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Arena negra… Molinillo rosa.

Abrasaba el sol en aquella luminosa mañana de mayo, el mes de los lirios según marca la tradición. Los Alisios soplaban en todo su esplendor poniendo en jaque a los pocos visitantes de nuestra apartada playa, visitantes que soportábamos estoicamente aquel vendaval con tal de disfrutar del sol y el mar con total libertad. En una de tantas y feroces rachas de viento, una sombrilla salía disparada dando tumbos de forma tan peligrosa como descontrolada. En un arranque de empatía solidaria, salgo disparado cual guepardo detrás de la gacela y “oh my god”, ¿les dije ya que estaba en una playa nudista? Pues tengo que puntualizar que, salvo diversos juegos de pelota/pala a los que soy muy aficionado, jamás me había puesto a velocidad del rayo en plena playa y sin más atuendo que el tatuaje de mi brazo.

Bueno, hecha ya esta pequeña puntualización, regreso al punto narrativo del “oh my god” y continúo, en plena carrera ya, con un descriptivo “muslo, muslo, ombligo, molinillo, molinillo…” y todas sus posibles variaciones de tres elementos tomados de tres en tres (ah, benditas matemáticas). El caso es que alcancé a la sombrilla después de unos buenos 50 o 60 metros de excelente aceleración (según puntuaciones de los jueces de toalla) deslizándome por la negra arena volcánica mientras “My little Pink and balls” intentaban salir centrifugadas de mi cuerpo como la bolita saltarina en una ruleta de casino enloquecida.

Regresé con mi trofeo plegado debajo del brazo y después de entregárselo a una agradecida y simpática pareja de colorados viejecitos de algún país del frío norte europeo, me acerco a las toallas donde me esperan con lágrimas en los ojos mis “despelotados” amigos Elsa, Walter y mi preciosa y muy morena compañera de vida y sueños… Ella.

Walter, me importa un rábano lo creyente que seas. Ese dios tuyo tan sabio y todopoderoso se tuvo que fumar siete “petas” jamaicanos de los gordos antes de coger la bola de barro y moldear al “tontolculo” del Adán… ¡¡¡estamos muy mal diseñados!!!

Aun se reían a carcajadas cuando les di la espalda recuperando mi dignidad perdida y me encaminé hacia el mar para refrescarme el cuerpo después de semejante “sprint” detrás de la sombrilla. Al regresar junto a ellos, las risas se había tornado en miradas cómplices con un extra de picardía que reconocí al instante en los ojos de Ella.

– ¿Qué estáis tramando, chicos? . Elsa me contesta rápidamente con una gran sonrisa y me dice:
Mientras nadabas, se nos ha ocurrido que hace mucho tiempo que no hacemos una fiesta del chocolate
Y podíamos jugar al “Te doy permiso” para celebrar que volvemos a estar juntos… por lo menos hace dos años que no nos reunimos… – añadió mi amigo Walter.-
– Y Ella, sin poder aguantar las risas, añade: “Ufff, pues tendremos que comprar bastante chocolate, chicos…”
– ¿Esta noche? Les pregunté leyendo ya las respuestas en sus ojos…

Aquella noche hubo chocolate caliente, mucho, claro que sí, y regresó el juego a la casa de la playa y por supuesto, allí regreso también la “Nostalgia”, tan inseparable al chocolate como imprescindible era su presencia para saborearlo… y hasta aquí puedo contar de esta historia, obviamente inventada, pura ficción destilada de esta mente rosa, enferma de poesía y, a veces, prosa.

(JMPA Pink Panzer Yorch – El molinillo rosa. )

NO PODÍA SALIR Y, SIN EMBARGO, NADIE ME HABÍA ENCERRADO

(Pierre Reverdy)

“Quizás me pierda en los mil trazos
que dibujas con tu luz en el mar
Quizás me pierda en tus abrazos
y convierta tu pecho en mi hogar”

Estos cuatro versos que me preceden jamás hubieran nacido si antes, este ser llamado Pink no se alimentara con la lectura del precioso poema de Estrella que, semanas atrás publicó en su blog. Estos cuatros versos se los dejé en un comentario minutos después de que “Libre” entrara en mi corazón.
Con “Libre” recordé casi de forma automática la frase que arriba os dejo de Pierre Reverdy, uno de mis poetas franceses favoritos y su mensaje (que hago mio) creo que no necesita más explicación.
Tierra, semillas, agua… Olas y olas, no importa su altura, unas detrás de otras, incansables, van dejando su cargamento de arena. Granito a granito, así es como se forman inmensas playas y este es mi granito de arena, una historia de playa, de amor, de risas e intensas experiencias que generan más risas, más amor, más vida. Escribir nos mantiene vivos pero sobre todo, íntimamente conectados entre todos, con la poesía como el más firme e indestructible hilo conductor.

(JMPA Pink Panzer Yorch – Cartas a los amigos.)

El Arte del mordisco… bocados extraordinarios.

Una mirada amable puede cambiarte el destino. Es muy
 importante que te miren cuando tú no sabes
ni mirarte a ti mismo.
(Tim Guenard)

MIS DESEOS

Quién pudiera morderte lentamente

como a una fruta amarga en la corteza.

Quién pudiera dormir en tu aspereza

como el día en la sierra del poniente.

  
Quién pudiera rendir la hastiada frente
contra el duro confín de tu belleza,
y arrastrar sonriendo la tristeza,
rota la paz y el paso indiferente.
  
Quién pudiera, mi amor, la alborotada
resistencia del alma distraída
conducir a tu parva apaciguada.
  
Quién pudiera ostentar, como una brida,
el arco iris sin par de tu mirada
desde tu luz a mi negror caída.
 

Antonio Gala

 

   Cuenta el “Ananga Ranga” – obra de la antigua India sobre cómo hacer perdurar el amor y la pasión a través de los años – Son siete las formas eróticas de morder y distintas sus intensidades: desde un mordisco amoroso y juguetón, hasta uno más salvaje y cargado de intensa pasión..
   Y estas son sus siete formas…:

1. El mordisco secreto (Gudhaka-dashana )

   Se muerden los labios de la persona amada sólo en la parte interna o roja, de manera que no quede una marca externa visible para otros. De esta manera, se crea una especie de complicidad entre la pareja, momentos que ambos recordarán para avivar la pasión y esperar con ansias el reencuentro para el amor erótico.

2. Mordiscos en el rostro (Uchun-dashana)

   Los que saben sobre el arte de morder, recomiendan hacerlo en cualquier parte de los labios y las mejillas, áreas muy sensibles al contacto amoroso y apasionado. Puedes probar con mordiscos más o menos intensos, y estar atento a la respuesta de tu pareja, sin perder por ello, la conexión con tu propio placer al dar placer al otro.

3. Mordisco de coral (Pravalamani-dashana)

   El Ananga Ranga lo describe poéticamente, como la maravillosa unión entre los dientes del hombre y los labios de la mujer, que transforma el deseo en una llama que arde. No puede ser descrito, y sucede sólo después de una larga experiencia, no tras practicarlo sólo unos pocos días. Una caricia apasionada que puede ser experimentada año tras año, sólo para volverse mejor y traer más pasión a la relación de pareja.

4. Mordisco por puntos o gotas (Bindu-dashana)

   Es la marca que se deja en la pareja, al morderla con los dientes delanteros en el labio inferior o en la zona donde las cejas finalizan.

5. Un rosario de mordiscos (Bindu-mala)

   Un rosario de mordiscos que forman una hilera de puntos, al morder de manera similar a la anterior, pero esta vez formando una línea pareja de marcas.

6. Mordiscos en abundancia (Khandabhrak)

   En este caso se deja una multitud de impresiones grabadas por los dientes en las cejas, mejillas, cuello y senos/pecho de la pareja.

7. Mordisco de huellas duraderas (Kolacharcha)

   El Ananga Ranga explica que este mordisco – según los sabios – lo realiza el hombre cuando tiene que alejarse de su mujer, por diversos motivos, por ejemplo un viaje. Durante el calor de la pasión y sintiendo un gran dolor por la despedida, deja profundas marcas con sus dientes en el cuerpo de su amada. Después de su partida, ella mirará esas huellas y recordará frecuentemente a su amante, anhelando su regreso.

(Malla, Kalyana. The Ananga Ranga. Editado por Richard Francis Burton -1885-)