Crónicas Revolucionarias…

  El motero nace con dos bolsas:

Una nos la entregan llena de suerte y la otra viene vacía de experiencia

  El objetivo es ir llenando la bolsa de la experiencia, antes de vaciar la de la suerte.

(Abuelo motero dixit)
 .

    La historia del “ser humano” en nuestro bélico y vapuleado planeta tierra, está llena de revoluciones. Desde niño las he ido estudiando todas. Cada época y cada país me aportaba y me aporta su pincelada tecnológica y revolucionaria.

   Ahora, plenamente consciente y con la serenidad y buen juicio que me aportan los muchos años cumplidos, puedo decir y digo que, a mi… me gustaban todas.

  Estoy de acuerdo que cada uno tiene sus propios métodos de estudio pero, yo siempre he preferido el método empírico… probar, rascar, sangrar… no hay nada como sentarse encima del barril de la pólvora para percibir el peligro de las revoluciones… en todo su esplendor.

  Después de curtirme a codazo limpio en las categorías inferiores como Wild Card (o sea, sin carnet) trincando Vespas, Lambretas, Vespinos, Torrots, Mobilettes y un sin fin de maquinillos a gasolina, mi padre decidió con buen juicio que ya era hora de que me sacara el carné de conducir. La importante decisión se tomó, sobre todo, porque no era políticamente correcto pilotar conducir mi flamante Derbi 74 sin la correspondiente autorización…

   Como piloto experimentado que era, en la autoescuela enseguida se percataron que yo estaba listo para el examen… Solventé el teórico en un “Plis-Plas” (yo era un coco privilegiado…) y las prácticas se redujeron simplemente a aprenderme el circuito… Obviamente, para un piloto como yo, la palabra “circuito” disparaba mis niveles/instintos moteros y me lo aprendí en otro Plis-Plas…  Sin embargo, el día de la prueba práctica, empecé a darme cuenta que, el oficio de Piloto de Carreras iba a ser más duro de lo que yo pensaba.

  Los señores de la autoescuela me facilitaron una Vespa 75 Primavera nuevecita de paquete y que, a los escasos 10 minutos de estar en mis manos dejó de ser nuevecita, por ambos lados. Todo hay que decirlo que, para ello, conté con la inestimable ayuda de una pobre chica dentro de un Talbot Horizon que, intentando salir de su aparcamiento con el gas a fondo y los huevos de su instructor metidos en la guantera, me endiñó semejante porrazo en el cofano derecho que me tumbó ipso facto hacia el izquierdo, dejando la pobre Vespa Primavera en modo invierno… irreconocible. Me examiné y aprobé con aplausos del respetable y con la Vespa como si fuera la moto de Mad Max, por supuesto, sin el cofano derecho, pues no hubo cristiano que consiguiera colocarlo.

   La Derbi 74TT era un pequeño misil difícil de pilotar. Por debajo de las 8000 rpm no había casi nada de “chicha”. La cosa no mejoró cuando le trasplanté el cilindro procedente de una Derbi 74 CR de cross con seis transfers de carga… Con ellos llegó una explosión de potencia (y consumo); potencia que entregaba con el motor aún más alto de revoluciones y consumo que dejaba seco mi juvenil bolsillo. Su excelente caja de cambios de seis relaciones me doctoró “cum-laude” en el correcto aprovechamiento de los recursos energéticos de mi pequeña bala roja. Con ella realicé mi primer “vuelo a motor” saltando por encima de un Seat 600 abandonado en el puerto de Marín… En pleno vuelo saqué del estribo mi pie izquierdo… los asistentes al acto dijeron que quedó espectacular, como el trompazo que me di durante el defectuoso aterrizaje. Vintage-Off-Road-Motorcycle-Buying-GuideMe hice “pupa” pero yo era joven, yo era de kriptonita endurecida, yo ya era motero!!!

  Mi segundo vuelo con la Derbi, siguiendo mi lógica evolución motera, mejoró con creces respecto al primero. En esta ocasión, el vuelo lo hice a las tres de la mañana, en quinta a fondo y a punto de enchufar una gloriosa sexta marcha que… nunca metí. Un borracho en un Renault 5 aparcado a mi derecha (lleno de chavalas, nunca lo entendí…) decidió salir a por uvas justo cuando yo “pasaba por allí”. Lo siguiente que recuerdo es mi culo abandonando el asiento de mi pobre Derbi empotrada contra la puerta del borracho conductor y salir disparado/eyectado volando por encima del puto maldito R5 (recuerden, 5ª a fondo…) y preguntándome “¿pero que coño diablos ha pasado aquí?”.

  Como mi preciosa “Koreana” con capucha de borreguillo no llevaba instalados los flaps estabilizadores, después de unos interminables segundos volando/girando por el espacio/tiempo pontevedrés, (modo Superman…), efectué lo que los pilotos de aviación denominan como un “aterrizaje duro” y de espaldas, destrozando la Koreana, la sudadera, la camiseta, mi pellejo, mis lumbares y el precioso casco integral que mi prima Mª Esther me había prestado ese mismo día… Un auténtico desastre que empeoró en el hospital, conmigo berreando en urgencias, “por dios señorita, no me lo corte, por dios, no me lo corte….!!!!!”

  Y me lo cortaron… mi precioso pantalón vaquero marca “Wrangler”, el “Astón Martin” de los vaqueros en aquel tiempo…!!! Aquella enfermera metió su tijera inmisericorde desde la bota hasta… anda!!!   fue entonces cuando me percaté de que, de mi muslo izquierdo, emergía un trozo de espejo retrovisor (del R5) del tamaño de media tarjeta de crédito… Me fui a casa esa misma madrugada, con cuatro puntos de sutura y con mi “ropa motera” metida en una bolsa de basura. Me hice “mucha pupita” pero yo era joven, de kriptonita,  un motero

  Una Montesa Cappra 125cc me abrió los ojos hacia las “cilindradas altas”. Su rueda trasera era como un arado haciendo surcos por el campo. El motor seguía la tónica de las altas revoluciones sin perdonar los errores con el cambio pero… era una gozada empalmar marchas con el gas a fondo, y punto. La Cappra me la prestaron y la devolví entera, que conste.

   Una Montesa enduro 360H7 (1987) me enseñó que no solo de embrague vive el motero. Revoluciones moderadas para aceleraciones de vértigo rompieron mis esquemas y mi relación amor/odio con el puño del acelerador. Lo difícil era mantener la rueda delantera pegada al suelo y la trasera en su sitio, o sea, detrás de mi culo… Este potro de tortura con manillar ya lo incluí en la categoría de motos “Con personalidad y no aptas para principiantes. Muchas Montesas, Osas, Bultacos, alguna Puch Cobra pasaron por mis manos. Todas con “agujeros” y con sus propias y  e idiosincráticas revoluciones.

 

    La Honda VFR750 fue mi primera 4Tiempos a la que tuve el placer de retorcerle la oreja y a las 10.000 rpm ya lo daba todo. Cuatro cilindros en “V” y cuatro válvulas por cilindro (igualito que la Derbi…). El sonido que emanaba de aquella joya mecánica en plena ebullición valvular era, indescriptiblemente bello…

 

   Aquella soleada y veraniega mañana, quiso el azar y/o destino que el señor Murphy estuviera de visita por mi Pontevedra natal y, en un rutinario “hazme un favor, llévame la moto a tal sitio” estampé la VFR de mi amigo Andrés contra el morro de un Opel Corsa que salía de un aparcamiento. Durante no menos de cuatro segundos volví a volar como Superman. Desgraciadamente el aterrizaje fue en modalidad “forzoso” sin aviso a la torre de control, sin bomberos poniendo espumita por la pista… pero ya sabéis,  yo era joven, yo era de kriptonita endurecida... Cuatro rasguños para añadir a las culatas de mi revolver fueron el “parte de daños”… Eso sí, esta vez la Benemérita no faltó a la cita. La moto no era mía y el Corsa tampoco, pero pagó el desastre.

   Después de una horrible época de sequía, vagando por el desierto de “Las Latas”, el objetivo de alcanzar la mítica “docena” (de rpm), la Meca de todo motero que se precie, me parecía una barrera infranqueable.

  La historia empezó a encarrilarse gracias a mi amigo Jose, que puso a mi alcance una voluntariosa Suzuki TU250X que apenas llegaba a las 8000 rpm… De nuevo a remar con el cambio para exprimir sus 22 cv. La pequeña Susi fue la puerta de entrada a una fantástica Yamaha FZ6N. 98 cv a 12.500 rpm estirándose hasta casi las 13.000 donde cortaba encendido. Unos maravillosos 55.000 kms recorrimos escuchado, de vez en cuando, el aullido del lobo, ese adrenalínico elixir sonoro que solo un motero sabe apreciar.

  Con la Susi tuve la ocasión de comprobar que, ir pensando en bocadillos de jamón serrano es totalmente incompatible con la conducción segura de una moto. Sobre todo mientras te acercas de noche, por una cuesta abajo sin iluminar a una zona de tierra y gravilla esparcida por las recientes lluvias laguneras… Como por arte de magia, mi chupa nueva de cordura dejó inmediatamente de ser nueva, mis botas quedaron para tirar a la basura y mis dos rodillas, que asomaban por sendos agujeros de mi pantalón vaquero, me interpretaron a dúo el gran éxito del Reggetón “Dame más Betadineeee”. Lo cierto es que, aunque suene extraño, yo aún era joven, de kriptonita… un motero.

  Con la FZ6 también realicé “la frenada perfecta”, cuando un atontado dentro de un Ford Scort se equivocó y se puso a circular en modo “hooligan por mi carril. Me lo encontré de frente a la salida de una curva, y frené a saco… casi lo consigo si no fuera por el puto paso de cebra y la Ley de Murphy (otra vez). La defensa del Ford golpeó mi radiador de agua por la izquierda y ya con la moto casi parada…

   Dije, mierda!!! para acto seguido, salir por el manillar volando y esta vez como Spiderman, en un perfecto mortal carpado-agrupado hacia adelante y con una más que correcta toma de contacto con el tatami, la acera. Los jueces (unos chavales jugando en un parque adyacente) me dieron altas puntuaciones por el salto… casi firmo autógrafos, y no me pasó nadaaa… ya sabéis, joven, motero, kriptonita…

  Con mi FZ6 también pude explorar, como si fuera Obi Wan Kenobi, el enorme poder de atracción del Agujero Negro Motero por excelencia, ese que está agazapado entre la primera y la segunda marcha, para tragarse tu “nave espacial” al primer despiste que tengas en plena “navegación interestelar”…

   El caso es que bajaba yo del Teide en tercera posición, detrás de la FZ1 de Nacho, después de pulirme al resto del clan de los carteros, cuando decido atacar… Adelanto a la FZ1 por el exterior aprovechando tres semicurvas rápidas a derechas y apuro la frenada para acercarme a la CBR1000 que marcha en la primera posición y negociando ya, una cerrada curva a izquierdas… Bajo una marcha, bajo otra, suelto embrague, suelto frenos puertas y rampas y… el agujero/punto-negro/muerto…!!! Debido a la imperdonable falta de escapatorias en el circuito recorrido turístico, con un guardarrail de dimensiones amenazantes, enchufé a capón la segunda y tumbé la moto como si no hubiera un mañana ni bota que rascar… Tracé la curva hasta que se me acabó el asfalto en la rueda delantera… Mi nueva chupa de cuero dejó inmediatamente de ser nueva, mi pantalón de cuero Alpinestar se ganó el salario comiéndose el arrastrón mientras el agujero negro se tragaba sin piedad, un manillar, un espejo, un intermitente, dos estriberas y el protector anticaídas… Y con un dolor de mil demonios en mi pierna izquierda regresé a boxes a casa a darle otra vez al betadine… nada grave que lamentar, ya saben, seguía siendo joven, motero, de kriptonita.

   Una Street Triple reclamó su sitio en esta historia revolucionaria. Superar ampliamente las 13.000 rpm fue coser y cantar y el aullido fue… sobrecogedor. Sus tres cilindros flemáticamente afinados, emiten una inimitable sinfonía que te hace hervir la sangrey si no te hierve, o no eres motero o no tienes sangre.

   Recuerdo a un pavo (tío que se pavonea delante de las chavalas…) que dejó encima del caballete una Laverda Jota (1000cc tricilíndrica) al ralentí mientras procedía con el “ritual motero” de ponerse chupa-guantes y casco. Cuando se giró, la puta bonita Laverda ya estaba a más de cinco metros dando saltitos por la acera como una pollita del tupersex y a punto de entrar a pedirle el periódico al kiosquero… Esto es un ejemplo clarísimo de que, con una idea cojonuda (tres cilindros), no siempre sale una moto cojonuda.

    Los bicilíndricos de cualquier tipo y orientación sexual también  me gustan/me ponen. Guzzi LeMans I alias la tricotosa, la versión II muy mejorada,  variadas BeMeuVes de revoluciones “industriales”, Suzuki GS500, Vstrom 650, Gladius 650, Varadero 1000, Kawa Er5, Ducatis en “L”. Las revoluciones en los “Biperolos” se producen sin demasiado escándalo pero con mucho mar de fondo. Aquí, los moteros más puristas, descubrimos la importancia de ese misterioso ente espiritual llamado “par”… en principio par motor, luego viene el par de güevos y ya si te calientas mucho, el par te-médico…

   La Yamaha la cambié por una “más turística y acorde con mi madurez motera” KTM 990 SMT... coño con la austriaca…!!! La mejor moto que he llevado en toda mi vida. El motor es impresionante junto a una caja de cambios perfecta en desarrollos y suavidad. El resultado es abrumador en aceleración y no sube de revoluciones… despega!!!! El aullido-bramido de sus dos “naranjas” en “V” (a solo 75grados) cuanto se acerca a las 9000 rpm es música celestial, droga sintética saliendo por sus escapes, orgasmo quinceañero elevado a la quinta paja...!!!
  La Katy, desde el año 2010 que la compré hasta el día de hoy, me ha regalado fantásticos y adrenalínicos momentos-recuerdos y también algunas de las coces más memorables que, el sismógrafo de mi magullado culo ha podido registrar…
Las coces de la austriaca (TEXTO EN PERIODO DE REDACCIÓN… próximamente)
   A pesar de mis buenas relaciones con los últimos representantes valvulares de la industria austriaco-motera, tengo que reconocer que mis orígenes están marcados como arillo de fuego asomando por un transfer de carga… Soy piloto de dos tiempos curtido entre ruedas de tacos, que carajo, cojón de pato, he dicho, coño.

    Despegar, y aterrizar, en definitiva y para terminar este pequeño dosier, me gusta “volar” bajo y me gustan las motos. Me mantienen, ya sabéis, joven, motero, de kriptonita… of course.  

“MI CORAZÓN NO TIENE VÁLVULAS, TIENE TRANSFERS”
(JMPA Pink Panzer)

Mil G
racias a mi gran amor Pury, por aguantarme… Es Ella quien me mantiene joven, de kriptonita, ya sabéis
 
Un lobo aulla en la noche…        
                                … sé cómo se siente… 

(Batman, the Dark Knight returns)


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