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El arte frío… Helarte de miedo.

“Me negué a que volaras con mis alas
porque siempre creí que lo harías con las tuyas.”

(JMPA Pink Panzer Yorch – El amor según Pink)

   Los Pintupi de Australia Occidental tienen 15 palabras para otras tantas y diferentes clases de miedo. Si esto lo hubiera leído en mis años más duros, seguro que hubiera estrenado muchos de esos nombres e incluso, inventado alguno más… con una sonrisa en la boca.

   Siempre he dicho y repetido que el miedo no es malo en si mismo y es imperativo diferenciarlo claramente del pánico, su extremo más dañino e irracional

   Recuerdo que “viajando a pie” por un lugar de cuyo nombre no debo acordarme, llegamos hasta el borde de una enorme presa que retenía a nuestra izquierda un inmenso pantano lleno a rebosar por aquel río de aguas casi negras, nuestro “dulce” compañero de viaje por un buen trecho de kilómetros. Por radio recibimos instrucciones de pasar al otro lado pero, por razones de “seguridad”, el paso debería hacerse lo más discretamente posible. Para ello utilizamos una pasarela metálica peatonal, solo útil para personal de mantenimiento de la presa y que discurría colgada al vacío, por el costado derecho de la presa, ese costado derecho sin agua y sí con muchos metros de caída libre hacia el infierno.

   Mochila, radios, chaleco antifragmentación, casco, munición, fusil… sobre nuestras botas llevábamos fácilmente unos 25 kilogramos de equipamiento (algunos con algún kilo más debido a una fuerte adicción a las latas de sardinas en aceite…). La pasarela no podía ser más sencilla y ofrecer un aspecto más endeble. Para complicarlo más, el suelo era de reja en cuadradillo de unos 3×3 centímetros que dejaban ver perfectamente el abismo de más de cien metros que se abría bajo nuestros pies.

Pasarela

No puedo poner una foto pero el suelo de la pasarela era idéntico al que muestro en la imagen.

   Decidimos separarnos unos metros para repartir el peso e ir comprobando como respondía la pasarela a medida que le íbamos sumando “soldaditos” a su estructura. El caso es que todo iba bien y en este “bien” incluyo los crujidos y bamboleos de la pasarela que aceptamos como normales, hasta que un poco antes de llegar a la mitad del recorrido, colgados en el costado de aquella maldita presa, nuestro compañero que identificaré por su alias, “el Piraña” (sí, las latas de sardinas eran las suyas…) entró en pánico absoluto cuando tuvo un pequeño enganchón entre un tirante de sujeción y su fusil de asalto que por un instante le hizo perder el equilibrio… y la razón.

   Todos teníamos miedo y tomamos nuestras precauciones para dejarlo atrás y superar aquel imponente obstáculo, casi prueba de valor en un concurso de la televisión pero… el pánico es irracional, te pone en peligro a ti e incluso a los que más quieres o respetas.

   El Piraña fue pasto de un brutal ataque de pánico que le hizo arrodillarse y meter los dedos de sus manos por los agujeros del suelo, aferrándose a la pasarela como la cría de un chimpancé a la barriga de su madre.

   Una pasarela estrecha por la que dos personas se cruzarían con muchísima dificultad y a v_img9un montón de metros de altura, un grupo de soldados que querían pasar desapercibidos y un compañero agarrado como una garrapata al enrejado y con el cerebro bloqueado como un Iphone robado… Y reaccionas, casi de forma automática antes de que el pánico de uno se convierta en un problema grave para el grupo. Mientras yo le soltaba los cierres rápidos de la mochila, correaje y el fusil, Fabio, el compañero que marchaba por delante de nosotros, regresó para aplicarse a fondo en sacarle los dedos del enrejado. Entre los dos colocamos a Piraña a mis hombros y arranqué a paso rápido notando como el suelo cedía bajo nuestro peso. A mi espalda, mi buen amigo Trucho recogía del suelo todo el equipo de nuestro amigo… Llegamos al final; fin de la historia y comienzo de la siguiente. Las cosas suceden así de rápido y tal cual, se van.

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    A los cuatro días regresamos al pantano en un todo terreno, el Piraña y tres compañeros más. Nuestro amigo se hizo la pasarela diez veces, dos de ellas, ida y vuelta, completamente solo. La reflexión y conclusión de toda esta historia es que, cuando te juegas la vida, no te puedes permitir el lujo de que tu cerebro sea un enemigo más en tu contra.

   Me he decidido a publicar esta historia (completamente inventada, por supuesto) porque estos últimos días, charlando con mis estupendas amigas poetas Estrella e Yvonne, intercambiábamos ideas, versos, vivencias  sobre el miedo y sus diferentes formas de manifestarse en nuestras vidas… Mi experiencia no es ni más ni menos valiosa que la de todas y todos vosotros. Es solo eso, experiencia, y por eso puedo decir que a lo largo de nuestras vidas siempre llega un miedo más grande que el anterior, más fuerte e intenso que reduce a la categoría de anécdota graciosa muchos otros miedos pasados y sufridos de niños, de adolescentes, de mayores… de ayer mismo.

“Si cerca de tu biblioteca tienes un jardín, no te faltará nada.”
― Cicerón ―

Posdata de Pink, Palabra de Panzer:
El Piraña. Iría al fin del mundo con él de compañero. Su alias solo se debía a sus facciones muy parecidas a las del chaval que salía en la serie de televisión “Verano Azul” (que viejo me hace esta reseña…). Ningún otro parecido. Un tipo fuerte, serio y entrenado que nunca pensó verse involucrado en una situación límite provocada por él mismo y que, como no puede ser de otra manera… ha surgido de mi maquiavélica imaginación.

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Huida y vuelta… Campos de Petricor.

“TODOS LOS CAMINOS SON DE HUIDA Y VUELTA”

(Elvira Sastre – Traductora, poeta y escritora)

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   Cuenta la leyenda que en el Reino de Korps, los colores rompieron el orden humano y abrazaron arcoíris negros, la lluvia perforó los campos de Petrikor con gotas de afilados sueños y su metálico aroma a rosas de acero, llenó de versos el frío invierno de Korps.

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Reino de Korps…

   La gente huía a mi espalda. El día se volvió de un amenazante gris oscuro y empezó a llover, lento pero con fuerza, con enormes y enfurecidas gotas de agua que intentaban clavarse en la piel de mis hombros. El mar seguía en calma. Solo un mínimo oleaje lamía con sus tímidas ondas mis tobillos. Miraba al horizonte mientras la lluvia arreciaba y la soledad me invadía con su invisible abrazo. No hay nada como una buena tormenta de verano para que, en pocos minutos, se ponga en marcha a toda una playa llena de veraneantes ávidos de sol y agua… salada.

   Como otras veces en mi vida, tomé una gran piedra de las muchas que adornaban aquella playa de Galicia y me adentré en el mar y apoyando aquella piedra en mi vientre, inspiré profundo y me dejé hundir hasta tocar con mi espalda la arena del fondo, a dos metros escasos de mis ojos.

   Pocas, muy pocas serán las ocasiones en las que la lluvia visite tu piel desnuda, quizás nunca… y nunca es una palabra de corteza muy dura cuando llega para dejarte sin opciones de enmienda. Entonces, reflexionando sobre la concreta situación que describo, si te encuentras en una playa, te bañas en sus aguas, te mojas y luego… ¿sales huyendo con la lluvia?

   Plácidamente recostado sobre mi lecho de arena, el espectáculo de la lluvia golpeando la superficie del mar es hipnotizante, una droga efímera como el aire de mis pulmones durante los dos primeros minutos… Eso es lo que, para mí, hace aún más intensa la experiencia… fugaz e inesperada y si no la tomas cuando llega, te lo perderás.

   La salida del agua no es menos interesante. Tras unos minutos de lluvia repiqueteando sobre la seca tierra de labor que rodea la playa, un intenso aroma a tierra mojada me invade y toma al asalto todos mis sentidos… Petricor, una hermosa y sonora palabra para nombrar lo indescriptible, un aroma que ya es parte imborrable de mi existencia.

(JMPA Pink Panzer Yorch – En tierras de Petrikor)

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“El hombre que desdeña o teme aventurarse en un lugar oscuro, puede ser una excelente persona, apto para mil cosas, pero no será nunca un buen viajero sentimental”

(Laurence Sterne – Escritor irlandés)

De rosas, de jazmines y delirios… Locura.

Haré que te enamores de ti misma… y el amor que te sobre, será
suficiente para mí.

(JMPA Pink Panzer Yorch – Chanson Rosse – El amor según Pink)

– Regreso a tu piel –

No sabes cuanto he deseado este momento
mis manos perdidas en el desconcierto
de tu íntima piel provocando el incendio
de mis versos engañándose el lamento.

Como una hoja de roble al viento
me entregué a tus manos
te robé el aliento
Amándonos…
Abrasando las agujas del tiempo
Abriéndose paso por tu piel,
la pasión y el aroma fiel
cita a ciegas con el
regreso.

(JMPA Pink Panzer Yorch – Time to love – El regreso.)

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S.N.A.F.U.

La solidez de una mente se mide navegando entre olas que rompen barcos… El sarcasmo, el humor y la ironía son balsas donde refugiarte cuando todo parece hundirse a tu alrededor.

(JMPA Pink Panzer Korps – Gears of War)

“Soñaré jardines en la arena, llenos de rosas, de jazmines y de Liros prendidos en cada uno de los recuerdos que tu aroma en mí despiertan…”-

(JMPA Pink Panzer Yorch – Chanson Rosse – Delirio de amor)

Pink Panzer Korps distturbed

Un sol sin ocaso… Ojos en llamas.

Adora solem qui non facit occasum.

(“Adora a un sol sin ocaso”)

“La ciudad era inmensa
un dragón con garras de acero
ocultándome tus huellas
entre aleros de tejados
calles polvorientas,
y muros de adobe
cansancio y miedo…”

(Pink Panzer Korps – Pink Gears of War)

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  Amanecía en mi mano izquierda cuando aún la penumbra habitaba en el guante de mi mano derecha. La mente vuela acelerada por breves instantes mientras nos detenemos a la entrada del pueblo. Salgo con el pie izquierdo solo por llevar la contraria a todos esos dementes que creen en dioses, la suerte traicionera y otras idioteces por el estilo.

   El suelo reseco de la calle saluda a mi bota con una explosión de polvo que la cubre por completo y pienso, de nuevo… hago recuento de las cicatrices que adornan mi cuerpo y pienso, de nuevo… quizás va siendo hora de ir más despacio… y me voy haciendo viejo para tanto gato negro.

   Pie izquierdo. Llevo años repitiendo el mismo ritual y sigo vivo, señal de que las supersticiones no se cumplen o puede que los que creen en ellas se metan algo más fuerte que el polvo que ahora cubre mis botas.

Mientras avanzamos con mil ojos puestos en el suelo que pisas, en las ventanas que sin ojos te vigilan y en los ojos de los que en la misma calle te escudriñan, en el mismo segundo de nuestras opuestas existencias, en ese intenso y crucial instante todos buscamos, nos buscamos, intentamos leernos mutuamente de qué maldita pasta están moldeadas nuestras almas, averiguar de que color es el miedo y si existe algo más allá de la huellas de nuestros pies en esta tierra, tierra sedienta de todos y de nadie.
   Con el paso del tiempo aprendes a mirar a los ojos, mantener la mirada y encontrar allí sumergidas todas las respuestas, antes incluso del primer parpadeo, porque en ocasiones, y solo en ocasiones, alguien habrá que esté dispuesto a explicar que el destino te estaba esperando entre el polvo de una calle cualquiera, en un pueblo perdido entre la nada y el amanecer más solitario.
(Pink Panzer Korps – Pink Gears of War)

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Propiedad de Pink Panzer Korps The Pinker Hole

De pequeño, cuando saltaba una enorme verja de hierro intentando escaparme del colegio de monjas de mis hermanas, uno de los barrotes acabados en punta de flecha se me clavó en lo más profundo de mi muslo izquierdo… allí se acabó mi carrera de escapista.  Cincuenta años después, la cicatriz aún se puede ver marcando mi piel y, por supuesto, mi memoria. Otras muchas cicatrices llegaron con el paso de los años pero aquella la recuerdo con especial “cariño”. Recuerdo que, mucho tiempo después, mi madre, que tuvo que ir a buscarme al colegio con su enfermo corazón en un puño, me comentaba que lo que más le asombró es que su hijo, a pesar de estar durante minutos ensartado en aquella lanza hasta que lo rescataron con una escalera, no había soltado ni una sola lágrima, ni un quejido, ni siquiera en el hospital…

 

Pink shot 1

Propiedad de Pink Panzer Korps. Un mes después…

   Una de las últimas y más “curiosas” de mis queridas cicatrices me exigió más de un mes de curas continuadas. El sanitario tenía de recortar (sí, recortar…) con unas tijeras el tejido muerto para favorecer la regeneración del músculo y que cerrara por si sola. Podía aplicarme anestesia pero lo mejor era a pelo, sin ella, para que yo pudiera indicarle donde dolía más y donde menos y cortar, cortar carne como el que se corta las uñas… y así fue, sin anestesia, como en los viejos tiempos, porque los viejos rockeros y la mala yerba nunca mueren.
   Cicatrices, dolor, el color del miedo dibujando estelas en tu piel y en la mía, reflejo de los caminos que quizás no deberías haber tomado o fronteras que jamás tendrías que haber cruzado.

– Mi causa –

Tomo tu causa de sosiego certero,
Rugiendo, rimando versos pendenciero,
Impuesto a modo de extravío ligero,
Antes del amor, más amor prefiero.
Nombra tu nombre al borde primero,
Al filo mismo, del placer que venero
en tu cuerpo, de un poema pasajero…

(Pink Panzer Yorch – Rescatando comentarios…)

He aprendido que los ojos no cambian. Sin importar lo viejo o golpeado que estés, tus ojos permanecen iguales.

— Eloise Dyson  –.

No te vayas… África Korps.

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No me cortes, soy flor de un día. Mi aroma se libera con tu poesía, con tus labios recorriendo mi vida. No me cortes, no me arranques, pues, en tus manos moriría.

(JMPA Pink Panzer Korps in Love)

photo_2018-03-20_21-21-36   La traviesa escritora de mi vida quiso que se cruzara en mi camino, una vez más, aquella pareja de enamorados sentada ante el ventanal de mi café favorito en París. Mientras esperaba por Ricard, el camarero, no podía dejar de observarles. Imposible escuchar sus voces entre el bullicio del local pero el movimiento de sus labios, hacía volar mi imaginación rellenando aquella muda obra de teatro que ante mis ojos representaban…

   “”Lo sé. Prometí no hacerlo pero no puedo evitar pedírtelo; No te vayas… Con tu ausencia regresará el suplicio de aprender silencios nuevos, a verte reflejada en miradas extrañas… solo veo torturas en mi corazón de las que ya me lamento. Se que tienes tus razones. Tus ideales ya fueron poderosas alas en manos del destino, y ahora, de sólida madurez cincelada, tus ideas son igual de poderosas que tus sueños cuando, siendo una niña pequeña, deseabas ser misionera en África… No te vayas, no ahora que he aprendido a cubrir tu espalda de mis propios peligros.

photo_2018-03-20_21-21-26   Cierra los ojos e imagina cómo se puede comenzar el día sin que un amanecer rompa el velo negro de la noche… así serán mis días sin ti. Lo sé, prometí no pedirlo pero soy débil, tan débil cerca de ti como lejos estoy del futuro que persigues en la distancia.

   Qué será de todos esos versos que nacen cuando tu cuerpo busca venganza entre mis caricias. Qué será de nuestros deseos cuando, entre suspiros trenzados, me pidas “hazme el amor una vez más”… No te vayas, o llévame contigo, escondido bajo la solapa de tu abrigo, llévame en tu piel fundido, a esas tierras ardientes al otro lado del mundo. Nada más te pido, mientras juegas con mi nariz que solo desea enterrarse en tu ombligo.””

   Fueron dos las tazas de café que me tomé en aquella tarde mientras desintoxicaba mi alma inventando doblajes de cine en un mundo demasiado real. Dos jóvenes y anónimos actores  cruzándose en mi destino, por el amor tocados, quizás enamorados de París.

– Vous travaillez toujours, M. Pink ? Ne vous inquiétez pas pour la facture, je vous invite aujourd’hui…

   Cogí mi libro y mis reflexiones dando las gracias a mi amigo Ricard por su invitación y salí del café Borgia calle abajo, despacio, disfrutando del sonido de mis pasos sobre el adoquinado del invernal callejón donde me esperaba, impasible y fría, mi solitaria habitación.

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Se que pensarás en mí, en alguna parte muy lejos de aquí… mientras, el universo se pliega sobre nuestros mundos, acerca cuerpos a la hoguera y funde almas gemelas en la misma caricia…

(JMPA Pink Panzer Korps in everlasting love)

Días rotos… Peón blanco de Pink.

“Cuenta la leyenda que en el Reino de Korps, siete tablones de su embarcadero mutan en velero de mástil guerrero y cada cuarta noche del dios Marte, parten navegando en busca del azul horizonte de hielo… y vencidos por la distancia y el frío intenso, regresan al alba bajo mis pies, descalzos de culpas y miedo inmortal…”

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Tu mano me tranquiliza… Cisne negro.

El hombro sobre el que llorar era una nube gris que atormentaba mis pies con su incesante llover, lluvia de hirientes  agujas de quebradizo y negro cristal…

(JMPA Pink Panzer… En memoria de mi hermana Teresa)

photo_2017-07-15_22-43-02   Cincuenta y siete días han pasado sin poder escribir ni una sola de las palabras que allí se quedaron encerradas, escondidas como un niño asustado bajo la cama de aquella habitación engullida por el silencio.
Pasaron también unos cuantos aviones entre miles de kilómetros de desesperada impotencia para estar junto a ella… Mi hermana mayor y la mas joven de tres hermanos no tuvo una vida fácil. Empezó naciendo el último día de un febrero bisiesto y a su lado terminamos todos, sus hijos, su pareja, su tía… todos aferrados a sus manos para que, en la última puerta de su vida, no se sintiera sola.

   “Dame tu mano, tu mano me tranquiliza”

   Y le dí mi mano durante horas, a su lado, entre aquel silencio que su voz ya no lo rompería nunca más. Durante años fue al contrario. Era su mano la que cuidaba y tranquilizaba a su revoltoso hermano, sangrando, llorando o metido en mil y un problemas de los que salía, casi siempre, de la mano de su hermana mayor.
Es ahora cuando la ausencia de su voz, su silencio, crece en mi interior como un cáncer, como esa enfermedad que la devoró por dentro cuando la vida mejor la trataba. Que dolorosa contradicción que su hermano, metiendo la mano con avaricia en el saco de la suerte, jamás haya sacado la bola negra que le tocó a ella a la primera de cambio… ¿existe un dios? Queda claro que no. Es imposible ser tan cabrón y ser dios al mismo tiempo.

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Teresa, mi hermana… Siempre ella…

To live in the hearts we leave behind is to never die.

(Vivir en los corazones de los que dejamos atrás es nunca morir)
– Carl Sagan –

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Era su mano la que me tranquilizaba…


TRAVESÍA

Será que no nos llegan
los suspiros suficientes
Será que ya no quedan
sueños de adolescentes.

Entonces pidamos más
sin tregua ni compasión
por mi herido corazón

que debe quedarse atrás.

Si todo eso se nos acaba
Grita y rompe el silencio
y en un último esfuerzo
llorar a quien más se ama

Aprieta, no tengas miedo
aprieta fuerte mi mano
en esta dura travesía

Aprieta, no tengas miedo
el dolor deshecho en caricia
rosa y camelia, en tu vida.

(JMPA Pink Panzer Yorch –  En memoria de mi hermana Teresa)

Una vez más, su melodía me calma…

“Me arrancaré el corazón
y esperaré mi regreso

Para sacarlo otra vez
y colocarlo en mi pecho”

(Orishas)

Mariprosa… el vuelo de Pink.

“Cuenta la leyenda que en el Reino de Korps, un barquero cruzaba palabras al otro lado del río. Durante el viaje, ebrias de amor, las palabras se unían para crear otras nuevas, extrañas, nunca pronunciadas, que nacían al rozar la orilla…”

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Je vole (Vuelo)

Mes chers parents je pars,
Je vous aime mais je pars.
Vous n’aurez plus d’enfants, ce soir.
Je m’enfuis pas je vole,
Comprenez bien je vole.
Sans fumée sans alcool je vole, je vole.

Queridos padres, me voy
Los amo, pero me voy
No tendrán sus hijos más al anochecer
No huyo, vuelo
Comprendan que vuelo
Sin fumar, sin alcohol

No Huyo, Vuelo…

    Con diecisiete años y después de 22 horas de viaje en tren, me enfrenté al primer granSILENCIO_amigos.jpg reto de mi vida. Éramos 13.000 aspirantes para rompernos los huesos peleando durante, tres largos días de pruebas por apenas 900 plazas en aquella fría Academia Militar, academia que muchos años después, para vergüenza de mucho General metido a político sin honor, perdería su lema escrito durante años por los alumnos en la falda del monte Constampla.

  El primer día, en la prueba de resistencia, mientras adelantaba en la pista de atletismo a jovenzuelos como yo que ya iban prácticamente al borde de la asfixia camino de la lejana meta, me di cuenta que aquel reto estaba allí esperándome y era alcanzable. Llegué el primero de mi tanda dando gracias a la buena genética de mis padres, maldiciendo a los curas por tanto tortazo sin sentido y agradeciendo a los mismos malditos curas que, observando mis aptitudes desde pequeño, las explotaran para convertirme durante tres cursos en un revienta trofeos en los campeonatos de atletismo entre los colegios de mi región… Aquella experiencia previa hizo que las durísimas pruebas físicas de selección fueran para mi casi una diversión. Gran parte de los aspirantes (aspirinos nos llamaban) se marcharon para su casa al final de aquel día.

   Pink october beyoneQue enorme contraste ver en aquella primera noche a muchos de los que dormían en mi barracón, cabizbajos, desilusionados, preparando su maleta antes de irse a dormir. Todas las pruebas físicas eran eliminatorias. Si no superabas una, te ibas a casa, sin más explicaciones, sin segundas oportunidades. Una carrera de resistencia, otra de velocidad (mi disciplina en el colegio), saltos, flexiones, lanzamientos, cuerdas, natación con salto de trampolín incluido, reflejos, equilibrio… Algunos participantes nunca conseguiré entender que demonios hacían allí y si en alguna ocasión habían jugado a algo que les hiciera sudar, aunque solo fuera un poco. Sin embargo, otros era buenos, muy buenos, tanto como algunos contra los que había perdido o ganado por los pelos en competiciones escolares pero entonces ¿de donde diablos salía aquel desconocido sentimiento que me hacía sentir tan mal con su derrota?
   El segundo y tercer día fueron más tranquilos. Allí ya quedaba mucha menos gente, siempre con el bolígrafo en la mano y el dni entre los dientes, de una sala para otra, rellenando cuestionarios psicotécnicos y exprimiendo las neuronas en varios exámenes de idiomas y conocimientos de todo tipo.No te hagas pedazos.jpg
   Veintidós horas casi eternas de regreso a casa sin ni siquiera saber el resultado de nuestro esfuerzo. Allí estaba yo, un verano de 1981 en la Alameda de mi ciudad, sentado en nuestro banco de piedra contándole a Ella mis cinco días de aventura cuando, a la carrera y casi sin resuello, un compañero de aventura me dice que, de los diez amigos que nos presentábamos de nuestra academia preparatoria, siete “estábamos dentro”, y yo era uno de ellos.
    La vida nos dio un vuelco. Todo y nada cambiaba a la vez. Apenas un mes y medio era el tiempo que nuestro amor tenía para rearmar sus defensas y afrontar años de duras ausencias que solo en nuestras cartas encontrarían motivos para el consuelo.
   Años de decisiones que, desde el primer día, me llevaron de cabeza al cuerpo de Ingenieros de nuestro maltratado Ejército de Tierra… pero eso, eso ya es otra historia.
(JMPA Pink Panzer Korps)
Geraldine Rojas y Pablo Veron - Una emocion

Necesito amor, danzar contigo cada noche. Te necesito amor, con el corazón en tus manos o en manos de la imaginación…
(JMPA Pink Panzer in love)

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Volveré… Eres grande, amor…

“Me gusta el sabor de la vida, cuando pasa a través de tus labios”

(JMPA Pink Panzer in love)

Title Love is the answer! E. Rose by Starla E. Rose .jpg

Imposible

Volveré, aquí, año tras año
séptimo mes, al quinto día
al borde de este acantilado
alejando al sol de mi vida
tramando la huida a su lado.
Si, volveré, hasta que un día
en mí se produzca el milagro.

(JMPAPink Panzer in love)

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∼ Música conservando recuerdos… ∼

 ¿Has conseguido despertar esta mañana con una sonrisa en tu cara, y mostrarle al mundo todo el amor que hay en tu corazón?… Entonces la gente te tratará mejor. Descubrirá, sí lo hará, que eres tan grande como te sientes.

(Carole King)

El Arte de la Caricia… Ternura extraordinaria.

“Los aromas, son la llave de todos los sentidos”

(JMPA Pink Panzer Yorch – Pinking in love.)

   Bienvenido a esta historia, sea como fuere la forma en que hayas llegado. Para entender como germina esta complicada orquídea, deberías leer el comienzo de esta ficticia muestra de realidad trastornada… Aquí tienes unos muslos extraordinarios.

Si ya lo leíste, esta es la continuación… prometida.

   Tras una rápida y energizante ducha, mi amigo Waltery yo, con las toallas rápidamente viajando arriba y abajo por nuestras masculinas geografías, no hacíamos otra cosa que buscarnos con la mirada intentando encontrar el uno en el otro, una señal de alarma o recelo en nuestro semblante, señal que yo no percibí y que tampoco le mostré en ningún momento porque simplemente, no existía.

¿Preparado para nuevas experiencias, Pink?
Nunca se está suficientemente preparado, Walter – le contesté mientras intercambiábamos sendas sonrisas, con las toallas enrolladas a nuestra cintura y listos para terminar lo que tan exultantemente bien, habíamos empezado en la terraza.

love-respect   La primera sorpresa la encontramos nada más abrir la puerta del amplio dormitorio. Distribuido por el suelo y los muebles de la habitación, un pequeño ejército de diminutos vasitos con velas de colores iluminaban tenuemente la estancia, y como sacadas de una ilustración del manual “El Arte de la Caricia”, allí estaban ellas esperando. Pasados esos iniciales segundos de conmoción, solo teníamos ojos para las mareantes curvas de dos rutilantes cuerpos de mujer tendidos sobre el raso azul de aquella inmensa cama, únicamente ataviados con un leve foulard con el que se vendaron los ojos. El brillo sedoso de sus cuerpos titilando entre luces y sombras al ritmo de las llamas de las velas casi me hace pasar por alto la primera señal; El foulard de Ella, inconfundiblemente rosa y con el bordado de Roberto Verino en su extremo. Hacía al menos cinco años que se lo había regalado y no, en mi mundo las casualidades no existen…

   Aquella cama era una vieja conocida. Casi cuadrada, con más de dos metros de largo y ancho, Walter, mi buen amigo, la había comprado exactamente igual que la mía. A sus pies, junto a cuatro de aquellas atrayentes velas, reconocí uno de mis frascos de cristal con aceite aromático que uso en mis masajes… ¡Jazmín!, no podía ser otro, ¡que excelente elección! ¿Otra casualidad? Pues no, ya lo saben, las casualidades no existen.

tres-en-la-cama   Intercambiando una última mirada de complicidad con Walter, me inclino y tomo en mi mano el brillante frasco de aceite mientras dejo caer mi toalla al suelo. Frente a mi, un esbelto cuerpo de mujer me esperaba, aquel desconocido que, apenas una hora antes, con sus manos me torturaba sobre una colchoneta a la luz de la luna nueva. ¿Su nombre? Elsa.

   Como ya había hecho en tantas y tantas ocasiones, vertí un poco de aceite en mi mano para quitarle ese puntito de frío que tanto incomoda y sin perder un segundo le cedí la botellita a mi amigo que, cautivado como yo ante la visión de aquellos dos culos extraordinarios, copiaba mis pasos llenándose las manos y sus pies también, del aromático aceite.

el-blog-en-la-mano   Es algo indescriptible que necesitas vivirlo. Las palabras pueden dibujar la situación, personajes, contexto… pero ¿como transcribes unas sensaciones que ni tú mismo conocías que existían? La cercanía de nuestros cuerpos nos permitía gozar a la vez de la visión de aquellas dos seductoras hembras rebosantes de dulces feromonas. Con toda la delicadeza del mundo y sin ninguna prisa, empecé, mejor dicho, empezamos acariciando cada uno los tobillos de la mujer que la luna nos puso en aquella enorme bandeja de raso.

   El aroma a jazmín ya se había adueñado de la estancia. Cuatro manos viajaban sincronizadas por los cuerpos de nuestras preciosas mujeres, arrancando sus primeros suspiros a ciegas. Por instantes, parecíamos manejar el uno las manos del otro, como aquellos extraños seres controlados a distancia por  la mente de los humanos en la película de  Avatar. Pero la realidad era mucho más intensa. Eran mis manos las que subían por las piernas de Elsa al mismo tiempo que Walter lo hacía con Ella, con los mismos movimientos, la misma cadencia, casi sobre la misma piel enervada… Instantes de íntima fascinación compartida al borde mismo de la locura, instantes que ya están a fuego grabados en la memoria. Imposible ya olvidarlos.

  Super sexy gallega.png Me concentro en el recorrido del masaje. Subo mordiendo con los dedos la cara oculta de los muslos de Elsa hasta llegar a sus firmes glúteos, donde requiebro el movimiento buscando sus caderas e iniciar de nuevo el camino de regreso hasta sus tobillos. Con cada trayectoria de ascenso hasta las cumbres, unos labios jamás vistos por mis ojos parecían querer hipnotizarme, como pétalos de rosas hablándole al viento, jugando conmigo al escondite cuando mis manos movían sus nalgas… una y otra vez.

   La audacia ya se apodera de nuestra voluntad y anula cualquier atisbo de pudorosa resistencia. Una parte de mi cuerpo hace tiempo que tiene vida propia y no hace otra cosa más que explorar y tropezar en cada movimiento que hago. Tomo un poco más de aceite y de rodillas en la cama, con las piernas de Elsa en medio de las mías, avanzo un poco más y me deleito con su espalda y su nuca. A mi izquierda, Walter arranca un profundo suspiro de Ella, mi chica, a la que ataca con pequeños mordiscos en sus hombros y en su cuello… y también con su mano derecha saboreando la turgencia de su pecho. ¡Walter no pierde el tiempo!

tantragroup   Me siento sobre los muslos de Elsa y dejo que mis manos resbalen por sus hombros y brazos en cruz en busca de sus manos. Mi pecho se acerca, se une con su espalda y mi otro yo, duro como el dolor, quiere ya explorar sus rincones más húmedos y escondidos. Elsa “lo nota” y levanta rítmicamente sus nalgas golpeando mi pubis, lo que enerva aún más a mi ciego explorador, que a punto está de encontrar el camino a la gloria.

   En un rápido movimiento, Elsa se gira entre mis piernas, se quita el foulard de los ojos y los clava en los míos durante unos eternos segundos… abrazados, me besa levemente en la boca y sonríe con absoluta naturalidad mientras me susurra al oído – Pink, ponte de espaldas, déjame a mí encima, por favor…-

   Ella, -el amor de mi vida- y la roca de Walter ya ensayaban la letra y música de su propio “Love Story” en aquella cama llena de pasión. Los minutos pasaban y nuestras manos, nuestras piernas, aquí y allá tropezaban y nos tocábamos en una perfecta tempestad de caricias, giros, movimientos y posturas. “El Arte de Caricia” en su sexta lección nos enseña, “La caricia inesperada, siempre debe ser deseada”. Poco a poco, aprendí a diferenciar sus manos, aún con los ojos cerrados, entre gemidos y suspiros, con el corazón galopando en mi pecho, aún así, sabía de quien era cada caricia y todas, todas eran deseadas.

¿Pink, recuerdas el capítulo ocho, el símbolo del amor infinito? Me dijo Elsa mientras se elevaba con sus rodillas al costado de mi vientre y se dejaba caer suavemente sobre mí, hasta dejarme a la puerta de su pequeño paraíso.

   La visión de Elsa sentada sobre mis abdominales, era espectacular. Sus pechos eran algo más pequeños que los de mi niña pero perfectos en su forma, su tacto, blancos por la falta de sol en su piel sobre la que resaltaban dos guardianes bermellones tan duros en mi boca que podrían cortar el cristal de las ventanas. Walter, apenas a un metro de mi, no paraba de masajear y succionar con ruidoso deleite los hermosos pechos de mi niña que me sonreía con una pícara y excitante expresión en sus labios. No había duda de que los cuatro estábamos realmente muy coordinados.

“Siete veces llamarás a la puerta para poder entrar y romper el silencio”, ese es el capítulo ocho,- le dije a Elsa, lleno de frenético entusiasmo.
Pues ahí lo tienes, Pink, ya me tienes, mi cielo… llama a mi puerta, llama ya…

   Y de verdad que empecé a ver el mismísimo cielo cumpliendo su deseo. Una, dos, tres… apenas sentía el calor interior de su cuerpo y con cada gemido, Elsa estiraba un poco sus piernas hasta casi perder el contacto de mi miembro con sus húmedos labios… cuatro, cinco, seis… Cada vez lo hacía más lento y con cada intento, se mostraba más y más excitada. El siete vendría para romper el silencio y ¡vaya si lo rompió! Lentamente se dejó caer para clavarme por completo en su suave interior mientras un temblor recorría todo su cuerpo y desde el fondo de su pecho salía un poderoso y complacido grito de auténtico placer.

– Oh, siii ya, ya Pink, ya… – Me susurraba entre espasmos mientras yo intentaba no explotar dentro de aquel volcán de mujer, moviéndome adentro y afuera lentamente para prolongar en Elsa, toda aquella dulce agonía que tanto me complacía escuchar.

   Walter se giró hacia su mujer y con un sonoro y emocionado – Cariño, cariño…– la besó repetidamente en la boca , mientras yo alargaba mi brazo derecho buscando los pechos de mi chica y con el izquierdo acariciaba los de Elsa, que aún seguía arriba y abajo por el mástil de mi velero, disfrutando y haciéndome disfrutar.

   Los espasmos de Elsa cesaron y Walter regresó a un más loco de pasión sobre mi chica mientras su mujer, liberándome de sus entrañas, se acercó gateando, con sus pechos rozando mi cara y dejando finalmente, su brillante y depilado pubis al alcance de mi boca.

mil-manos-espalda   Era un deleite para todos mis sentidos. Mientras mordisqueaba sus pequeños y sonrosados labios, podía escuchar los gemidos de mi niña, arrancados por los potentes envites que mi amigo Walter le dedicaba en distintas y asiáticas posturas. Retorcía yo entre mis labios un clítoris que pasaba por allí cuando percibo que Ella, mi chica, a gatas y con Walter enganchado a sus caderas, se arriman por detrás de Elsa y toma entre sus manos a mi pobre bastón, que empezaba ya a languidecer por falta de estímulos. De inmediato noto su aliento, su lengua, sus dientes surcando mi piel más escondida. Yo y mi glande reventamos de ganas de ser suyos una vez más. El enésimo empujón de Walter hace que entre de golpe en la boca de mi niña y la locura se desatada una vez más. Ella sabe mejor que nadie como acabar conmigo y con su lengua haciendo diabluras, siento que voy a estallar en cualquier momento. Cinco, seis, siete… Walter sigue con su cadencia bien aprendida y Ella me suelta para estallar y derrumbarse sobre mis piernas en un brutal orgasmo que hace vibrar la cama. Walter se tumba sobre su espalda y sigue empujando y arrancando gemidos de placer a mi niña mientras intento concentrarme en el sabroso “lacasito” de carne con el que juega mi lengua desde hace un buen rato.

   El Arte de la Caricia, en su capítulo 12 describía, “En el amor, la ternura será el tercer sexo”. El libro parecía saber todo lo que allí ocurriría, incluso en este aparentemente complicado capítulo. Elsa empezaba a dar muestras de encontrarse a las puertas del cielo. Su vientre temblaba y su respiración entrecortada anunciaban su llegada. De improviso, noto como una recia mano acaricia primero y se agarra después, con exquisito tacto, de mi revolucionado escroto. Casi sin tiempo de reacción, otra boca que no era la de mi mujer se abalanza sobre mi pene y con una inexperta e indescriptible ternura, me abraza con sus labios y me hace desaparecer de este mundo… En milésimas de segundo decides lo que está bien, lo que está mal… Elegí el imperio de la ternura sobre cualquier otra cosa que me rondara la cabeza en aquel dulce instante… y eran muchas, creedme.

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   Yo intento confirmar mis sensaciones apartando un poco a Elsa para poder ver lo que ocurre tras el telón de su espalda, pero me sujeta con sus manos la cara y me ruega que siga, apretando su vulva contra mi cara. No tenía dudas pero, a veces, necesitas ver para creer. Bien, pues ya está, creo que “voooy” a explotar, lo noto, no aguantaré mucho más. La apabullante tormenta de sensaciones llegará para barrernos literalmente de gozo a los cuatro amigos. Elsa estalla en otro tremendo orgasmo sobre mi boca que no hace más que excitarme aún más y agarrándome a sus pechos, reviento al fin sin control en un enorme, largo y maravilloso orgasmo, mezclando mis aullidos con los gemidos de la gata que arañaba mis costados. En algún descontrolado empujón final, provoco que Walter se atragante y suelte su presa, pero aún con su mano siguió arrancándome electrizantes espasmos mientras él comenzaba a jadear y galopar ayudado por las caderas de mi preciosa niña. Juntos alcanzaron el clímax fusionando sus gemidos y quejidos con los fuertes espasmos de un Walter desconocido para mí, un Walter que no dejaba de acariciarme con su mano izquierda… con una ternura extraordinaria.

   La noche fue larga, fue inmensamente larga, tanto que duró más de un día… El manual del El Arte de la Caricia aún tenía un último capítulo pendiente pero, necesitaríamos el resto de nuestras vidas para cumplir con sus preceptos. En ello estamos, inventando caricias nuevas, ¿no es verdad, queridos amigos?

“Primero besas su mente, luego su cuerpo te sigue… hasta el fin”

    Nombres, situaciones y lugares han sido cambiados para que la realidad no se parezca en nada a lo que aquí me invento. La búsqueda de la verdad es algo íntimamente ligado a la condición humana. Nuestras comunicaciones son esencialmente inferenciales, es decir, que toda comunicación verbal consta de una parte codificada y de otra que es producto de inferencias, de ciertos procesos mentales que llevan a conclusiones, dependiendo del contexto en que son producidos. No es nada nuevo que oculto cosas entre mis letras y también es verdad que tu mente creerá encontrar pistas escondidas jugando con tus emociones y eso, eso es especialmente bueno. Disfruta de la vida, pues desgraciadamente, no tenemos más.

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