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Trazos de acero… Acero en el pecho.

Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.

(Luís de Góngora y Argote)

Trazos de mujer…
      Parece que el tiempo no pasa… pero no es verdad. Más de tres años han transcurrido desde que escribí los “Trazos” que hoy rescato en esta entrada del blog. Regresan desde el fondo oscuro de mi ordenador donde los dejé olvidados un caluroso día de julio. La distancia en el tiempo nos brinda una perspectiva diferente de las cosas, ni mejor ni peor, solo diferente.
   La reflexión de hoy es que la poesía, aún olvidada… evoluciona en el silencio. Los versos cobran vida y significado en tu interior. Entran como relámpagos por tus ojos, reaccionando con tus propios sentimientos y provocando otros nuevos. Ya no soy el mismo que era hace tres años y al leer mis propios versos, me doy cuenta que los fríos recuerdos han sustituido a las emociones más sinceras. Ahora los trazos son distintos, sin ningún valor, sin destino que los encadene con su clave. Quizás nunca lo fueron… de nadie.
 

(al segundo… TRAZOS  …siguiente) 

Desde mi joven horizonte
entre briznas de yerba
observo las formas donde
construir segura mi puerta.

Aprendo a entenderme
con mis ángulos agudos
que me hacen diferente
tan solo unos segundos.

Y al segundo siguiente
elevo decidida,
lentamente,
mi trazo…

Dibujando elipses perfectas
que alejan mis nubes negras,
imagino puertas abiertas,
rompiendo miedos y reglas.

Y en mi viaje,
un ángel me sigue
con dos corazones.
Uno fuerte que late por ella
y el otro que vive
justo pegado al mío,
cuando desfallece
y cansado se detiene,
si no encuentra su camino.

              Y al segundo siguiente
cruzando mi puerta
cerrando la herida,
elevo decidida
nuevamente,
mi trazo…
(JMPA Pink Panzer)
9.1.1 / 9.2.1 / 11.2.1 / 11.2.2 / 28.1.2 / 28.1.3

Bien podéis salir desnudo
pues mi llanto no os ablanda;
que tenéis de acero el pecho

y no habéis menester armas.

Las puertas abiertas… a mi corazón.

   “A un poeta se le reconoce, entre otras cosas, por el modo en que va dejando abiertas las puertas que traspasa. Un poeta no cierra las puertas. Un poeta, de hecho, escribe para convencer a los demás de la importancia que tiene dejar las puertas abiertas. Cada poema es una jornada de puertas abiertas a alguna de las zonas de la sensibilidad o la inteligencia, a una imagen o intuición determinadas, a una experiencia, a un sueño. Cada poema es, también, una casa con dos puertas (y, por eso, felizmente mala de guardar) y una puerta al campo (algo inútil que le da sentido a lo útil): el lugar donde las puertas dialogan con su vacío y con su media elíptica y con las corrientes de aire que siempre las dejan al borde del portazo.”
(Prólogo de Jesús Aguado en “Yo que tú”, de Juan Vicente Piqueras, subtitulado “Manual de gramática y poesía”)

Leonard Cohen – In My Secret Life.

 La llave
Amor secreto
Por siempre,
intuyo que será
por siempre un sueño
del que solo tus besos
me despertarán.
  Por siempre,
el deseo se rinde
la vida se esconde
tras el suave velo
del amor secreto
del que solo tus besos
me despertarán.
(JMPA Pink Panzer)