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El vuelo de mi imaginación… La voz del dios diablo.

Es bueno no poder odiar, pues amarga el
corazón y te destruye la vida…

¿Tu verdad? No, la Verdad
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

(A. Machado)

 Itzhak Perlman, Tartini Devil’s trill Part 1

   Una noche soñé que hacía un trato con el Diablo por mi alma. Todo vino a mi mandato; el insólito sirviente anticipaba cada uno de mis deseos. Me asaltó de pronto la idea de prestarle mi violín y ver lo que podía hacer con él. Pero qué enorme fue mi asombro cuando le oí tocar con habilidad consumada una sonata de tan exquisita belleza que sobrepasaba el más audaz vuelo de mi imaginación. Me sentí arrebatado, transportado, encantado; mi aliento se suspendió; y desperté. Tomando el violín, procuré retener los sonidos que había escuchado. Pero fue en vano. La pieza que compuse entonces, la Sonata del Diablo, aunque la mejor que jamás haya escrito, ¡qué lejos está de la que oí en mi sueño!”
(“El trino del diablo”, de Tartini, S. XVII)

El diablo te enseñará a tocar el
violín, mientras tu dios espera
que aprendas solo.
(JMPA Pink Panzer) 

La leyenda del Santo Prepucio… La verdad muerta.

   Eres libre de creer en un dios bueno y generoso que solo piensa en repartir amor y bienestar a sus polluelos terrestres… En serio, eres libre de creer, pero espero que comprendas que “tu verdad”, esa en la que hoy crees con fe ciega (nada aconsejable) posiblemente será motivo de saludables carcajadas en un futuro no muy lejano. Es cuestión de tiempo tu verdad morirá contigo y no podrás decírselo a nadie.

   Creer en un dios no salva a nadie… Lo que hoy es dogma incuestionable, mañana será otro absurdo tomo en la atiborrada enciclopedia de las estupideces humanas. Hoy os traigo un ejemplo, por si aún quedan entre vosotros, dudas existenciales sin satisfacer.
 

   El caso es que, si todo sucedió como cuenta la fábula, un tal Jesús, hijo de José (padre adoptivo) y de María, fué circuncidado como cualquier judío de la época. Dicha operación fue ejecutada ni mas ni menos que por don Juan Bautista, y es precisamente en este trocito de pellejo sobrante, donde reside el protagonismo de está curiosa historia, pues cuenta la leyenda que el dueño del prepucio resucitó… sin dejarse “nada” atrás.
 
   A finales del siglo XVII, el erudito y teólogo católico León Alacio, escribía su obra De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba (“discusión acerca del Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo”). En dicha obra, Alacio especulaba con la idea de que el Santo Prepucio pudo haber ascendido al “cielo” (parque temático cristiano) al mismo tiempo que Jesús (es cierto, no me estoy inventando nada) y se habría convertido en los anillos de Saturno…

  Dado que los cristianos ( y religiosos en general) eran, son y serán unos fanáticos de las reliquias, en cierto momento de la historia reciente de esta “civilización”, se podían contar unos CUARENTA “santos prepucios” localizados por todo el mundo y por supuesto, asegurando quienes los custodiaban, que el suyo era el auténtico… 
  Por si les parece poco, tambn circuló el “Santo Ombligo de Cristo” aparte de las más normalitas astillas de las cruces (la de cristo, la del ladrón bueno…), los clavos utilizados en la crucifixión… y una lista interminable de trozos, raciones y tapas variadas de santas y santos, repartidos por todo el orbe.
 
   Alguien dijo, “Las cosas cambian…” y ya nada fue igual. Acéptalo, tu religión es una mentira pasajera y con la misma fecha de caducidad que tu vida… no insistas ni pierdas el tiempo, nadie escucha tus oraciones.

(JMPA Pink Panzer)

 

El fotógrafo fiel… El ojo de la cerradura…

   “De cada nacimiento, de cada catástrofe, de cada cumpleaños, hay cientos de testimonios gráficos, pero al final sólo uno de ellos, con suerte, es elegido como icono de una época, de un suceso, de un espectáculo. ¿Por qué? Porque entre todos los fotógrafos espontáneos sólo uno supo mirar, sólo uno supo fotografiar las luces o las sombras, sólo uno acertó con el «emplazamiento de cámara», con el punto de vista…”

(Juan José Millás – El ojo de la cerradura -)
Cualquier parecido con tu realidad, será mi pura coincidencia…
EL OJO DE LA CERRADURA
(Poema de Vilma Vargas Robles)
No podría llegar aunque camine mucho.
Todo, absolutamente todo, es horizonte.
El movimiento de tus párpados me aleja.
Busco y te escondes,
lanzo al agua una piedra
y no se rizan las ondas,
vuelvo donde tú estás
y pasamos sin vernos,
nada busco en ti que no sea mío.
¿“Dónde apacientas tus rebaños”?
Abro una puerta y otra puerta se cierra.
En esta habitación tú giras y yo giro,
no hemos dejado de perseguirnos, de mirarnos por el ojo de la cerradura.
…·:·… 
 

Tantas fotos amontonadas, tantos recuerdos… y sin embargo, en cada ocasión que se nos presenta, seguimos “disparando”, congelando instantes de nuestra realidad que huye, a personas que sin remedio se irán, al tiempo que su imagen diluye,  y secretos que con nosotros morirán, llaves sin puertas, tus preguntas sin mis respuestas…

 …·:·…

Fotógrafo fiel
Nadie, nadie como él

para encontrar la esencia

la sutil advertencia

del peligro en tu piel.

(JMPA Pink Panzer)