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El masajista fiel… La decisión final de Sophie. (3ª parte)

Cuenta la leyenda que en el reino de Korps, una crisálida no quiso ser mariposa. En su lugar, una poesía se convirtió en prosa y una verdad inquietante, en mentira piadosa…

( Pink Panzer Korps presents…Raising sun for Sophie. )

Raising sun for Sophie

Mujer en pie tul contraluz Era de noche pero en aquella habitación, dos mujeres se bastaban para iluminar sus cuatro paredes, como si de repente, se hubiera hecho de día. Sus ojos brillaban como soles amaneciendo sobre el mar de nuestras islas. La señal me llegó cuando dejaron de llorar, con aquel abrasador beso capaz de fundir el hielo de mi nevera. Fue entonces cuando decidí dejarlas un momento a solas e irme sin hacer ruido a por unas cervezas…

Nunca había sentido a Sophie tan profundamente unida a mi ser como en aquellos eternos segundos en los que, con aquella bata blanca que apenas conseguía contener sus pechos, me abrazó hasta que rompimos juntas a llorar. Como dos tontas nos quitamos las lágrimas de los ojos, la una a la otra, con nuestras manos, entre risas, entre caricias, con mis ojos clavados en los suyos…y toda ella en los míos.

– Espera, Greta me dijo con aquella voz que me hipnotizaba – Aún te queda una aquí…- y me besó en la mejilla estremeciendo mi nuca, mi espalda, mi alma. Con mi corazón totalmente desbocado, Sophie cerró aún más la distancia que nos separaba y puso sus labios al alcance de los míos, como rogando mi permiso para romper aquel milímetro de aire que nos separaba, el permiso que ya tenía desde el primer día que la conocí.

La luz, la música, el universo entero desapareció cuando tuve su boca a mi alcance y la besé por primera vez en los labios. Fue entonces cuando sentí correr por mis venas aquella avalancha de sensual ternura con la que Greta me correspondía. Temblando como dos cometas al viento, con nuestros pechos intercalados en aquel abrazo que parecía no tener fin, me di cuenta de que la decisión estaba tomada y era la correcta. Los brazos de Greta no eran un refugio. Era Ella, toda ella era el refugio que yo buscaba, y sus brazos el balcón al que asomarme para ver el mundo, definitivamente, con otros ojos.

Pinker manus massage

Chicas ¿Estáis bien?, ¿Os apetece una buena cerveza y darle un poco de conversación a vuestro masajista? – Les pregunté a mis dos invitadas, asomándome al pasillo con tres 1906 Red Vintage en la cubitera… Si, lo presentía. La ocasión merecía dejarles espacio, tiempo y también mi mejor cerveza para celebrarlo y no iban a ser las únicas que disfrutaríamos aquella noche bajo dos nuevas estrellas.

Perdón, perdón, por favor, vente con nosotras que ya hemos abusado bastante de ti. – le dije a Yorch mientras Greta me ajustaba la bata con el travieso cinturón que, entre tantos besos y abrazos, se había caído al suelo.

– Trae esas cervezas que tenemos mucho de lo que hablar – Le dije casi al mismo tiempo que la puerta se abría, con aquellos pies descalzos sorprendiéndome una vez más con el silencio de sus pasos. La sonrisa de Yorch era de esas francas, de las que no te dejan dudas y si alguna le quedaba, no dejaríamos que duraran mas allá de dos cervezas…

El trabajo de Sophie, productora y diseñadora de campañas publicitarias, la puso en contacto con la directora de una gran empresa europea de gimnasios exclusivos para mujeres. Durante el diseño de sus últimas campañas publicitarias para estos gimnasios, entre ambas surgió una buena amistad que llevó a Agnes, la directora, a ofrecerle la dirección del proyecto de apertura y gestión de uno de sus nuevos locales en las islas. Pero Sophie, que acababa de cortar su relación con el italiano, no se sintió con fuerzas de afrontar semejante reto y no aceptó.

Ellas unidas mujeres dos

Hace unos meses me lo volvió a recordar y mañana mismo voy a llamarla para aceptar. Se que espera mi llamada y por eso me atrevo desde ya a ofrecerte que trabajes conmigo. Si Greta acepta, me gustaría que los dos me ayudarais en esta aventura. Yo me encargo del tema económico con Agnes y tú te encargas en exclusiva del apartado de masajes, dentro de la sección de Salud & Wellnes que Agnes me explicó que desarrollan en sus centros deportivos…

El ofrecimiento de Sophie me sorprendió pero acepté al momento. El reto era demasiado cautivador y no lo iba a dejar pasar. Greta estaba entusiasmada con la fulgurante velocidad de los acontecimientos pero nada, absolutamente nada salió mal de lo mucho que se acordó aquella larga noche. El trato incluía una tarde de masaje a la semana, enteramente reservada para ellas dos. No me sorprendió la especial “cláusula” de mi contrato y cuando el proyecto se convirtió en pujante realidad, aquellas tardes se convertían en pura terapia de grupo. En una de aquellas sesiones, ya con la noche llamando a mis ventanas, una última decisión se tendría que tomar. Muchos meses después de que todo empezara, ese “todo” comenzó de nuevo, una vez más… sobre una camilla de masaje.

– Yorch… Greta y yo queremos pedirte algo… Dijo Sophie con aquel tono seductor que tanto encandilaba a Greta…

– Vosotras me diréis, pero si es por cenar, me niego a pedir pizza otra vez…

– Esta noche, si no estás muy cansado, a las dos nos gustaría quedarnos y darte un masaje…y luego, si eso, ya cenamos.

Bueno, pues aquella noche si que me sorprendieron, o tal vez no lo hicieron y solo fue un sueño fruto del cansancio…

Han intervenido, por orden de aparición en este mundo:

– Soy Greta. Di mi permiso para que esta historia saliera a la luz. Soy parte de ella, y ella ya es parte de mi… y no hablo de la historia.

– Soy Sophie y mi historia no es solo mía. Las decisiones, igual que una simple y aislada gota de agua cayendo en un estanque, pueden provocar miles de ondas y con ellas alcanzar, arenas de lejanas y desconocidas playas.

– Y yo soy Yorch, Pink Panzer Yorch, el masajista escribano y fiel… fiel guardián de esta historia, hasta donde se puede contar.

Cuando tocas una guitarra, la magia sucede cuando en vez de sonidos, le arrancas lamentos a cada una de sus cuerdas.

(JMPA Pink Panzer Yorch)

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El masajista fiel… La decisión de Sophie, 2ª parte.

“El amor es para el niño lo que el sol para las flores; no le basta el pan: necesita caricias para ser bueno y fuerte”

(Concepción Arenal)

Pink Panzer in Korps… Para entender la Historia de Sophie (aquí la Primera parte).

   Piero era, o más bien sigue siendo, un italiano. En cierta época de su vida, tuvo la suerte de aterrizar en una de estas islas, tan cálidas como acogedoras. Siete bellas, fieras, y volcánicas islas con tal sobredosis de turismo llegando a sus costas que, resulta de lo más normal ver como numerosos visitantes, se quedan prendados de Canarias y deciden quedarse a vivir, algunos de ellos para siempre. Piero se quedó prendado, si, pero no de las tierras isleñas, que se la traían muy al pairo.Mujer sobre luna

   Piero, Pedro, Petrus, piedra, firme como una roca… El que se inventó los significados de los nombres no acertó ni una con este italiano a medio cocer, digno de venir a nuestra tierra dentro de un bote de plastilina marrón, muy marrón. Y pronto no tuve ninguna duda de que este hombre tan marrón, era el origen de todos aquellos nudos y toda aquella tensión acumulada en la musculatura de Sophie, y también en su alma.

   Si, es verdad. Palabra por palabra lo recuerdo todo… “Sophie, ahora debes de ayudarme a seguir. Soy tu masajista y debo saber donde están los límites, tus límites, para que no te sientas violenta conmigo…” Estúpidamente, sentí asombro y sorpresa cuando él me habló de respeto. Respetar mi cuerpo, mi intimidad, para no hacerme sentir violenta… pero, maldita sea, mi mente me trajo de golpe la imagen del traidor de Piero y su odiosa carta de despedida. Creo que  allí mismo tomé la decisión más importante de mi vida.

   Masajear glúteos, si, masajear glúteos, no… Yo pensaba que Sophie, apoyándose ligeramente sobre sus codos, estaría en ese momento deshojando la virtual margarita de su trasero, pero una vez más, en lugar de contestar a mi pregunta, ella me sorprendió con una avalancha de brutal sinceridad, inundando aquel momento con su sola presencia. Era el alma de Sophie, absolutamente desbocada.

   Yorch… Hace algo más de un año que ningún hombre me ha tocado. A nadie le he permitido nada más allá del saludo o estrechar mi mano, ni siquiera un simple beso en la mejilla. Yo sé que Greta te cuenta cosas y por eso aún me avergüenzo más de mi misma. Me avergüenza hasta dolerme en lo más hondo el haberme dejado manosear y llenarme de babas, noche tras noche durante los peores tres años de mi vida. Sentía vergüenza de mi misma, por la forma en que me dejé tratar y lo sucia que a veces me sentía. Y rozando lo absurdo e incomprensible, incluso me sentí mal y culpable cuando Piero me dejó… ¡¡Joder..!! ¡perdóname…! vaya clienta que te ha tocado hoy, ¿verdad? Tienes todo mi permiso, de verdad, no me siento violenta en tus manos. Te confieso que es una liberación para mí volver a Massage Toalla aceitesconfiar, relajarme y por primera vez en mucho tiempo, sentirme en calma, Yorch, y ahora mismo me siento bien, no quiero poner límites a nada.

    Sophie se fue incorporando lentamente hasta quedarse sentada en la camilla frente a mí, arrugando con su brazo izquierdo la sabana que cubría sus piernas y apretándola sobre su pecho. Greta me había contado algunos capítulos sueltos sobre la relación de Sophie con Piero, su exnovio, pero lo que ahora estaba escuchando era algo mucho mas personal. Su voz llegó a entrecortarse cuando elevó la mirada y se cruzó con la mía:

   – Perdóname, vaya clienta que te ha tocado hoy…-  me dijo, con sus labios temblando y los ojos a punto de reventar en lágrimas. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no romper a llorar con ella, por controlar mi empatía y evitar darle el abrazo que un amigo le daría allí mismo… pero, no lo hice, era mi clienta y ella me demostró que aún era más fuerte de lo que yo pensaba.

   – Me siento en calma, Yorch, y ahora mismo no quiero poner límites a nada –  Y sus manos dejaron caer suavemente la sábana al suelo, mientras volvía a tumbarse boca abajo e intentaba con su pelo, ocultar las lágrimas que ya no pudo contener.

    En aquel momento lo tuve absolutamente claro. Fue como una revelación. Allí mismo, sentada en la camilla frente a mi fiel masajista, decidí darle un vuelco a mi vida y casi todo lo que necesitaba lo tenía a un paso de aquella acogedora camilla de masaje, con aquellas manos triturando poco después mis glúteos, en una mezcla perfecta de placer y dolor sabiamente controlado y adormecido, mimada entre aquella música de Yiruma y los aromas, aquellos aromas que ya nunca olvidaría… Dos ideas, como dos explosiones acudieron a mi cabeza cuando sentí que mis muslos ya pertenecían a sus manos…

Quad massage

   Del calentador de toallas, cogí una rápidamente para cubrir la espalda de Sophie, que estaba empezando a dar muestras de quedarse fría. No recuerdo ninguna ocasión en la que mi mente estuviera tan ocupada con pensamientos ajenos al masaje. Ni siquiera los espléndidos glúteos de Sophie conseguían hacerme olvidar la profunda pena que vi en sus ojos, apenas quince minutos antes. Y estaba visto que aún quedaban sorpresas que pasar por delante de aquella camilla.

   Cuando estaba ya trabajando profundamente en sus isquiotibiales y gemelos, ella me da un avance de lo que estaba bullendo en su cabeza…

    – Yorch – le dije intentando controlar el timbre de mi voz que se me estremecía entre placenteros calambrazos… – Cuando termines con mi masaje, ¿podríamos tomar juntos una cerveza y hablar de negocios? Tengo una propuesta que hacerte.- Creo que fue la única vez que escuché a Yorch vacilar en una de sus contestaciones. Mientras ajustaba mis tobillos como un relojero suizo, su voz temblaba cuando, quizás por lo imprevisto de mi proposición, él me contestaba:

  – Claro, claro, Sophie, no tengo inconveniente. No he aceptado ninguna cita después de la tuya, así que, puedo dedicarte todo el tiempo que necesites-. Me contestó solícito, mientras daba por terminada la primera parte de mi masaje, cubriendo mis pies con una pequeña toalla. Tengo que reconocer que me encontraba en una nube. Sobre aquella camilla había dejado atrás un pesado vagón de tren cargado de malas experiencias y sin embargo, ahora solo tenía tiempo para pensar en un objetivo. Encaminar mi futuro por aquella vía tan clara que se abría ante mí.

Head-Pink-massage

   Estaba cubriendo los pies de Sophie con una toalla caliente cuando, con una vitalidad hasta ese momento desconocida, me dice girando la cabeza hacia mí… – Ahora me toca “media vuelta” ¿verdad?

   – Claro, en un minuto empezamos – Le contesté agradablemente sorprendido.

    – Ya sé que seguramente no está bien lo que te voy a pedir pero, ¿podrías acercarme el móvil que tengo en el bolso?

   Bueno, bueno, aquella sesión de masaje, definitivamente iba a ser inolvidable y por muchos motivos. Tal y como iban los acontecimientos, acepté su ruego al asegurarme que solo sería un momento, pero que para ella era muy importante avisar sin demora a una persona.

   Al mismo tiempo que le acercaba el móvil, ella se dio la vuelta, completamente desnuda y sin el menor rastro de pudor o preocupaciones con las que minutos antes se martirizaba. Tecleaba muy rápido con sus dos manos sobre aquella carísima manzana mordida, mientras yo la cubría con una sábana, desde el ombligo hacia los pies.

   – ¿Y puedo saber quien es el destinatario de tan urgente mensaje? Le pregunté al tiempo que empezaba a repartir un poco de crema y aceite por su cuello, hombros y clavículas, intentando no mover aquellos brazos que sostenían inquietos el móvil, levitando sobre su pecho. Con una intensa y traviesa sonrisa, giró hacia mí la pantalla y pude ver una sesión abierta con un Chat Secreto en Telegram con nuestra amiga “Greta” como destinataria y que empezaba por un revelador “Querida Greta. Un horrible día en el que yo no dejaba de llorar, lo dejaste todo para venir a mi casa a consolarme…” Y volvió a girar el teléfono para seguir escribiendo mientras me decía – Greta es muy especial, ¿verdad, Yorch?-PinkPanzerKorpsinOns

   Terminé el masaje en aquella noche, sin preocuparme de barreras ni límites, dejando libres a mis manos para despertar sensaciones nuevas y reconfortantes  en aquel cuerpo casi de fantasía. Rozando ya las nueve y media de la noche, el timbre de la puerta sonaba por segunda vez en aquella tarde convertida en noche blanca. Era Greta, quien si no. Al entrar, me dio el mismo beso en la comisura de los labios que acostumbraba a darme, pero lo alargó unos segundos más para susurrarme al oído – Tú me salvaste un día, y nunca te lo dije; Gracias Yorch, eres un cielo… ¿puedo ver a Shopie?-    Con otra pregunta más sin contestar en mi cabeza, acompañé a Greta hasta la sala de masajes donde aún estaba Sophie, esperándola con una de mis batas blancas como única vestimenta. Los abrazos siempre buscan su momento y el momento elegido era precisamente aquel. No existe nada semejante a la energía que se libera cuando dos amigas se abrazan como ellas lo hacían. Y yo estaba allí como privilegiado espectador de aquel maravilloso encuentro, en mi casa. Lo mejor de todo, compartiendo frente al mar unas refrescantes cervezas “Estrella Galicia”, aún estaba por llegar…

Próximamente, El Mensaje de Sophie a Greta… Tercera y última parte de su historia, By Pink Panzer in Korps.