con un sonoro y emocionado – Cariño, cariño…– la besó repetidamente en la boca , mientras yo alargaba mi brazo derecho buscando los pechos de mi chica y con el izquierdo acariciaba los de Elsa, que aún seguía arriba y abajo por el mástil de mi velero, disfrutando y haciéndome disfrutar.

   Los espasmos de Elsa cesaron y Walter regresó a un más loco de pasión sobre mi chica mientras su mujer, liberándome de sus entrañas, se acercó gateando, con sus pechos rozando mi cara y dejando finalmente, su brillante y depilado pubis al alcance de mi boca.

mil-manos-espalda   Era un deleite para todos mis sentidos. Mientras mordisqueaba sus pequeños y sonrosados labios, podía escuchar los gemidos de mi niña, arrancados por los potentes envites que mi amigo Walter le dedicaba en distintas y asiáticas posturas. Retorcía yo entre mis labios un clítoris que pasaba por allí cuando percibo que Ella, mi chica, a gatas y con Walter enganchado a sus caderas, se arriman por detrás de Elsa y toma entre sus manos a mi pobre bastón, que empezaba ya a languidecer por falta de estímulos. De inmediato noto su aliento, su lengua, sus dientes surcando mi piel más escondida. Yo y mi glande reventamos de ganas de ser suyos una vez más. El enésimo empujón de Walter hace que entre de golpe en la boca de mi niña y la locura se desatada una vez más. Ella sabe mejor que nadie como acabar conmigo y con su lengua haciendo diabluras, siento que voy a estallar en cualquier momento. Cinco, seis, siete… Walter sigue con su cadencia bien aprendida y Ella me suelta para estallar y derrumbarse sobre mis piernas en un brutal orgasmo que hace vibrar la cama. Walter se tumba sobre su espalda y sigue empujando y arrancando gemidos de placer a mi niña mientras intento concentrarme en el sabroso “lacasito” de carne con el que juega mi lengua desde hace un buen rato.

   El Arte de la Caricia, en su capítulo 12 describía, “En el amor, la ternura será el tercer sexo”. El libro parecía saber todo lo que allí ocurriría, incluso en este aparentemente complicado capítulo. Elsa empezaba a dar muestras de encontrarse a las puertas del cielo. Su vientre temblaba y su respiración entrecortada anunciaban su llegada. De improviso, noto como una recia mano acaricia primero y se agarra después, con exquisito tacto, de mi revolucionado escroto. Casi sin tiempo de reacción, otra boca que no era la de mi mujer se abalanza sobre mi pene y con una inexperta e indescriptible ternura, me abraza con sus labios y me hace desaparecer de este mundo… En milésimas de segundo decides lo que está bien, lo que está mal… Elegí el imperio de la ternura sobre cualquier otra cosa que me rondara la cabeza en aquel dulce instante… y eran muchas, creedme.

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   Yo intento confirmar mis sensaciones apartando un poco a Elsa para poder ver lo que ocurre tras el telón de su espalda, pero me sujeta con sus manos la cara y me ruega que siga, apretando su vulva contra mi cara. No tenía dudas pero, a veces, necesitas ver para creer. Bien, pues ya está, creo que “voooy” a explotar, lo noto, no aguantaré mucho más. La apabullante tormenta de sensaciones llegará para barrernos literalmente de gozo a los cuatro amigos. Elsa estalla en otro tremendo orgasmo sobre mi boca que no hace más que excitarme aún más y agarrándome a sus pechos, reviento al fin sin control en un enorme, largo y maravilloso orgasmo, mezclando mis aullidos con los gemidos de la gata que arañaba mis costados. En algún descontrolado empujón final, provoco que Walter se atragante y suelte su presa, pero aún con su mano siguió arrancándome electrizantes espasmos mientras él comenzaba a jadear y galopar ayudado por las caderas de mi preciosa niña. Juntos alcanzaron el clímax fusionando sus gemidos y quejidos con los fuertes espasmos de un Walter desconocido para mí, un Walter que no dejaba de acariciarme con su mano izquierda… con una ternura extraordinaria.

   La noche fue larga, fue inmensamente larga, tanto que duró más de un día… El manual del El Arte de la Caricia aún tenía un último capítulo pendiente pero, necesitaríamos el resto de nuestras vidas para cumplir con sus preceptos. En ello estamos, inventando caricias nuevas, ¿no es verdad, queridos amigos?

“Primero besas su mente, luego su cuerpo te sigue… hasta el fin”

    Nombres, situaciones y lugares han sido cambiados para que la realidad no se parezca en nada a lo que aquí me invento. La búsqueda de la verdad es algo íntimamente ligado a la condición humana. Nuestras comunicaciones son esencialmente inferenciales, es decir, que toda comunicación verbal consta de una parte codificada y de otra que es producto de inferencias, de ciertos procesos mentales que llevan a conclusiones, dependiendo del contexto en que son producidos. No es nada nuevo que oculto cosas entre mis letras y también es verdad que tu mente creerá encontrar pistas escondidas jugando con tus emociones y eso, eso es especialmente bueno. Disfruta de la vida, pues desgraciadamente, no tenemos más.

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El masajista fiel… La decisión final de Sophie.

Cuenta la leyenda que en el reino de Korps, una crisálida no quiso ser mariposa. En su lugar, una poesía se convirtió en prosa y una verdad inquietante, en mentira piadosa…

( Pink Panzer Korps presents…Raising sun for Sophie. )

Raising sun for Sophie

Mujer en pie tul contraluz     Era de noche pero en aquella habitación, dos mujeres se bastaban para iluminar sus cuatro paredes, como si de repente, se hubiera hecho de día. Sus ojos brillaban como soles amaneciendo sobre el mar de nuestras islas. La señal me llegó cuando dejaron de llorar, con aquel abrasador beso capaz de fundir el hielo de mi nevera. Fue entonces cuando decidí dejarlas un momento a solas e irme sin hacer ruido a por unas cervezas…

   Nunca había sentido a Sophie tan profundamente unida a mi ser como en aquellos eternos segundos en los que, con aquella bata blanca que apenas conseguía contener sus pechos, me abrazó hasta que rompimos juntas a llorar. Como dos tontas nos quitamos las lágrimas de los ojos, la una a la otra, con nuestras manos, entre risas, entre caricias, con mis ojos clavados en los suyos…y toda ella en los míos.

– Espera, Greta me dijo con aquella voz que me hipnotizaba – Aún te queda una aquí…- y me besó en la mejilla estremeciendo mi nuca, mi espalda, mi alma. Con mi corazón totalmente desbocado, Sophie cerró aún más la distancia que nos separaba y puso sus labios al alcance de los míos, como rogando mi permiso para romper aquel milímetro de aire que nos separaba, el permiso que ya tenía desde el primer día que la conocí.

   La luz, la música, el universo entero desapareció cuando tuve su boca a mi alcance y la besé por primera vez en los labios. Fue entonces cuando sentí correr por mis venas aquella avalancha de sensual ternura con la que Greta me correspondía. Temblando como dos cometas al viento, con nuestros pechos intercalados en aquel abrazo que parecía no tener fin, me di cuenta de que la decisión estaba tomada y era la correcta. Los brazos de Greta no eran un refugio. Era Ella, toda ella era el refugio que yo buscaba, y sus brazos el balcón al que asomarme para ver el mundo, definitivamente, con otros ojos.

Pinker manus massage

Chicas ¿Estáis bien?, ¿Os apetece una buena cerveza y darle un poco de conversación a vuestro masajista? – Les pregunté a mis dos invitadas, asomándome al pasillo con tres 1906 Red Vintage en la cubitera… Si, lo presentía. La ocasión merecía dejarles espacio, tiempo y también mi mejor cerveza para celebrarlo y no iban a ser las únicas que disfrutaríamos aquella noche bajo dos nuevas estrellas.

Perdón, perdón, por favor, vente con nosotras que ya hemos abusado bastante de ti. – le dije a Yorch mientras Greta me ajustaba la bata con el travieso cinturón que, entre tantos besos y abrazos, se había caído al suelo.

– Trae esas cervezas que tenemos mucho de lo que hablar – Le dije casi al mismo tiempo que la puerta se abría, con aquellos pies descalzos sorprendiéndome una vez más con el silencio de sus pasos. La sonrisa de Yorch era de esas francas, de las que no te dejan dudas y si alguna le quedaba, no dejaríamos que duraran mas allá de dos cervezas…

   El trabajo de Sophie, productora y diseñadora de campañas publicitarias, la puso en contacto con la directora de una gran empresa europea de gimnasios exclusivos para mujeres. Durante el diseño de sus últimas campañas publicitarias para estos gimnasios, entre ambas surgió una buena amistad que llevó a Agnes, la directora, a ofrecerle la dirección del proyecto de apertura y gestión de uno de sus nuevos locales en las islas. Pero Sophie, que acababa de cortar su relación con el italiano, no se sintió con fuerzas de afrontar semejante reto y no aceptó.

Ellas unidas mujeres dos

Hace unos meses me lo volvió a recordar y mañana mismo voy a llamarla para aceptar. Se que espera mi llamada y por eso me atrevo desde ya a ofrecerte que trabajes conmigo. Si Greta acepta, me gustaría que los dos me ayudarais en esta aventura. Yo me encargo del tema económico con Agnes y tú te encargas en exclusiva del apartado de masajes, dentro de la sección de Salud & Wellnes que Agnes me explicó que desarrollan en sus centros deportivos…

   El ofrecimiento de Sophie me sorprendió pero acepté al momento. El reto era demasiado cautivador y no lo iba a dejar pasar. Greta estaba entusiasmada con la fulgurante velocidad de los acontecimientos pero nada, absolutamente nada salió mal de lo mucho que se acordó aquella larga noche. El trato incluía una tarde de masaje a la semana, enteramente reservada para ellas dos. No me sorprendió la especial “cláusula” de mi contrato y cuando el proyecto se convirtió en pujante realidad, aquellas tardes se convertían en pura terapia de grupo. En una de aquellas sesiones, ya con la noche llamando a mis ventanas, una última decisión se tendría que tomar. Muchos meses después de que todo empezara, ese “todo” comenzó de nuevo, una vez más… sobre una camilla de masaje.

– Yorch… Greta y yo queremos pedirte algo… Dijo Sophie con aquel tono seductor que tanto encandilaba a Greta…

– Vosotras me diréis, pero si es por cenar, me niego a pedir pizza otra vez…

– Esta noche, si no estás muy cansado, a las dos nos gustaría quedarnos y darte un masaje…y luego, si eso, ya cenamos.

Bueno, pues aquella noche si que me sorprendieron, o tal vez no lo hicieron y solo fue un sueño fruto del cansancio…

Han intervenido, por orden de aparición en este mundo:

– Soy Greta. Di mi permiso para que esta historia saliera a la luz. Soy parte de ella, y ella ya es parte de mi… y no hablo de la historia.

– Soy Sophie y mi historia no es solo mía. Las decisiones, igual que una simple y aislada gota de agua cayendo en un estanque, pueden provocar miles de ondas y con ellas alcanzar, arenas de lejanas y desconocidas playas.

– Y yo soy Yorch, Pink Panzer Yorch, el masajista escribano y fiel… fiel guardián de esta historia, hasta donde se puede contar.


Cuando tocas una guitarra, la magia sucede cuando en vez de sonidos, le arrancas lamentos a cada una de sus cuerdas.

(JMPA Pink Panzer Yorch)

El masajista fiel… La decisión de Sophie, 2ª parte.

“El amor es para el niño lo que el sol para las flores; no le basta el pan: necesita caricias para ser bueno y fuerte”

(Concepción Arenal)

Pink Panzer in Korps… Para entender la Historia de Sophie (aquí la Primera parte).

   Piero era, o más bien sigue siendo, un italiano. En cierta época de su vida, tuvo la suerte de aterrizar en una de estas islas, tan cálidas como acogedoras. Siete bellas, fieras, y volcánicas islas con tal sobredosis de turismo llegando a sus costas que, resulta de lo más normal ver como numerosos visitantes, se quedan prendados de Canarias y deciden quedarse a vivir, algunos de ellos para siempre. Piero se quedó prendado, si, pero no de las tierras isleñas, que se la traían muy al pairo.Mujer sobre luna

   Piero, Pedro, Petrus, piedra, firme como una roca… El que se inventó los significados de los nombres no acertó ni una con este italiano a medio cocer, digno de venir a nuestra tierra dentro de un bote de plastilina marrón, muy marrón. Y pronto no tuve ninguna duda de que este hombre tan marrón, era el origen de todos aquellos nudos y toda aquella tensión acumulada en la musculatura de Sophie, y también en su alma.

   Si, es verdad. Palabra por palabra lo recuerdo todo… “Sophie, ahora debes de ayudarme a seguir. Soy tu masajista y debo saber donde están los límites, tus límites, para que no te sientas violenta conmigo…” Estúpidamente, sentí asombro y sorpresa cuando él me habló de respeto. Respetar mi cuerpo, mi intimidad, para no hacerme sentir violenta… pero, maldita sea, mi mente me trajo de golpe la imagen del traidor de Piero y su odiosa carta de despedida. Creo que  allí mismo tomé la decisión más importante de mi vida.

   Masajear glúteos, si, masajear glúteos, no… Yo pensaba que Sophie, apoyándose ligeramente sobre sus codos, estaría en ese momento deshojando la virtual margarita de su trasero, pero una vez más, en lugar de contestar a mi pregunta, ella me sorprendió con una avalancha de brutal sinceridad, inundando aquel momento con su sola presencia. Era el alma de Sophie, absolutamente desbocada.

   Yorch… Hace algo más de un año que ningún hombre me ha tocado. A nadie le he permitido nada más allá del saludo o estrechar mi mano, ni siquiera un simple beso en la mejilla. Yo sé que Greta te cuenta cosas y por eso aún me avergüenzo más de mi misma. Me avergüenza hasta dolerme en lo más hondo el haberme dejado manosear y llenarme de babas, noche tras noche durante los peores tres años de mi vida. Sentía vergüenza de mi misma, por la forma en que me dejé tratar y lo sucia que a veces me sentía. Y rozando lo absurdo e incomprensible, incluso me sentí mal y culpable cuando Piero me dejó… ¡¡Joder..!! ¡perdóname…! vaya clienta que te ha tocado hoy, ¿verdad? Tienes todo mi permiso, de verdad, no me siento violenta en tus manos. Te confieso que es una liberación para mí volver a Massage Toalla aceitesconfiar, relajarme y por primera vez en mucho tiempo, sentirme en calma, Yorch, y ahora mismo me siento bien, no quiero poner límites a nada.

    Sophie se fue incorporando lentamente hasta quedarse sentada en la camilla frente a mí, arrugando con su brazo izquierdo la sabana que cubría sus piernas y apretándola sobre su pecho. Greta me había contado algunos capítulos sueltos sobre la relación de Sophie con Piero, su exnovio, pero lo que ahora estaba escuchando era algo mucho mas personal. Su voz llegó a entrecortarse cuando elevó la mirada y se cruzó con la mía:

   – Perdóname, vaya clienta que te ha tocado hoy…-  me dijo, con sus labios temblando y los ojos a punto de reventar en lágrimas. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no romper a llorar con ella, por controlar mi empatía y evitar darle el abrazo que un amigo le daría allí mismo… pero, no lo hice, era mi clienta y ella me demostró que aún era más fuerte de lo que yo pensaba.

   – Me siento en calma, Yorch, y ahora mismo no quiero poner límites a nada –  Y sus manos dejaron caer suavemente la sábana al suelo, mientras volvía a tumbarse boca abajo e intentaba con su pelo, ocultar las lágrimas que ya no pudo contener.

    En aquel momento lo tuve absolutamente claro. Fue como una revelación. Allí mismo, sentada en la camilla frente a mi fiel masajista, decidí darle un vuelco a mi vida y casi todo lo que necesitaba lo tenía a un paso de aquella acogedora camilla de masaje, con aquellas manos triturando poco después mis glúteos, en una mezcla perfecta de placer y dolor sabiamente controlado y adormecido, mimada entre aquella música de Yiruma y los aromas, aquellos aromas que ya nunca olvidaría… Dos ideas, como dos explosiones acudieron a mi cabeza cuando sentí que mis muslos ya pertenecían a sus manos…

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   Del calentador de toallas, cogí una rápidamente para cubrir la espalda de Sophie, que estaba empezando a dar muestras de quedarse fría. No recuerdo ninguna ocasión en la que mi mente estuviera tan ocupada con pensamientos ajenos al masaje. Ni siquiera los espléndidos glúteos de Sophie conseguían hacerme olvidar la profunda pena que vi en sus ojos, apenas quince minutos antes. Y estaba visto que aún quedaban sorpresas que pasar por delante de aquella camilla.

   Cuando estaba ya trabajando profundamente en sus isquiotibiales y gemelos, ella me da un avance de lo que estaba bullendo en su cabeza…

    – Yorch – le dije intentando controlar el timbre de mi voz que se me estremecía entre placenteros calambrazos… – Cuando termines con mi masaje, ¿podríamos tomar juntos una cerveza y hablar de negocios? Tengo una propuesta que hacerte.- Creo que fue la única vez que escuché a Yorch vacilar en una de sus contestaciones. Mientras ajustaba mis tobillos como un relojero suizo, su voz temblaba cuando, quizás por lo imprevisto de mi proposición, él me contestaba:

  – Claro, claro, Sophie, no tengo inconveniente. No he aceptado ninguna cita después de la tuya, así que, puedo dedicarte todo el tiempo que necesites-. Me contestó solícito, mientras daba por terminada la primera parte de mi masaje, cubriendo mis pies con una pequeña toalla. Tengo que reconocer que me encontraba en una nube. Sobre aquella camilla había dejado atrás un pesado vagón de tren cargado de malas experiencias y sin embargo, ahora solo tenía tiempo para pensar en un objetivo. Encaminar mi futuro por aquella vía tan clara que se abría ante mí.

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   Estaba cubriendo los pies de Sophie con una toalla caliente cuando, con una vitalidad hasta ese momento desconocida, me dice girando la cabeza hacia mí… – Ahora me toca “media vuelta” ¿verdad?

   – Claro, en un minuto empezamos – Le contesté agradablemente sorprendido.

    – Ya sé que seguramente no está bien lo que te voy a pedir pero, ¿podrías acercarme el móvil que tengo en el bolso?

   Bueno, bueno, aquella sesión de masaje, definitivamente iba a ser inolvidable y por muchos motivos. Tal y como iban los acontecimientos, acepté su ruego al asegurarme que solo sería un momento, pero que para ella era muy importante avisar sin demora a una persona.

   Al mismo tiempo que le acercaba el móvil, ella se dio la vuelta, completamente desnuda y sin el menor rastro de pudor o preocupaciones con las que minutos antes se martirizaba. Tecleaba muy rápido con sus dos manos sobre aquella carísima manzana mordida, mientras yo la cubría con una sábana, desde el ombligo hacia los pies.

   – ¿Y puedo saber quien es el destinatario de tan urgente mensaje? Le pregunté al tiempo que empezaba a repartir un poco de crema y aceite por su cuello, hombros y clavículas, intentando no mover aquellos brazos que sostenían inquietos el móvil, levitando sobre su pecho. Con una intensa y traviesa sonrisa, giró hacia mí la pantalla y pude ver una sesión abierta con un Chat Secreto en Telegram con nuestra amiga “Greta” como destinataria y que empezaba por un revelador “Querida Greta. Un horrible día en el que yo no dejaba de llorar, lo dejaste todo para venir a mi casa a consolarme…” Y volvió a girar el teléfono para seguir escribiendo mientras me decía – Greta es muy especial, ¿verdad, Yorch?-PinkPanzerKorpsinOns

   Terminé el masaje en aquella noche, sin preocuparme de barreras ni límites, dejando libres a mis manos para despertar sensaciones nuevas y reconfortantes  en aquel cuerpo casi de fantasía. Rozando ya las nueve y media de la noche, el timbre de la puerta sonaba por segunda vez en aquella tarde convertida en noche blanca. Era Greta, quien si no. Al entrar, me dio el mismo beso en la comisura de los labios que acostumbraba a darme, pero lo alargó unos segundos más para susurrarme al oído – Tú me salvaste un día, y nunca te lo dije; Gracias Yorch, eres un cielo… ¿puedo ver a Shopie?-    Con otra pregunta más sin contestar en mi cabeza, acompañé a Greta hasta la sala de masajes donde aún estaba Sophie, esperándola con una de mis batas blancas como única vestimenta. Los abrazos siempre buscan su momento y el momento elegido era precisamente aquel. No existe nada semejante a la energía que se libera cuando dos amigas se abrazan como ellas lo hacían. Y yo estaba allí como privilegiado espectador de aquel maravilloso encuentro, en mi casa. Lo mejor de todo, compartiendo frente al mar unas refrescantes cervezas “Estrella Galicia”, aún estaba por llegar…

Próximamente, El Mensaje de Sophie a Greta… Tercera y última parte de su historia, By Pink Panzer in Korps.

El masajista fiel… La decisión de Sophie.

   Massage Toalla aceitesSu amiga Greta se lo había recomendado en incontables ocasiones pero Sophie, una experta creadora de campañas publicitarias, también era una especialista en pergeñar todo tipo de escusas creíbles e increíbles, para evitar enfrentarse a sus miedos y algunos retos aún sin alcanzar. No era el mejor momento vital para Sophie. Saliendo adelante sola, después de que su pareja la abandonara con una simple carta de despedida, confiar en otro hombre no figuraba en su lista de sus prioridades.

   Greta es una deportista de élite. Muchas, muchas horas, en interminables días de entrenamientos en solitario remando a bordo de su K1, la han convertido en una fiel clienta de mis manos. El masaje en el deporte es como afinar un buen piano. La tensión justa, ni mas ni menos, en todas y cada una de sus cuerdas transformarán en sublimes las notas más modestas. Greta era en aquellos días y aún sigue siendo, una perfecta sinfonía de músculos persiguiendo la gloria y aceptando, cuando llega, también la derrota.

   Allí estaba yo, segundos después de pulsar el timbre de su puerta, acordándome de Greta, a punto de salir disparada, escaleras abajo, leyendo como una tonta hasta siete veces seguidas el letrero de la puerta, “Pink Panzer Korps. Masajista Deportivo”… Y de pronto, sin el sonido delator de sus pasos, la puerta de su galaxia se abrió ante mi nave espacial, flotando en el descansillo sin luz, sin palabras, casi tartamudeando torpemente mi nombre, con la mirada clavada en sus pies descalzos…


Greta me había llamado la semana pasada para reservar una buena hora para su amiga. Ayer mismo, el Telegram de Greta atronaba mi teléfono con sus mensajes. Me aseguró que aunque tuviera que llevarla a rastras, se ocuparía personalmente de que Sophie acudiera a la cita. Cualquiera que viera los brazos y espalda de Greta, no tendrían dudas de su compromiso.

   Pink Panzer manus bnFaltaban unos minutos para las siete de la tarde cuando, de forma muy breve, casi como un quejido, el timbre de mi puerta anunció su tímida presencia. Me gusta la gente puntual y para mi, eso ya es un buen comienzo. Abrí la puerta y allí estaba Sophie, como una joven estudiante de bachillerato, a punto de hacer novillos en su clase de latín. Tras unos instantes de desconcierto, las presentaciones rompieron el suficiente hielo para que nuestros pies no resbalaran por el pasillo, camino de la sala de masaje. Los primeros veinte minutos los dedicamos a charlar plácidamente sobre su salud, dolencias, costumbres, hábitos en el trabajo… Conocer a tu cliente es tan importante como tu propia habilidad y técnica para el masaje. Sophie se fue relajando, ganando confianza en si misma y algo menos en su masajista. Tras un par de consejos básicos, la dejé a solas, para que se preparara para la sesión que, por razones obvias, se hace con la menor cantidad de ropa puesta. Esta fue su primera gran decisión del día…

   Cuando conseguí levantar la mirada, él ya me estaba cogiendo suavemente mi mano derecha. “Buenas tardes, soy George, tu masajista”. Creo que ya intuía que yo estaba a punto de echar a correr. Si no fuera por su mano sujetando la mía, ya estaría volando escaleras abajo, con el corazón en la garganta. Su voz me sonó excesivamente bien. Lo achaco a la excelente acústica del descansillo, muy perecida a la de mi ducha, en mis domésticas sesiones de húmedo Karaoke. El caso es que cuando me quise dar cuenta, estaba tranquilamente sentada frente a él, hablando de mis cosas, mis dolores y a punto de confesarle mis penas más profundas.

   El aroma de aquellos aceites tropicales era sumamente agradable. En la sala, muy amplia pero acogedora, predominaba el blanco en las toallas y sábanas. Un ligero y sorprendente tono rosado se extendía por las paredes, cuadros y en la madera teñida de algunos muebles. El suelo era de madera noble, de amplios listones de roble sobre los que destacaban sus pies descalzos…

     El protocolo con mis clientes siempre es el mismo, aunque en el caso de Sophie, siendo su primer masaje, me esforcé en hacerla sentir como en su casa y para eso no hay nada mejor que empezar por su música preferida; ¿Mi elección? Yiruma. (información cortesía de Greta, naturellement…). Desnudarse ante un extraño no es fácil y yo soy el primero en entenderlo. ” Aquí le dejo todo lo que necesita. A la derecha tiene un armario con perchas para su ropa. Yo la espero, no hay prisa. Cuando se sienta cómoda, me avisa y comenzamos…”

   Llegó el momento. Soy un manojo de nervios. Él espera tras la puerta. Se que escucha mi corazón acelerado mano+derecha+David+de+Miguel+%C3%81ngelgolpeando contra el estampado de mi blusa. Me acuerdo otra vez de Greta e imagino mis manos alrededor de su cuello… Reflexiono; Soy una mujer adulta, con una buena profesión, tomo decisiones importantes cada día, mi trabajo se puede ver en revistas y televisión y aquí estoy, con el bolso aún sin colgar en la percha de ese precioso armario rosa pálido…

   Tomo aire y empiezo a desvestirme, con rapidez, para no pensar. En apenas lo que dura un spot en la radio, ya estoy en braguita y sujetador, el conjunto más bonito que tenía, mi favorito y de inmediato me sentí como una completa boba. A donde iba yo, “super-sexy”, como si de una cita de amor se tratase. El tiempo se detiene para mí, con una aromática toalla blanca estrujada contra mi pecho, recordando sola, otra vez sola, incapaz de desnudarme, dudando y pensando que así como estoy, ya es suficiente… Cuando más indecisa estaba, por el hilo musical empezaron a caer, como reconfortantes copos de nieve, las notas claras, inconfundibles, de un piano muy familiar… River Flows in you.!!! No podía creérmelo…!!! Y un río de energía se liberó dentro de mí. El conjunto de Woman Secret voló hacia el armario y mi última y crítica decisión, boca arriba o boca abajo, la tomé de un salto, al mismo tiempo que, desde mis labios escapaba como un disparo, un sonoro “ya estoy lista”…

   Sophie se tomó su tiempo. Yo sabía que lo necesitaba y Yiruma también. Dos discos en el cargadMassage en futuras mamásor de Cd,s me daban la seguridad de haber acertado con el ambiente musical. Si la banda sonora puede arruinar o llevar a la gloria a una buena película, en una sesión de masaje relajante se convierte en una decisión de vital importancia. Reconfortar cuerpo y mente son, al mismo tiempo, el objetivo único e inseparable que existe para un masajista. Quien olvida esta norma, o no es masajista o no merece serlo.   “Ya estoy lista” escuché tras la puerta, con una entonación claramente más fuerte y decidida. Siete pasos mas tarde, mis manos se posaban, como gotas de lluvia sobre su espléndida madurez…

   Desnuda si, pero boca abajo. Mis reservas de valentía no daban para más. Como una niña pequeña, escondida bajo aquella bendita sábana, me sentía protegida, nada malo me podía pasar.

   Solo sé que no lo vi llegar. La puerta se cerró tras él y a pesar de que mis cinco sentidos estaban en alerta máxima, sus manos me sorprendieron sutilmente descubriendo mi espalda, dejando la sábana recogida sobre mis nalgas, o eso creo, pues un relámpago recorrió mil caminos por mi piel, al sentir sus dedos rozarme la nuca.

   Por el hueco de la cómoda camilla, mis ojos solo acertaban a ver su pantalón, de blanco inmaculado, dejando asomar sus tobillos y nuevamente, sus pies desnudos, impecablemente limpios, pedicura perfecta, sin vello que los afease. Tenía claro que, al terminar, le pediría el teléfono de quién cuidaba de sus pies con tanto esmero, si conseguía acordarme, claro.

   Pronto sus manos empezaron a desarmar mis recelos. Mis ojos se cerraban concentrándome en el recorrido de sus dedos. Me olvidé de mis piernas, dejé de cerrarlas como una posesa defendiendo “mi tesoro”. Literalmente dejaron de existir mientras mi espalda era la dueña de aquel universo de sensaciones nuevas.

   Por breves momentos, en medio de aquella tormenta eléctrica, abría los ojos y veía aquellos pies descalzos bailando a mi alrededor y me sentía en paz, una paz que alguien me robó con una carta y de la que no había disfrutado en mucho tiempo. Masaje intenso una vez, caricia a la siguiente. Me costaba distinguirlos pues sus dos manos parecían no seguir el mismo patrón. Ya no quería que se detuviera… Y el piano de Yiruma envolviéndolo todo, era simplemente perfecto.

   Sophie tenía cuarenta y tres años cuando llegó a mi casa. Sumamente tímida de palabra y sinVientre gotas blanco y negro embargo, en cuanto alzaba los ojos, su mirada te cautivaba como un agujero negro atrayendo cualquier luz a su alcance. Amante del deporte como su amiga Greta, mantenía una bellísima y cuidada figura. Como masajista, cientos de cuerpos pasan necesariamente por mis manos y siempre debes de mostrar el máximo respeto por el pudor ante la desnudez de tu cliente. Una prueba de fuego que, en algunos casos, puede significar que tu cliente, no regrese nunca más.

   Cuando entré en la habitación, ella estaba boca abajo, graciosamente enroscada en la sábana que le entregué para que se cubriera. Tan solo asomaban la punta de sus pies por un extremo y por el lado opuesto su abundante cabello rubio claro natural, recogido en una cola de caballo que caía sobre su cara, ocultando su mejilla izquierda. Normalmente, mis masajes empiezan en posición decúbito supino (recostado sobre su espalda) y la segunda parte se dedica a la zona dorsal (espalda), más relajante y adecuada para finalizar un masaje de cuerpo entero. A Sophie no le dije nada. No era el momento de complicarle aún más aquella tarde de julio. Dejé que ella eligiera como empezar su masaje y me adapté a su decisión final. Mas adelante, ya habría tiempo para cambiar.

   Retiré lentamente la sábana, descubriendo su espalda hasta el final de su zona lumbar. Tomé un pocManos espaldao de crema, templándola en mis manos y pude sentir como su espalda se estremecía en nuestro primer contacto. Nuca, cuello, escalenos, trapecios, dorsales, lumbares, hombros, brazos, manos… Dos horas por delante te permiten no dejar nada atrás, ni en manos del azar. Dedicar el tiempo necesario a la mente y al cuerpo de tu cliente es un regalo para los sentidos, de ambos, pues si no trasmites amor, cariño y ternura a través de tus manos, solo serás una máquina. Y tu cliente, necesita personas y no máquinas para tomar sus decisiones

   “Gracias Greta, gracias”. Me lo repetía mentalmente mientras dejaba que mis brazos, levitando completamente en sus manos, fueran suyos por unos minutos. Finalmente, se aplicó con los dedos de mis manos, uno por uno y regresó de nuevo a mi espalda y lumbares por unos minutos más para luego detenerse lentamente, aún con sus cálidas manos sin dejar de tocar mi espalda. Recuerdo sus palabras en aquel crucial momento. “Sophie, ahora debes de ayudarme a seguir. Soy tu masajista y debo saber donde están los límites, tus límites, para que no te sientas violenta conmigo. Los glúteos y otras partes del cuerpo son músculos al fin y al cabo, pero podemos saltarnos ese capítulo e ir directamente con las piernas”.   Si, es verdad, palabra por palabra lo recuerdo todo, pero creo que mi decisión ya estaba tomada, incluso antes de quitarme la ropa.

   Sophie pronto abandonó cualquier atisbo de resistencia. De forma deliberada, alargué aquella primera fase del masaje para darle tiempo a su mente de liberarse de sus cargas, quizás debería decir penas, profundamente marcadas en su voz, cuando la escuchaba en nuestra entrevista.

   Llegó el momento de continuar con mi protocolo de masaje. De forma habitual, los glúteos son para mí un grupo de músculos, nada más. Massage Aceite aroma espaldaEn muchísimos deportes son muy castigados, siendo fuente de diversas molestias, incluso reflejándose su dolor en la espalda. Hace muchos años que dejé de ver culos, para centrarme en ser un buen profesional; Glúteos y punto. Lo mismo ocurre con lesiones o contracturas de abductores, que requieren masajes específicos que incluyen llegar con tus manos a su ingle correspondiente, línea fronteriza con esas tierras de sal y fuego que no se deben traspasar. Lo realmente difícil es convencer a tu cliente de que eres un profesional, y esas fronteras son sagradas para ti.   “Sophie, ahora debes de ayudarme a seguir…”. Mis palabras estaban medidas al milímetro y si eres mujer, tú que ahora me estás leyendo, sabrás muy bien el por qué de mi preocupación. Ella, que hasta ese momento mantenía oculta su cara en el hueco de mi camilla, se giró hacía mí, elevando ligeramente el cuerpo sobre sus brazos. Lo que me dijo me sorprendió como nunca antes me había ocurrido con ninguno de mis clientes. Y no me sorprendió por su decisión, pues se trataba de un simple desenlace a cara o cruz que obviamente yo esperaba. No, y siete veces NO. Sophie era mucho más que la cara o cruz de un cuerpo perfecto. Su mente, acostumbrada al estrés de su exigente trabajo, supo encontrar la solución perfecta, incluso cuando mas indefensa y desnuda se encontraba. No fue su decisión, que de por si ya era la opción que menos me esperaba, al contrario, fueron las palabras que eligió para decírmelo, abrumadoramente inesperadas, sinceras y directas, sin el más leve tartamudeo o vacilación. La decisión de Sophie ya estaba tomada y cambió mi vida, la suya y la de muchas personas más…

∼ (JMPA Pink Panzer Yorch . julio de un año del que no puedo acordarme) ∼

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 Pink Panzer Yorch  Mil gracias a VERÓNICA, por seguir mi blog y ofrecerme con ello la oportunidad de visitar el suyo, y leer su entrada “Cuídese mucho”, dándome la inspiración para este cóctel de vivencias reales mezcladas con este maravilloso océano de Blogs de amigos, a veces tan personales e íntimos, que llegan para quedarse para siempre en mi alma. Gracias por seguirme, a todas y todos.

   Por descontado, cuento con el permiso de sus protagonistas, con nombres casi irreales y que solo ellas sabrán descifrar en esta historia que, por supuesto, les pertenece mucho más que a mí.

   Que un hombre te abandone a través de una mísera carta, empieza a ser demasiado vulgar y merece su castigo… Y hasta aquí puedo contar, por ahora. Tal vez más adelante me anime a terminar esta historia, con vuestra ayuda, la de sus protagonistas, la de mis lectores, este Océano de Bloggers en el que me pierdo muchas horas, de muchas noches, de tantos días.

   Por supuesto, cualquier parecido con mi realidad, será vuestra pura coincidencia. Nombres y lugares se han cambiado, y mi lista de clientes, tan solo es un secreto más, fruto de mi disparatada imaginación.

(JMPA Pink Panzer)